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Relatos, poesías y fragmentos

La idea es simple: cada cual es libre de colgar lo que quiera, se trate de relatos cortos (me parece una buena idea la de subir cuentos de corta extensión, para que sea más fácil de leer desde la pc y también por una cuestión de tiempo), de fragmentos de obras de teatro, de novelas, de poemas en prosa, artículos, etc. Empiezo por este fragmento de esa hermosa y perfecta novela de Flaubert, Salambó (tuve que reemplazar los puntos y comas por puntos suspensivos)em&Los cartagineses no habían entrado aún en sus casas cuando las nubes se espesaron. Los que levantaban las cabezas hacia el c... ver todo el mensaje
Thread creado por nicus07 el 24/02/2020 12:00:28 am. Lecturas: 4,576. Mensajes: 724. Favoritos: 2







24/02/2020 09:42:57 pm 
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crazy4


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No me dí cuenta, y puse uno ya incluído más arriba
Lo cambo por otro, del mismo autor.

Elurofobia
Fredric Brown
Hasta donde podía recordar, Hilary Morgan había sufrido elurofobia es decir,
miedo mórbido al Felis domestica, el gato común o doméstico.
Era, como cualquier fobia, un asunto totalmente incontrolable por su mente
consciente. Podía decirse y se decía a sí mismo, del mismo modo que lo hacían sus
preocupados amigos, que no tenía ningún motivo para temer a un minino inocuo.
Por supuesto, los gatos podían arañar, y a veces lo hacían, pero en modo alguno
eran tan potencialmente peligrosos como los perros. Incluso un perro pequeño,
aunque juguetón, puede arrancar bastante dolorosamente un trozo considerable de
epidermis, y un perro grande puede resultar mortal. ¿Gatos? Bah. Hilary adoraba a
los perros y temía a los gatos, a todos los gatos.
Si por la calle veía un gato a veinte metros de distancia, se encogía y cruzaba,
sin tener en cuenta las señales de tráfico con tal de eludirlo. Si no tenía forma de
evitarlo, daba media vuelta y desandaba lo caminado. Ninguno de sus amigos tenía
gato jamás aceptaba la primera invitación a casa de un nuevo conocido sin hacer
cuidadosas preguntas hasta cerciorarse de que el amigo potencial no poseía un
animal de denominación felina. Siempre utilizaba ese circunloquio u otro parecido
porque hasta la palabra «gato» o cualquier otra que comenzara con esa sílaba le
repelía. Nunca iba al mejor club nocturno de Albany - donde vivía- porque se
llamaba Gatamaran Club y palidecía y temblaba cuando cualquier persona del
despacho de la MacReady Noil Company - donde trabajaba- hacía un comentario
gatuno. Evitaba y nunca hacía amistad con personas que se llamaran Tom o Félix
temía a las uñas de gato y a las garrapatas nunca comía garrapiñadas ni gateaux.
Jamás leía gacetas, no usaba gafas, no tocaba la gaita, no era galante ni salía a
galopar.
Al margen de esta fobia y los diversos inconvenientes y molestias que le
provocaba, vivía y amaba con toda normalidad. Sobre todo, amaba en la treintena,
aún era soltero pero no tenía nada de célibe a decir verdad, uno podría decir todo
lo contrario, si es que la palabra «célibe» tiene un contrario. Amaba a las mujeres,
afortunadamente les resultaba muy atractivo y tenía montones de... pero esa era
una palabra que jamás habla podido pensar en relación con sus amores. Allí
residiría la locura.
Por lo tanto, uno podría decir que Hilary Morgan, a pesar de las inhibiciones e
irritaciones provocadas por su elurofobia, era un hombre muy dichoso. Y
probablemente hubiera seguido siéndolo si durante su trigésimo quinto año de vida
no hubiesen ocurrido dos cosas.
Se enamoró real y temerariamente de la mujer más atractiva que había conocido.
Un tío acomodado murió y le dejó un legado de cincuenta mil dólares.
2
Podría haber sobrevivido a cualquiera de estas cosas aparentemente
maravillosas, pero la combinación se convirtió en su ruina. Desde luego, propuso a
su amada el matrimonio en esas circunstancias y fue aceptado, no por la herencia
sino porque ella también le amaba plenamente no hubo regateo por parte de su
amada en el sentido de hacerle esperar hasta el paso por cl altar. Si su amada tenía
algún defecto, se trataba de una pequeña manía. Pero era la mejor de todas las
manías, ninfomanía, y a Hilary no le molestaba en lo más mínimo. Uno podría decir
que él tenía un toque de satiriasis, y qué mejor cura - «tratamiento» seria una
palabra más adecuada - existe que una para la otra, su complemento.
Sí, Hilary Morgan era muy dichoso con su amor y con su herencia. Pero la
combinación resultó fatal. Su futura esposa lo quería entero, tanto mental como
físicamente, y le convenció de que debía consagrar parte de la herencia - tanto
como fuera necesario ella comentó que seguramente sólo serian unos pocos miles
de dólares- a los servicios de un psiquiatra que le curaría para siempre de la
elurofobia.
Escogió un buen psiquiatra. En una docena de sesiones, este puso al
descubierto el pasado de Hilary hasta la edad de tres años en aquel momento su
temor a los gatos había sido aún más intenso que en el presente.
Los recuerdos conscientes de Hilary no le llevaron más atrás. Lo único que su
mente consciente sabía, y de oídas, sobre sus experiencias anteriores a la edad de
tres años era que su madre había muerto durante el parto y que una serie de
niñeras le habían atendido desde el momento en que nació hasta que su padre se
volvió a casar, cuando él tenía poco menos de tres años.
Con el propósito de atravesar la barrera del recuerdo consciente, el psiquiatra
recurrió a la hipnosis para producir el fenómeno común de la regresión, la reversión
de la mente y la memoria para que el sujeto pueda revivir y relatar sus experiencias
en un pasado olvidado por su mente consciente.
Bajo la más profunda de las hipnosis, llevó la memoria de Hilary hasta la edad de
dos años y medio. En ese momento su padre había llevado a casa un gatito para él,
se lo ofreció y dijo:
«Para ti, hijo. ¿Lo ves? ¡Un gatito!»
En aquel entonces Hilary gritó..., y ahora sus gritos también retumbaban en la
consulta del psiquiatra. Éste le despertó de inmediato, le explicó lo ocurrido, puso fin
a la sesión de ese día y dijo a Hilary que se estaban acercando, que tal vez durante
la próxima sesión quedaría explicitado el trauma que le habla llevado a gritar al ver
a un gatito a una edad tan temprana.
Durante la sesión siguiente, el psiquiatra volvió a someterle a hipnosis profunda y
le hizo retroceder en la memoria aún más. Cuando Hilary, en su mente y en su
memoria, se encontraba a la edad de dos años, revivió y relató otro episodio y
-a medida que el recuerdo lo dominaba- volvió a gritar.
3
En esta ocasión el psiquiatra le hizo volver del trance aun con más rapidez y
sonrió. Dijo:
- Al fin hemos descubierto la experiencia traumática que le ha llevado a temer a
los gatos y ya no les tendrá miedo nunca más. Cuando tenía dos años, tuvo una
niñera que resultó ser peligrosamente psicótica. Una mañana, molesta porque usted
lloraba en el parque, se volvió homicida, cogió un cuchillo de la cocina y le atacó.
Intentó matarle. Afortunadamente su padre estaba en el cuarto contiguo, oyó sus
gritos mientras ella se acercaba a usted con el cuchillo y logró llegar a tiempo para
sujetarla y salvarle la vida. La internaron en un centro para locos peligrosos.
-¿Pero eso qué tiene que ver con mi temor a... bueno, al animal al que le tengo
miedo?
- El apodo de la niñera era Minina. Cuando seis meses después su padre le
ofreció un gato y lo llamó «gatito», su mente lo asoció con la experiencia
espantosamente traumática con una mujer homicida llamada Minina y gritó. Ahora
que ha revivido el recuerdo y sabe la verdad sobre lo ocurrido ya no tendrá miedo a
los gatos. Está libre de la elurofobia. Se lo demostraré ahora mismo. A la espera del
éxito, pedí a mi secretaria que trajera un gato, su gato, a la consulta. Lo dejé en su
cesta y fuera de la vista mientras usted cruzaba la sala de espera. Ahora le pediré
que lo traiga... y usted no le temerá. Reconocerá que se trata de un animal hermoso
y probablemente querrá acariciarlo.
Cogió el teléfono de su escritorio e intercambió unas palabras con su secretaria.
- Doctor, espero realmente que esté en lo cierto dijo Hilary con sinceridad -. En
ese caso, parece que mi mente llevó a cabo una transferencia absurda... si es
correcto decirlo así. Quizás «asociación» sea más exacta. De todos modos, parece
que nunca debí tener miedo a los gatos. En lugar de ello, debí temer a...
Se abrió la puerta y la hermosa secretaria del psiquiatra la atravesó con un gato
en los brazos. Hilary Morgan se volvió, la vio... y gritó.
No por el gato.
Posteriormente podría haber sido curado de ginefobia, el temor mórbido a las
mujeres, por catarsis, si la galopante brusquedad con que se enteró de la verdadera
categoría de su fobia no le hubiera regalado graciosamente una catatonia catabólica
y después una catalepsia tan profunda que duró hasta que, después de descansar
durante corto tiempo sobre un gabán fue enterrado en una catacumba del cercano
Gatwick.
FIN
55 5



24/02/2020 09:46:53 pm 
   7                           
chermany4e


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Tendida en la madrugada, la firme guitarra espera.
Voz de profunda madera desesperada.

Su clamorosa cintura, en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira la carne dura.

Arde la guitarra sola, mientras la luna se acaba,
arde libre de su esclava bata de cola.

Dejó al borracho en su coche, dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío, noche tras noche.

Y alzó la cabeza fina, universal y cubana,
sin opio, ni mariguana, ni cocaína.

¡Venga la guitarra vieja, nueva otra vez al castigo,
con que la espera el amigo que no la deja!

Alta siempre, no caída, traiga su risa y su llanto.
Clave las uñas de amianto sobre la vida.

Cógela tú, guitarrero, límpiale de alcohol la boca
y en esa guitarra toca tu son entero.

El son del querer maduro, tu son entero.
El del abierto futuro, tu son entero.
El del pié por sobre el muro, tu son entero.

Cógela tú, guitarrero, límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra toca... tu son entero.


Guitarra (Nicolás Guillén).


24/02/2020 09:47:30 pm 
   2                           
fedeguille escribió:
Falta, falta. Tengo que recrear en el texto un par de horas alucinantes, de locos. Y lo que más me cuesta, es plasmar los hechos tal como fueron sin que suenen increíbles. Un amigo me pidió que lo reemplace unos días en el remisse que manejaba, cosa de no perder el laburo. Turno de noche me cagó con eso. Ni te cuento las cosas que ví, las que hice como que no ví y de las que huí. Pero después de ésta que me pasó, no quise saber más nada. Le conseguí a mí vez otro chofer y a la mierda con eso.Tengo fragmentos sueltos, tipo ayuda memoria. Hay que unirlos y redondear la historia. Cuando esté, la pongo a consideración de los presentes, para su correspondiente destripamiento.Nos leemos mañana.
Bueno, hay mucho material ahí entonces... Si querés andá posteando partes,pero si tenés pensado reunir todo en un sólo relato, joya, total, la idea es abrir esto quincenalmente, o no sé, como quieran...


24/02/2020 09:55:35 pm 
   1                           
crazy4 escribió:
No me dí cuenta, y puse el mismo que ffeeffeshshshisie......Lo cambo por otro
También copate y cambiá el apodo ´´ffeeffeshshshisie´´, así mantenemos la armonía.


24/02/2020 10:04:58 pm 
   9                           
melusineh


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Solo, Edgar Allan Poe

Desde el tiempo de mi infancia no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude traer
mis pasiones de una simple primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pesar, no podría despertar
mi corazón al júbilo con el mismo tono
Y todo lo que amé, lo amé Solo.
Entonces -en mi infancia- en el alba
de la vida más tempestuosa, se sacó
de cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
Del torrente, o la fuente,
Del risco rojo de la montaña,
Del sol que giraba a mi alrededor
en su otoño teñido de oro,
Del rayo en el cielo
cuando pasaba volando cerca de mí,
Del trueno y la tormenta,
Y la nube que tomó la forma
(Cuando el resto del Cielo era azul)
De un demonio ante mi vista.


24/02/2020 10:06:21 pm 
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crazy4


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Como matar a Alien, según el visionario Gabriel García Márquez... border="0" src=img/foro/grin.gif>

Ulises le saltó encima y le dio una cuchillada certera en el pecho desnudo. La abuela lanzó un gemido, se le echó encima y trató de estrangularlo con sus potentes brazos de oso.
-Hijo de puta -gruñó-. Demasiado tarde me doy cuenta que tienes cara de ángel traidor.
No pudo decir nada más porque Ulises logró liberar la mano con el cuchillo y le asestó una segunda cuchillada en el costado. La abuela soltó un gemido recóndito y abrazó con más fuerza al agresor. Utises asestó un tercer golpe, sin piedad, y un chorro de sangre expulsada a alta presión le salpicó la cara: era una sangre oleosa, brillante y verde, igual que la miel de menta.Eréndira apareció en la entrada con el platón en la mano, y observó la lucha con una impavidez criminal.
Grande, monolítica, gruñendo de dolor y de rabia, la abuela se aferró al cuerpo de Ulises. Sus brazos, sus piernas, hasta su cráneo pelado estaban verdes de sangre. La enorme respiración de fuelle, trastornada por los primeros estertores, ocupaba todo el ámbito. Ulises logró liberar otra vez el brazo armado, abrió un tajo en el vientre, y una explosión de sangre lo empapó de verde hasta los pies. La abuela trató de alcanzar el aire que ya le hacía falta para vivir, y se derrumbó de bruces. Ulises se soltó de los brazos exhaustos y sin darse un instante de tregua le asestó al vasto cuerpo caído la cuchillada final.


24/02/2020 10:13:27 pm 
   4                           
crazy4


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Y con esto no molesto más... de Khalil Gibrán:

EL ESPANTAPÁJAROS

-Debes de estar cansado de permanecer inmóvil en este solitario campo- dije en día a un espantapájaros.
-La dicha de asustar es profunda y duradera nunca me cansa- me dijo.
Tras un minuto de reflexión, le dije:
-Es verdad pues yo también he conocido esa dicha.
-Sólo quienes están rellenos de paja pueden conocerla -me dijo.
Entonces, me alejé del espantapájaros, sin saber si me había elogiado o minimizado.
Transcurrió un año, durante el cual el espantapájaros se convirtió en filósofo.
Y cuando volví a pasar junto a él, vi que dos cuervos habían anidado bajo su sombrero.


24/02/2020 10:24:46 pm 
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fedeguille escribió:
dab75 escribió: Hubo un tiempo, cuando bienes y personas surcaban la atmósfera lunar de una ciudad a otra en gráciles aves de titanio y aluminio lunares, con grandes alas de preciosos grafeno y fibra de carbono terrestres, sobrevolando las llanuras, valles cañones y cráteres. Ese tiempo se terminó. Ahora la cúpula geodésica que encerraba la atmósfera artificial era navegada por drones de reconocimiento y contramedidas electrónicas, helicópteros de ataque, interceptores, cazas no tripulados, transportes de tropas. La otrora luminosa red de ciclópeos pilares que sostenían la cúpula tenían sus sistemas de iluminación fuera de línea o destruidos, en su mayoría. Es algo que estoy armando, no sé hacia dónde va todavía.Si ése es el prefacio, yo abriría varias líneas narrativas, para ver adónde te lleva cada una. Y si fuera fútbol, te diría lo mismo que algunos DT: jugá simple, a un toque y que corra la pelota. Siempre hay tiempo para una gambeta, si me permitís un humilde consejo.
nicus07 escribió:
dab75 escribió: Hubo un tiempo, cuando bienes y personas surcaban la atmósfera lunar de una ciudad a otra en gráciles aves de titanio y aluminio lunares, con grandes alas de preciosos grafeno y fibra de carbono terrestres, sobrevolando las llanuras, valles cañones y cráteres. Ese tiempo se terminó. Ahora la cúpula geodésica que encerraba la atmósfera artificial era navegada por drones de reconocimiento y contramedidas electrónicas, helicópteros de ataque, interceptores, cazas no tripulados, transportes de tropas. La otrora luminosa red de ciclópeos pilares que sostenían la cúpula tenían sus sistemas de iluminación fuera de línea o destruidos, en su mayoría. Es algo que estoy armando, no sé hacia dónde va todavía.Ya demostraste una increíble habilidad para narrar ciencia ficción en otros threads... Este fragmento me parece alucinante. Seguilo, no seas paja como yo, que nunca termino nada.

Me lleva tiempo, no soy así super inspiración . Se me ocurrió boludeando con un helicóptero de colección, onda Hotwheels (pero muy trucho), que debe haber sido de mis hijos. Lo encuentro y veo que el rotor principal es ridículamente corto. Entonces se me ocurre en ese momento que un aparato así no podría levantar vuelo con la gravedad terrestre, al menos no con el motor que cabría dentro del aparato (a escala real). Pero, ¿qué tal si fuese un lugar con una gravedad mucho menor? Marte no tiene atmósfera para que una hélice ´´muerda´´ el aire y genere sustentación ¿La Luna? Tiene un sexto de la gravedad terrestre, pero no atmósfera. Pero, ¿qué tal si gracias a, digamos, robots autónomos, impresoras 3d, nanobots autorreplicantes y un par de siglos, se hubiese construido una gigantesca cúpula geodésica, sostenida por hercúleos pilares, capaz de contener una atmósfera artificial presurizada a nivel similar al terrestre? Ese helicóptero no necesitaría un rotor de enormes palas, ni un motor tan poderoso como en la Tierra (creo). Por supuesto, debería ser una aeronave militar volando en una zona de guerra y estar todo hecho pelota porque ya saben, cyberpunk


24/02/2020 10:41:59 pm 
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La Guerra Santa de René Daumal (El Soldado del Yo)
Voy a escribir un poema sobre la guerra. Tal vez no sea un verdadero poema, pero será sobre una verdadera guerra. No será un verdadero poema porque el verdadero poeta no está aquí. Si estuviera, cesaría el ruido entre la multitud, se haría primero un gran silencio, un silencio pesado, un silencio preñado de mil truenos. Veríamos al poeta y palidecerían nuestras pobres sombras. Lo odiaríamos por ser tan real, nosotros los débiles, los enojados. Estaría aquí, agotado por los mil truenos de la multitud de enemigos que contiene –porque los contiene y los satisface cuando quiere–, incandescente de dolor y de sagrada cólera pero tan tranquilo como un pirotécnico. Y abriría en el gran silencio una pequeña canilla, la muy pequeña canilla del molino de palabras. De allí saldría un poema, un poema tal, que uno se pondría verde.
Lo que voy a hacer no será un verdadero poema poético de poeta, porque si la palabra “guerra” fuese pronunciada en un verdadero poema, esa guerra, la verdadera guerra de la que hablaría el poeta, la guerra sin piedad, la guerra sin pactos ni compromisos se encendería definitivamente en nuestros corazones.
Tampoco será un discurso filosófico, porque para ser filósofo, para amar la verdad más que a sí mismo, hay que estar muerto para el error, hay que haber matado a las traidoras complacencias del sueño y de la cómoda ilusión. Pero eso es la meta y el fin de la guerra, y la guerra apenas ha comenzado, hay todavía traidores para desenmascarar.
Tampoco será obra de ciencia, porque para ser científico, para ver y amar las cosas tal cual son, hay que ser uno mismo, y amar verse tal cual uno es. Hay que haber roto los espejos mentirosos, haber matado con mirada implacable los fantasmas insinuantes. Pero eso es la meta y el fin de la guerra, y la guerra recién ha comenzado, hay todavía máscaras que arrancar.
No será tampoco un canto entusiasta, ya que el entusiasmo sólo es estable cuando el dios se ha levantado, cuando los enemigos no son más que fuerzas sin formas, cuando el estruendo de la guerra repica a todo trapo. Pero la guerra apenas ha comenzado y nosotros todavía no hemos arrojado al fuego nuestro juego de cama.
Tampoco será una invocación mágica, porque el mago dice a su dios: “Haz lo que me gusta” y rehúsa hacer la guerra a su peor enemigo, si el enemigo le gusta. Ni será un ruego de creyente, porque el creyente dice a su dios: “Haz lo que quieras” y por eso ha tenido que clavar hierro y fuego en las entrañas de su más querido enemigo. Y eso es el hecho de la guerra. Pero la guerra apenas ha comenzado.
Será un poco todo eso, un poco de esperanza y un esfuerzo hacia todo eso y también será un llamado a las armas. Un llamado que el juego de los ecos podrá devolverme y que otros, tal vez escucharán.
Ahora pueden adivinar de qué guerra quiero hablar.
De las otras guerras, de las que sufrimos, no hablaré. Si hablara de ellas sería literatura común, un sustituto, una excusa. Así como empleé la palabra “terrible” cuando aún no tenía la piel de gallina. Así usé la expresión “reventar de hambre” cuando aún no había llegado a robar en los escaparates. Como hablé de “locura” antes de haber intentado mirar el infinito por el ojo de la cerradura. Así como hablé de la muerte antes de haber sentido en mi lengua el gusto de sal de lo irreparable. Como hablan de pureza algunos que siempre se consideraron superiores al cerdo doméstico. Así como quienes adoran y repintan sus cadenas hablan de libertad y algunos que sólo aman la sombra de sí mismos hablan de amor, o de sacrificio quienes por nada se cortarían el dedo más pequeño. O de conocimiento quienes se disfrazan ante sus propios ojos. Así como nuestra gran enfermedad es hablar para no ver nada. Sería un sustituto impotente, como los viejos y los enfermos que hablan con gusto de los golpes que dan o reciben los jóvenes elegantes.
¿Tengo entonces el derecho de hablar de la otra guerra mientras no está, quizás, definitivamente encendida en mí? Sí, tal vez no tenga el derecho, pero “no tener el derecho” puede significar “tener el deber” y, sobre todo, “la necesidad”, ya que nunca tendré demasiados aliados.
Intentaré, entonces, hablar de la guerra santa.
¡Pueda ella estallar de manera irreparable! Cada tanto se enciende, pero nunca por mucho tiempo. Ante los primeros signos de victoria me admiro en el triunfo, me hago el generoso y pacto con el enemigo. Hay traidores en la casa, pero tienen cara de amigos. ¡Sería tan desagradable desenmascararlos! Ocupan su lugar junto al fuego, tienen sus sillones y sus pantuflas vienen cuando estoy somnoliento, me hacen un cumplido, me cuentan una historia palpitante o divertida, me traen flores o golosinas o algún hermoso sombrero de plumas. Hablan en primera persona, creo escuchar mi voz, es mi voz que creo emitir: “Yo soy... yo sé... yo quiero...”.
Mentiras. Mentiras metidas en mi carne, abscesos que me gritan: “¡No nos revientes! ¡Tenemos la misma sangre!” pústulas que lloriquean: “¡Somos tu único bien, tu único ornamento, sigue nutriéndonos, no te cuesta tanto!”. Son muchos, son encantadores y lastimeros, son arrogantes y me chantajean, hacen alianzas... esos bárbaros no respetan nada –nada verdadero–, quiero decir, ya que delante de todo lo demás se retuercen de respeto. Gracias a ellos tengo forma, ocupan el lugar y tienen la llave del cajón de las máscaras. Me dicen: “Nosotros te vestimos ¿cómo harías sin nosotros para aparecer en el mundo?”.
¡Oh, antes mejor ir desnudo como un gusano!
Para combatir a esos ejércitos sólo tengo una pequeña espada apenas perceptible corta como una navaja, es verdad, y es muy asesina. Pero es tan pequeña que la pierdo a cada rato. Nunca sé dónde la guardé. Y cuando por fin la encuentro, me parece muy pesada de llevar y muy difícil de manejar, mi mortífera pequeña espada.
Yo sé decir apenas algunas palabras, que son más bien susurros, en cambio ellos hasta saben escribir. Hay siempre uno en mi boca que acecha mis palabras cuando quiero hablar. Las escucha, guarda todo para sí y habla en mi lugar, con las mismas palabras pero con su inmundo acento. Y gracias a él se me respeta y se me juzga inteligente (pero los que saben no se equivocan ¡pueda yo escuchar a los que saben!). Esos fantasmas me roban todo. Y después pretenden que los compadezca. “¡Nosotros te protegemos, te expresamos, te hacemos valer y tú quieres asesinarnos! Te destrozas a ti mismo cuando nos tratas mal, cuando golpeas con maldad nuestra sensible nariz, la nuestra, la de tus buenos amigos”. Y la sucia piedad con todas sus tibiezas viene a debilitarme. ¡Contra todos ustedes, fantasmas, toda la luz! Bastará que encienda la lámpara para que callen, que abra un ojo para que desaparezcan. Porque están esculpidos de vacío, envejecidos por la nada. ¡Contra ustedes, la guerra hasta el final! Ninguna piedad, ninguna tolerancia. Un sólo derecho: el derecho de no ser más. Pero ahora, otra es la canción. Se sienten señalados y se muestran conciliadores:
“Sí, tú eres el amo. ¿Pero qué es un amo sin servidores? Déjanos permanecer en nuestros modestos lugares, prometemos ayudarte. Imagina, por ejemplo, que quieras escribir un poema. ¿Qué harías sin nosotros?”. Sí, rebeldes, un día volveré a ponerlos en vuestros sitios. Los doblegaré bajo mi yugo. Los alimentaré con heno y les pegaré todas las mañanas. Mientras succionen mi sangre y roben mis palabras, ¡Oh, más vale no escribir poemas!
Esa es la maravillosa paz que me proponen. Cerrar los ojos para no ver el crimen. Que me agite de la mañana a la noche para no ver a la muerte con la boca siempre abierta. Que me crea victorioso antes de haber luchado. ¡Paz de mentira! Que me acomode en las propias cobardías, ya que todo el mundo se acomoda. ¡Paz de vencidos! Un poco de mugre, un poco de embriaguez, un poco de blasfemia bajo palabras espirituales. Una mascarada de virtud, un poco de pereza y ensoñación, o mucha, si uno es artista, un poco de todo eso y alrededor muchas palabras hermosas. Esa es la paz que proponen. ¡Paz de vendidos!
Y para salvaguardar esa paz vergonzosa, uno hará de todo, también la guerra a sus semejantes. Porque existe una vieja y segura receta para conservar esta paz: acusar siempre a los otros. ¡Paz de traición!
Ahora saben que quiero hablar de la guerra santa. Aquel que se haya declarado esta guerra, ése está en paz con sus semejantes. Y aunque todo en él sea campo de la más violenta de las batallas, en el fondo del fondo de sí mismo reinará una paz más activa que todas las guerras. Y cuanto más reine la paz en el interior de sí, en el silencio y la soledad central, con mayor rabia se abatirá la guerra contra el tumulto de las mentiras, contra la gran ilusión.
En ese vasto silencio envuelto en gritos de guerra, escondido del afuera por el huyente espejismo del tiempo, el eterno vencedor escucha las voces de otros silencios. Solo, después de haber roto la ilusión de no estar solo, ya no está solo por estar solo. Pero estoy separado de él por ejércitos de fantasmas que quiero aniquilar. ¡Pueda yo un día instalarme en esa ciudadela! Sobre las murallas, ¡sea destrozado hasta el hueso para que el tumulto no llegue a la cámara real!
“¿Mataré?”, pregunta Arjuna, el guerrero. “Mata” se le responde, “si eres asesino no tienes elección”. Pero si tus manos enrojecen con la sangre de los enemigos, no dejes que ni una sola gota salpique la cámara real, donde espera el vencedor inmóvil.
“¿Pagaré el tributo al César?”, preguntó otro. “Paga” se le responde. Pero no dejes que el César eche una sola mirada sobre el tesoro real.
Y yo, que en el mundo del César no tengo otra arma que la palabra. Yo, que en el mundo del César no tengo otra moneda que la palabra ¿Hablaré? Hablaré, para llamarme a la guerra santa. Hablaré, para denunciar a los traidores que he alimentado. Hablaré, para que mis palabras avergüencen a mis acciones. Hasta el día en que una paz acorazada de truenos reine en la cámara del eterno vencedor.
Y porque he empleado la palabra “guerra” –y esa palabra “guerra” hoy no es más que un simple ruido que las gentes instruidas hacen con sus bocas- y esa palabra es ahora una palabra seria y cargada de sentido. Sabrán que hablo seriamente y que no son vanos ruidos los que hago con mi boca.

Primavera de 1940


24/02/2020 10:48:32 pm 
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chermany4e


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Qué hemos de hacer nosotros, los negros que no sabemos ni leer?
Fregar escupideras en los grandes hoteles... encerar y barrer?
Manejar ascensores, en el Gran Club servirles de beber,
o hacer que el Cadillac sea más lujoso... vistiendo la librea de chofer?
Tenemos la respuesta siempre lista: en París ´´oui, monsieur´´,
y en Georgia, en Lousiana o Virginia, un eterno ´´yes sir´´.

Los negros, pobres negros de este mundo... qué cosa hemos de hacer?
Debiendo de comer todos los días... y a veces sin comer?
Bajar la testa reverente... y a lo mismo de ayer.

Hasta que llega un blanco y ´´nos descubre´´.
Nos mete al ring y aquí comienza para mal de males el principio del fin.

Footing, training, sombra. Saco, pera, soga. Uppercut, hook, cross.
Duchazos, masajes, fotos, reportajes. ¡Okey, boss!

El cañaveral de mi lejana tierra me dió estos fuertes bíceps.
Los buques cargueros de todos los muelles me dieron envidiable complexión.
Y corriendo, voceando millones de diarios, fortalecí muslo, pierna y pié.

Ahora, en el Madison Square Garden de New York,
dice mi manager: No whisky. No tobacco. No girls. No money!

Negros acomodadores ubican a los blancos en ring side.
Perder esta pelea significa volver con ellos: con Blackie de Manhattan,
con Brown de Alabama, con Nando Rodríguez de Puerto Rico.

Y entonces: no whiksy, no tobacco, no girls, no money... and knock-out!

My challenger es negro, como yo. Si pierde le espera lo mismo.
Aquí los únicos que nunca pierden son nuestros managers y el promotor.

Comienza el round, voy hacia el centro. En este plan voy a perder.
Este es el round numero trece... voy a demostrarle quién es quién!
Me está llevando hacia una esquina, si caigo aquí me cuentan diez!
¡Vírgen del Cobre... estoy perdido! No puedo ver. No puedo ver.

La gente aplaude al que me mata. El referee no dice ´´break´´.
Que mi mujer no sepa nada... mi nombre es Benny ´´Kid´´ Paret.


Muerte En El Ring (Nicomedes Santa Cruz).


24/02/2020 11:12:03 pm 
   2                           
carbonero119


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nicus07 escribió:
Pozi, ¿serán casualidades?Mencionaste a Vilas y mirá en dónde estoy...En el Racket Club propiedad de Guille Vilas, hermoso lugar. Yo, vestido como un ciruja, en pantalones de gimnasia y una remera negra gastada, barbudo y croto, y a mi lado, y en todas partes, la Crème de la crème , jajaja... fotos.subefotos.com/301afb345bded7316bf52943e9f0df21o.jpg


No sé por qué pero verte ahí me produjo unas ganas enormes de estar sentado en Casapueblo al atardecer tomando un buen whisky y leyendo alguna novela interesante, o escuchando algunas canciones de Spinetta, Charly y/o Bowie.

Ya me imagino un atardecer así (foto de Google, me dio paja buscar alguna propia en la computadora) con Adella en el Carrousel de fondo




25/02/2020 12:04:57 am 
   4                           
chermany4e


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Por sanar de una herida... he gastado mi vida.
Pero igual la viví... y he llegado hasta aquí.

Por morir. Por vivir.
Porque la muerte es más fuerte que yo,
canté y viví en cada copla sangrada,
querida, cantada, nacida... y me fuí.


Pájaro Rival, parte II (Alfredo Zitarrosa)


25/02/2020 02:17:24 am 
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ecthelyon


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Lo compartio mi ex cuña antes de morir en su facebook.....´´Perdi mi tiempo en alguien, que solo queria saber la hora´´.......................................................


25/02/2020 02:24:50 am 
   2                           
chermany4e


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Nico, te aviso para la próxima. Cuando una vieja -sobre todo una a la que se le nota que guita para puchos no le falta- te pide un faso, en realidad, te está diciendo que quiere pitar.





25/02/2020 09:30:46 am 
   2                           
chermany4e escribió:
Nico, te aviso para la próxima. Cuando una vieja -sobre todo una a la que se le nota que guita para puchos no le falta- te pide un faso, en realidad, te está diciendo que quiere pitar.
Naa, era de rata nomás


25/02/2020 09:42:06 am 
   2                           
fedeguille


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nicus07 escribió:
chermany4e escribió: Nico, te aviso para la próxima. Cuando una vieja -sobre todo una a la que se le nota que guita para puchos no le falta- te pide un faso, en realidad, te está diciendo que quiere pitar. Naa, era de rata nomás


Para esos casos, es conveniente siempre tener a mano un ejemplar de ´´Los miserables´´ y abrirlo como al descuido. Digo, para empalmar tan bochornoso momento con el tema en cuestión.




25/02/2020 09:45:28 am 
   7                           
girion


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Por aquel lirón arriba
lindo pastor va llorando
del agua de los sus ojos
el gabán lleva mojado.

«Buscaréis ovejas mías
pastor más aventurado
que os lleve a la fuente fría
y os caree con su cayado.

¡Adiós, adiós, compañeros,
las alegrías de antaño!
Si me muero de este mal
no me enterréis en sagrado

no quiero paz de la muerte,
pues nunca fui bien amado
enterreisme en prado verde
donde paste mi ganado,

con una piedra que diga:
´´¡Aquí murió un desdichado!
Murió del mal del amor,
que es un mal desesperado.´´»

Ya lo entierran al pastor
en medio del verde prado
al son de un triste cencerro,
que no hay allí campanario.

Tres serranitas le lloran
al pie del monte serrano.
Una decía: «¡ay, mi primo!».
Otra decía: «¡ay, mi hermano!».

Y la más chiquita de ellas:
«adiós, lindo enamorado,
mal te quise por mi mal,
siempre viviré penando».

El pastor desesperado.
Anònimo


25/02/2020 09:49:36 am 
   2                           
No creo que sepan leer ... De hecho, las conversaciones de mucha de esa gente, es increíblemente banal. Eso sí, les envidio sanamente la posición económica y su predisposición para el deporte y la risa fácil.

Me gustan esos lugares por la tranquilidad que genera el entorno: el silencio, únicamente interrumpido por el ´´chak´´ de las raquetas, los pájaros, el bocinazo medio lejano del tren, alguna risa descolgada, la cascada invisible, los árboles, los grillos, las cigarras -los días zarpados de calor-, etc...


25/02/2020 09:53:18 am 
   1                           
girion escribió:
Por aquel lirón arribalindo pastor va llorandodel agua de los sus ojosel gabán lleva mojado.«Buscaréis ovejas míaspastor más aventuradoque os lleve a la fuente fríay os caree con su cayado.¡Adiós, adiós, compañeros,las alegrías de antaño!Si me muero de este malno me enterréis en sagradono quiero paz de la muerte,pues nunca fui bien amadoenterreisme en prado verdedonde paste mi ganado,con una piedra que diga:¡Aquí murió un desdichado!Murió del mal del amor,que es un mal desesperado.»Ya lo entierran al pastoren medio del verde pradoal son de un triste cencerro,que no hay allí campanario.Tres serranitas le lloranal pie del monte serrano.Una decía: «¡ay, mi primo!».Otra decía: «¡ay, mi hermano!».Y la más chiquita de ellas:«adiós, lindo enamorado,mal te quise por mi mal,siempre viviré penando».El pastor desesperado. Anònimo
Lindo poema para empezar el día Me puso la piel de gallina... es más triste que la mierda


25/02/2020 09:58:01 am 
   3                           


Nunca fui... me recuerda a otro lugar que nunca fui ( ) y que también conozco por fotos y videos:


SANTORINI, EN GRECIA:




Lo bueno es que, por ahora y mientras sea gratis, escuchar buena música, tomarse un whiscacho (o lo que sea) y leerse algo, son cosas que se pueden hacer en cualquier parte... las lecturas y la música, muchas veces, mejoran el entorno y lo configuran, moldean según sus raros hechizos.






fragmentos

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