Login

  

CLIVE BARKER: Tortured Souls: La Leyenda de Primordium (caps 03 y 04)





Thread creado por Illuminauta el 18/12/2017 06:59:15 pm. Lecturas: 754. Mensajes: 4. Favoritos: 3





18/12/2017 06:59:15 pm 
       7                           
Tercera y Cuarta partes del relato Tortured Souls: La Leyenda de Primordium, de Clive Barker. Para el que no se enteró, acá dejo los links para Tortured Souls: La Leyenda de Primordium (capítulo 01) y para
Tortured Souls: La Leyenda de Primordium (capítulo 02). Sin mas, aquí va...





Libro Tres: La Vengadora

I

Zarles Kreiger fue humano una vez. Un asesino que trabajaba para el gángster Duarf Cascarellian, Kreiger era un hombre que haría cualquier cosa por un precio. Pero hay algunas tareas que tienen un precio imprevisto, y ésta resultó ser una de ellas. Atrapado in fraganti por la hija del senador, la exquisita Lucidique, Kreiger fue convencido de que él a la vez también había sido una víctima. Los gobernantes de la ciudad en la que todos vivían -la vasta y degenerada ciudad de Primordium- eran las almas verdaderamente culpables y hasta que la dinastía fuera derribada, la vida continuaría siendo una sangrienta confusión en la que hombres como Kreiger actuaban como animales rabiosos y mujeres como Lucidique perdían a sus seres queridos.

Esto debía detenerse. Y Lucidique sabía cómo. Ella persuadió a Kreiger para que se pusiera en manos de una antigua entidad llamada Agonistes, que lo reconfiguraría traumáticamente.

Hizo lo que Lucidique sugirió, y después de ocho días y noches en el desierto, regresó a Primordium como el Scythe-Meister: una poderosa maquinaria de destrucción, que en cuestión de horas le puso un cierre a la Dinastía Perfetto.

Antes de desaparecer en el desierto, tenía sólo tres palabras para Lucidique, tres palabras burlonas:

´´... no puedes imaginarte...´´



II

Llamaron a aquella noche -la noche en la que el Emperador y su familia fueron asesinados- la Gran Insurrección. A su paso, se produjeron una serie de pequeñas insurrecciones, a medida que surgieron viejas enemistades. Figuras poderosas que usaron el decadente reinado del Emperador Perfetto como tapadera para sus corrupciones -jueces, obispos, miembros del clero, líderes sindicales y gremiales- se encontraron de pronto desprotegidos, y cara a cara con la gente a la que habían explotado.

Incluso aquellos entre las clases criminales que tenían ejércitos privados para protegerlos de esta eventualidad, tenían miedo ahora.

Tomemos, por ejemplo, Duarf Cascarellian. De ninguna manera era un hombre estúpido. El hecho de que su asesino, Zarles Kreiger, había desaparecido la noche de la insurrección le hizo sospechar que el destino de Kreiger estaba ligado a la caída casi sobrenatural del Emperador. De hecho, uno de los espías de Cascarellian, que había sido un guardia en el palacio la noche de la matanza, había visto a la criatura que todos llamaban El Amo de las Guadañas lavando sus armas en una de las muchas fuentes del palacio. El informante había escapado de la masacre sin daño alguno, y reportó que por mas improbable que parezca, la figura semi-mítica del Scythe-Meister tenía un parecido sutil pero innegable con Zarles Kreiger.

¿Era posible, se preguntó Cascarellian, que el asesino desaparecido y The Scythe-Meister fueran de alguna manera la misma persona? ¿Había acontecido algún cambio incomprensible sobre Kreiger, convirtiéndolo en este imparable vengador? Y si es así, ¿qué papel desempeñó Lucidique, quien había sido vista en un breve intercambio con el Scythe-Meister, en el proceso?



III

Cascarellian ya no dormía bien. Tenía pesadillas en las que El Amo de las Guadañas derribaba sus puertas, como había derribado las puertas del Palacio del Emperador, matando a sus lugartenientes, como había matado a los guardias del palacio, y finalmente llegaba al pie de su lecho. Como el asesino había llegado a la cama del Emperador, llevándoselo miembro a miembro.

Decidió que la mejor manera de protegerse de esta fuerza misteriosa era a través de Lucidique. Envió a tres de sus hijos para que se llevaran cautiva a la hija del senador, ordenándoles que hicieran lo mínimo posible para despertar su ira. En su corazón (aunque nunca hubiera admitido esto a nadie, ni siquiera a su sacerdote) le tenía un poco de miedo a Lucidique. Necesitaba ser tratada con más respeto del que él usualmente profesaba hacia las mujeres.

Desafortunadamente, sus hijos no eran tan listos como él. Aunque se les había dicho que respetaran a su cautiva, aprovecharon la primera oportunidad para poner a prueba los límites de la paciencia de su padre. Lucidique fue ridiculizada, maltratada, humillada. Sin duda, lo peor hubiera sucedido si el Viejo Cascarellian no hubiera regresado temprano de su día de negocios, interrumpiendo las burlas de sus hijos hacia la mujer.

Lucidique exigió instantáneamente saber por qué estaba detenida. Si Cascarellian pretendía matarla, ¿por qué demonios no lo hizo? Estaba enferma y cansada, le dijo. De él, de sus hijos, de la vida misma. Había visto demasiada sangre.

´´Estabas en el Palacio, ¿verdad? ¿La noche de la Gran Insurrección?´´

´´Sí. Yo estaba allí.´´

´´¿Tienes algo que ver con esta criatura, este Scythe-Meister?´´

´´Es asunto mío, Cascarellian.´´

´´Podría entregarte a mis hijos por media hora. ¡Ellos te lo sacarán!´´

´´Tus hijos no me intimidan. Y tú tampoco´´.

´´No quiero incomodarte. Estás aquí bajo mi protección, eso es todo. ¿Sabes lo que es estar en nuestras calles? ¡Pandemonio! La ciudad se está desmoronando…´´.

´´¿Crees que retenerme aquí va a protegerte de lo que se te viene encima?´´ Dijo Lucidique.

Una atizbo de miedo supersticioso cruzó el rostro de Cascarellian. ´´¿Qué es lo que aparece en mi camino?´´ Dijo él. ´´¿Sabes algo sobre el futuro?´´

´´No´´, Lucidique dijo cansada. ´´No soy un profeta. No sé lo que te va a pasar y, francamente, no me importa. Si el mundo se acabara mañana, creo que no serás juzgado muy amablemente, pero´´ ella se encogió de hombros ´´, ¿por qué debería importarme? No estaré allí para verte sufrir en el infierno´´.

Cascarellian se puso pálido y transpiraba mientras Lucidique hablaba. Ella sólo sabía a medias lo que le estaba haciendo, pero se alegró de ello. Este era el hombre que la había dejado huérfana ¿por qué no disfrutar de su miedo supersticioso?

´´¿Crees que soy un hombre estúpido?´´ Dijo él.

´´¿Por tener miedo como ahora? Sí. Creo que eso es lamentable´´.

´´No me interesa tu desprecio.´´ Dijo Cascarellian, con una extraña sinceridad.´´Tengo suficientes enemigos.´´

´´Entonces no hagas uno de mí.´´ Dijo Lucidique. ´´Déjame ir. ¡Déjame ver el cielo!´´

´´Te sacaré, si eso es lo que quieres´´.

´´¿Lo harás?´´

´´Sí. Iremos donde quieras.´´

´´Quiero salir al desierto. Lejos de la ciudad´´.

´´¿De verdad? ¿Por qué?´´

´´Te lo dije. Quiero ver el cielo...´´



IV

Al día siguiente, un convoy de tres carros recorrió las caóticas calles de Primordium y se dirigió hacia la Puerta Oeste. En el primer coche, dos de los mejores hombres de Cascarellian, los guardaespaldas leales que lo habían visto a través de muchos atentados contra su vida. En el coche trasero, los tres hermanos, preguntándose en voz alta (como lo hacían cada vez con mas frecuencia hoy en día) si una especie de locura había caído sobre su padre. ¿Por qué estaba consintiendo a esta mujer, Lucidique, en sus caprichos? ¿No entendía que ella tenía todas las razones para odiarlo, para complotar contra él?

En el coche del medio, conducido por Marius, conductor de Cascarellian durante tres décadas, se sentó el mismo Don, acompañado por Lucidique.

´´¿Satisfecha?´´ le dijo, una vez que estaban fuera de las puertas, y a la vista del cielo abierto.

´´Un poco más lejos, por favor...´´ dijo ella.

´´No creas que puedes engañarme, mujer. Puede que seas más lista que la mayoría de tu sexo, pero no te escaparás de mí, ¡si eso es lo que piensas!´´

Manejaron en silencio durante una distancia.

´´Creo que ya hemos llegado bastante lejos. ¡Y has visto suficiente del cielo por un día!´´

´´¿No puedo salir y caminar?´´

´´Caminar ahora, ¿en verdad…?´´

´´Por favor. ¿No hay nada de malo en eso? Mira... terreno abierto en todas direcciones.´´

Cascarellian lo consideró por un momento. Entonces ordenó al convoy para que se detuviera.

Una tormenta de polvo en el horizonte, acercándose lentamente a la carretera.

´´¡Mejor que sea rápido!´´ le dijo el Don.

Lucidique miró el muro de arena que se acercaba, y luego miró a los hombres que salían de los coches, particularmente a los hermanos. Sonrieron a hurtadillas mientras la miraban. Uno de ellos movió su lengua entre sus labios, con obscena inferencia.

Fue la gota que colmó el vaso. Lucidique le dio la espalda -a todos ellos- y comenzó a caminar hacia la tormenta de arena.

Un coro de advertencias estalló instantáneamente detrás de ella. ´´¡No des otro paso!´´ uno de los hermanos dijo,´´¡O te dispararé!´´

Se volvió hacia él, sus brazos abiertos de par en par. ´´¡Entonces dispara! Dijo ella.

Luego se giró de nuevo y siguió caminando.

´´¡Vuelve aquí, mujer!´´ Gritó el Don. ´´No hay nada ahí fuera más que arena.´´

El viento de la tormenta azotaba el pelo de Lucidique. Era como un halo oscuro alrededor de su cabeza.

´´¡¿Me oyes?!´´ el Don llamó por ella.

Lucidique miró por encima de su hombro.

´´Ven a caminar conmigo´´, le dijo ella.

El anciano tomó fuerte su cigarro y luego fue tras la mujer.

Sus hijos formaron un coro de quejas: ¡¿qué estaba haciendo?! ¡¿Estaba loco?!!!

Los ignoró. Simplemente siguió los pasos de Lucidique a través de la arena.

Miró por encima de su hombro al anciano, que tenía una expresión curiosa. De alguna extraña manera estaba feliz en ese momento, más feliz de lo que había estado en muchos años, con el viento caliente contra su cara, y la bella mujer llamándole para que fuera con ella.

Viendo que él la estaba obedeciendo, ella devolvió su mirada a la tormenta de arena, que ahora no estaba a más de cien metros de distancia. Había algo moviéndose en su corazón. No estaba sorprendida. Aunque no había planeado la reunión que se avecinaba, sin embargo sabía en su corazón que se acercaba. Su vida, desde que entró en la escena de la muerte de su padre, y vio a Kreiger trabajando, había sido como un sueño extraño, que de alguna manera estaba tomando forma sin esfuerzo consciente.

Dejó de caminar. Cascarellian la había alcanzado y la había tomado del brazo. Tenía un cuchillo en la otra mano. Se lo apretó contra su pecho.

´´¡Así que ahí es donde está!´´ dijo Cascarellian mirando al gigante oscuro en el corazón de la tormenta. ´´Tu Amo de la Guadaña´´.

Mientras hablaba, la tormenta de arena tomó una repentina velocidad y se les acercó.

´´¡No te acerques más!´´ el Don advirtió a la criatura en la tormenta. ´´La mataré´´.

Presionó el cuchillo contra la piel de Lucidique, lo suficiente para como para hacerla sangrar.

´´Dile que mantenga la distancia´´, advirtió.

´´No es Kreiger. Es un hombre llamado Agonistes. Tiene las Huellas de Dios sobre él´´.

La herejía de esto hizo que el devoto estómago de Cascarellian se revolviera. ´´¡No hables así!´´ dijo él, y con un repentino impulso de justicia clavó el cuchillo en su corazón. Ella extendió la mano, se tocó la herida, y luego con su dedo sangrante le rozó la frente. Una marca de muerte.

Cascarellian dejó caer el cuerpo al suelo y ordenó una rápida retirada a los coches antes de que la tormenta les alcanzara. Este lúgubre asunto no terminaría sólo porque ella estuviera muerta. Él lo sabía. Esto acababa de empezar.




Convirtió la casa en una fortaleza. Selló las ventanas y santiguó con agua bendita. Selló las chimeneas. Tenía guardias y perros patrullando el lugar día y noche.

Después de una semana comenzó a creer que quizás su fe y sus donaciones de dinero a la diócesis, comprando congregaciones que rezaban por su seguridad, estaban teniendo algún efecto.

Empezó a relajarse.

Entonces, en la tarde del octavo día, un viento apareció desde el Occidente: un viento arenoso. Siseó en las puertas y ventanas selladas. Se quejó bajo las tablas del suelo. El anciano tomó dos tranquilizantes y una copa de vino, y se sentó en su bañera.

Un agradable sopor le invadió mientras se sentaba en el agua tibia. Sus ojos revolotearon cerrados.

Y luego su voz. De alguna manera ella había entrado. Había sobrevivido al cuchillo en su corazón y había entrado.

´´Mírate´´, dijo. ´´Desnudo como un bebé´´.

Agarró su toalla para cubrirse, pero al hacerlo, ella salió de entre las sombras y se le apareció, con toda su terrible gloria. Ella no era la Lucidique que él había conocido ni remotamente. Todo su cuerpo fue transformado. Se había convertido en un arma viviente.

´´Oh Jesús, ayúdame...´´ murmuró.

Se acercó y lo castró con un barrido de su guadaña. Puso sus manos ensangrentadas en su ingle vacía y se tropezó hacia el rellano, pidiendo ayuda. Pero la casa estaba en silencio de techo a sótano. Llamó los nombres de sus hijos, uno por uno. No vino ninguno. Sólo su viejo perro Malleus respondía a su llamado, y cuando trotó desde la cocina dejó marcas rojas en la alfombra blanca. Estaba masticando algo humano.

´´Todos muertos´´. Dijo Lucidique.

Entonces, con mucha delicadeza, tomó el cuello de Cascarellian por la nuca, de la misma manera que una gata madre recoge a un gatito errante y lo levanta, sin esfuerzo. La sangre de su escroto vacío golpeó la alfombra.

Puso su espada en su pecho y le arrancó el corazón. Luego dejó que su cuerpo cayera por las escaleras.

Más tarde, cuando el viento había caído y podía ver claramente las estrellas, salió a la calle, dejando la puerta de la mansión cascarelliana abierta para que pronto se descubriera la atrocidad. Luego salió, a través de una variedad de calles y callejones, hacia la Puerta del Oeste, y de allí al desierto que la esperaba.





Libro Cuatro: El Cirujano del Sagrado Corazón

I

Con el emperador y su familia muertos a manos del Scythe-Meister, y el jefe Don de Primordium, Duarf Cascarellian, asesinado por Lucidique (junto con sus hijos y la mayoría de sus guardaespaldas), se había asentado en la ciudad una paz incómoda. Las luchas y batallas menores que habían estallado después de la Gran Insurrección se calmaron. Era como si nadie quisiera llamar la atención sobre sí mismo, no con tantas fuerzas asesinas a lo ancho de las calles de la ciudad.

La Junta Militar que se había hecho cargo del funcionamiento de la ciudad durante esta crisis estuvo encabezada por un triunvirato de generales: Bogoto, Urbano y Montefalco. No eran mejores ni peores que cualquiera de su tipo: hombres que habían llegado a la cima de su negocio beligerante mostrando la mayor propensión a la crueldad y el control posibles.

Pero bajo el sadismo institucionalizado y su capacidad maníaca para la violencia, dos cualidades ocultas durante mucho tiempo en el corazón de los tres generales, también había cualidades que habrían sentido vergüenza de confesar que poseían. Una, un sentimentalismo enfermizo (centrado en sus madres en los casos de los generales Bogoto y Urbano, y en las niñas de seis o siete años en el caso de Montefalco). Segundo, una sorprendente capacidad para la superstición.

No se discutió, pero cada uno sabía que el otro estaba conmovido por un profundo miedo a lo misterioso. Y no había ninguna ciudad que en la actualidad estuviera más inundada en materia santa que Primordium. Aquí abundaban los rumores y su tema rara vez era racional. Las historias que se contaban en torno a las hogueras de los soldados (y que tarde o temprano llegaron a oídos de los generales) eran de horrores antinaturales: cosas que desafiaban la razón. Cuentos de monstruos que habían sido criados de los lomos del Scythe-Meister, de los fantasmas vengativos de los niños de los súcubos, sus atributos sexuales discutidos con aire húmedo, pero con detalles excitantes.

Una noche, después de beber mucho, los tres hombres desahogaron sus temores.

´´Es mi creencia,´´ dijo Urbano,´´que esta maldita ciudad está embrujada.´´

Los otros dos hombres asintieron sombríamente.

´´¿Qué sugieres que hagamos al respecto?´´ Preguntó Bogoto.

Fue Montefalco quien contestó. ´´Bueno, para empezar... si tuviera mis Drusos, incineraría a la inmigración ilegal hasta sus cimientos. Son ellos los que se dedican a la mayoría de estas cosas impías´´.

´´Pero la fuerza de trabajo...´´, dijo Bogoto. ´´¿Quién vaciaría nuestras latas de mierda? ¿Quién enterraría a los leprosos?´´

Montefalco tuvo que admitir el punto. ´´Al menos podríamos marcar a cualquier elemento que sospechemos de relaciones sexuales con fuerzas demoníacas.´´

´´Bien. Bien.´´ dijo Urbano. ´´Vigilancia´´.

´´Y el castigo´´, continuó Montefalco. ´´Rápido, medidas draconianas...´´

´´Ejecuciones públicas´´.

´´¡Sí!´´

´´¿Incineraciones?´´

´´No, demasiado teatral. Los disparos son rápidos y limpios. Y no huelen´´.

´´¿Eso te molesta?´´ dijo Bogoto.

Montefalco se estremeció. ´´Odio el olor a cadáveres quemados´´, dijo.

II

Mientras los generales discutían sobre los méritos relativos de esta o aquella ejecución, Lucidique dormía -o intentaba dormir- en la casa que su padre había construido hace muchos años para su madre. Sus sueños estaban inquietos. Tantos recuerdos. Cuántos remordimientos.

A menudo, en épocas más tempranas y sencillas, cuando el sueño se le escapaba, salía a caminar. Ahora, por supuesto, no podía ir de día. La transformación de su cuerpo, que había sido forjada por Agonistes, había resultado en un físico fuerte, flexible y poderoso, pero que aterrorizaba a muchos que la miraban. Cuando salió -incluso en la noche más oscura- hizo todo lo que pudo para mantenerse en los silenciosos callejones traseros de Primordium, donde no podrían verla.

Esta noche, habiendo abandonado el sueño, se fue deambulando por estos callejones, y se dio cuenta de que la seguían.

Al cabo de cierta distancia sintió el ritmo del paso, y se dio cuenta de que sabía quién era su acechador. Era Zarles Kreiger, el asesino convertido en Scythe-Meister.

Se detuvo y se giró.

El Scythe-Meister estaba un poco lejos de ella. Su carne tenía la misma luminiscencia enfermiza que la suya, un brillo bacteriano que era parte de la obra de Agonistes. Cuanto más crudas son las heridas (y había partes de sus cuerpos transformados que fueron diseñadas para no sanar nunca) más brillante es la luminiscencia con la que ardían.

´´Pensé que te habías ido de la ciudad´´, le dijo.

´´Lo hice. Por un tiempo. Salí al desierto. Medité en mi estado cambiado.´´

´´¿Y aprendiste algo de tus meditaciones?´´

Kreiger agitó la cabeza.

´´¿Así que volviste?´´

´´Así que volví.´´

III

Pocos días después de que los tres generales intercambiaron sus temores sobre la presencia de poderes no sagrados en Primordium, Montefalco los reunió de nuevo para un paseo de medianoche.

´´¿Adónde vamos?´´

´´Hay un hombre llamado Doctor TALISAC que ha estado conduciendo experimentos en mi nombre por varios años.´´

´´¿Qué clase de experimentos?´´ Urbano quería saberlo.

´´Esperaba que me perfeccionara un soldado. Que me fabrique una máquina de pelear que no sea susceptible al miedo´´.

´´¿Ha tenido éxito?´´

´´No. Hasta ahora no. Tampoco tengo grandes esperanzas para él ahora. Es adicto a muchos de sus propios medicamentos, y... bueno, ya lo verás por ti mismo. Pero hubo un fracaso suyo que podría sernos útil ahora.´´

´´¿Un fracaso útil?´´ Dijo Bogoto, algo divertido por la paradoja.

´´Necesitamos una criatura que expulsará a los elementos sagrados de Primordium. Creo que tiene una criatura así´´.

´´Ah...´´ dijo Urbano.

´´¿Verás a esta criatura conmigo?´´

´´¿Dónde está?´´

´´Lo tengo escondido en lo que solía ser el hospicio del Sagrado Corazón, en Dreyfus Hill.´´

´´Pensé que el lugar estaba vacío.´´

´´Esa es la impresión que quería darle al mundo. Si alguien se atreve a entrar ahí, los asesino y los arrojo al canal´´.

´´¿Es eso lo que les pasó a las monjas?´´

Montefalco sonrió. ´´Nada tan humano, me temo´´, dijo. ´´Los soldados pueden ser brutales si se los deja a su antojo.´´

El tema fue dejado ahí, y los tres se dirigieron hacia Dreyfus Hill.

IV

Zarles Kreiger se estiró en la cama de Lucidique. Ella lo miró con admiración: a la plétora de cicatrices, al intrincado modo en que las maquinaciones de su carne habían estado ligadas a las propias creaciones de Agonistes. Plata unida con hueso y nervio, oro y bronce igual.

Ella se subió encima de él. Arcos eléctricos saltaban entre ellos: pezón a pezón, ojo a ojo.

¡Qué tiempos eran estos!, pensó. Aquí se estaba apareando con el hombre que le había quitado la vida a su padre. En cierto sentido, había algo aún más tabú en su intimidad. Ambos eran descendientes del mismo padre. Ambos hijos de Agonistes.

´´Me pregunto si lo aprobaría´´. Dijo Lucidique.

´´¿Te refieres a Agonistes?´´

´´Sí.´´

Kreiger no habló. Fue Lucidique quien se dio cuenta de lo que implicaba la referencia de su amante a Agonistes.

´´¿Lo viste en el desierto?´´

´´Sí.´´

´´¿Y te envió de vuelta aquí?´´

´´Sí.´´

´´¿Para encontrarme?´´

´´Para estar contigo. Dijo que eras lo único que me haría feliz´´.

V

El Hospicio del Sagrado Corazón era un edificio enorme, y sus pisos superiores permanecían en la oscuridad. Pero los generales no tuvieron que esperar mucho por un guía. Después de unos minutos, una enana -que se presentó como Camille- apareció con velas. Acompañó al trío uniformado a través del claustro resonante en ecos (en el que se amontonaban enormes montículos de suciedad) y bajaron dos tramos de escaleras empinadas hasta el laboratorio del doctor Talisac.

Su espacio de trabajo había sido excavado fuera de la tierra para acomodarse a la escala de la experimentación del Doctor y aún preservar el secreto de su ubicación. En lugar de azulejos y baldosas había tierra pisada debajo de las botas de los generales, y las paredes estaban sucias. El lugar apestaba a tierra fría: esto sirvió para completar la escena. Porque si el hedor era el de la tumba, también lo eran muchas de las visiones que tenían delante. Los muertos eran las materias primas de Talisac y se encontraban por todas partes, en varios estados de amputación. Era un consumidor que no manejaba bien su economía. En muchos casos a los cadáveres les faltaba sólo una extremidad, o una parte de una extremidad. Un ojo, en un caso, labios en otro.

´´Entonces, ¿dónde está?´´ Urbano exigió saber.

Camille señaló el camino sobre una alfombra de cadáveres hacia un rincón húmedo de la inmensa cámara, donde Talisac les esperaba.

Miró atónito a los ojos de los generales, como una de sus propias víctimas, un experimento terrible e inverosímil en los extremos a los que podía llegar una carcasa humana.

Colgaba por la boca de un artefacto cuyo propósito estaba más allá de la comprensión de los generales, su boca enganchada, como si fuera un pez. En su perversidad, o en su genio, o en ambos, había creado algún tipo de útero externo para sí mismo. Una bolsa semitransparente colgaba de la parte inferior del abdomen, entre sus patas como de araña. Había vida dentro.

´´Un mongroide´´, susurró Camille.

Montefalco apartó los ojos de la sucia vista del útero y de su tembloroso contenido, y se dirigió a su dueño.

´´¿Talisac?´´ Dijo él. ´´Necesitamos algo de ti.´´

Talisac volteó los ojos en dirección a Montefalco. Cuando habló, la forma lisiada de su boca quiso decir algo que era prácticamente incomprensible. Camille tuvo que traducirlo.

´´Él dice: ¿Qué? ¿Qué necesitas?´´

´´Necesitamos un demonio para meter miedo en el corazón del mismísimo diablo.´´ Dijo Montefalco. ´´Una bestia entre bestias. Algo para asolar la ciudad de sus monstruos siendo algo aún más monstruoso´´.

Talisac hizo un sonido extraño -que podría haber sido risa- temblando mientras colgaba de sus ganchos. La criatura en su vientre respondió al movimiento de su progenitor con espasmos.

´´¿Cómo demonios llegó a esto?´´ Bogoto murmuró a Urbano tras su mano.

´´No susurres´´, soltó Camille. ´´Lo odia.´´

´´Se preguntaba ¿cómo quedó Talisac preñado?´´ Dijo Urbano.

Esta vez, Talisac apretó los labios para que responder por sí mismo. La respuesta fue una sola palabra:

´´Ciencia´´. Dijo él.

´´¿En serio?´´ Urbano dijo, lo suficientemente tranquilizado como para dar un paso sobre algunos de los cuerpos mutilados para examinar a Talisac más de cerca. ´´Bueno, me alegra oír eso. Habría estado angustiado si hubiera habido algo sexualmente impropio aquí´´.

De nuevo, Talisac se rió, aunque ninguno de los generales estaba de humor para ver el humor de la situación. Pasada su risa, volvió a hablar. Esta vez los servicios de Camille como traductora fueron requeridos.

´´Tiene un gólem que cree que se adaptaría muy bien a sus propósitos´´, dijo la enana. ´´Sólo pide una cosa a cambio...´´

´´¿Y qué es eso?´´ Dijo Montefalco.

´´Que no deberías intentar herir a ninguno de sus hijos.´´

´´¿Se refiere a eso?´´ Dijo Montefalco, asintiendo hacia el vientre tembloroso.

´´Es...´´ dijo Talisac. ´´Es mir hilo.´´

´´¿Qué ha dicho?´´ Dijo Urbano a Camille.

´´Dijo que es su hijo´´, respondió Camille.

Montefalco se encogió de hombros.

´´Ningún daño vendrá a este mongroide, si nos entrega un demonio propio.´´ Dijo Montefalco. ´´Te lo garantizo personalmente´´.

´´Bien.´´ dijo Camille. Entonces, sin que Talisac hablara de nuevo, añadió:´´Él preferiría que no volvierais a venir aquí juntos. Sólo el general Montefalco.´´

´´Por mi parte no habrá ninguna discusión acerca de eso.´´ Dijo Bogoto, sacudiéndose el horror mientras se retiraba. ´´Si nos da nuestro monstruo, entonces puede dar a luz a miles de pequeños mocosos en lo que a mí concierne. Sólo manténgalos lejos de mí´´.

VI

Lucidique yacía en el lecho manchado de sangre y sudor junto a su amante, y miraba la luna a través de la ventana.

´´Esto no puede durar mucho tiempo, ¿sabes?. Esta cosa entre nosotros.´´

´´¿Por qué no?´´

´´¿Una pareja como nosotros, encontrando algo de felicidad juntos?´´ Dijo ella. ´´Va contra la naturaleza. Mataste a mi padre. Debería odiarte´´.

´´Y me hiciste pasar un infierno en manos de Agonistes. Debería odiarte´´.

´´Qué pareja hacemos.´´

´´Quizá deberíamos volver al desierto.´´ Kreiger dijo:´´Estaríamos más seguros allí´´.

Lucidique se rió. ´´Escúchate. ¡Más seguro! ¿No se supone que el mundo debería tenernos miedo? No al revés´´.

´´Sólo quiero aferrarme a esta... esperanza que siento.´´

Lucidique cruzó la cama y pasó su filo por el brazo de Kreiger. ´´No podemos dejar Primordium´´, dijo.

´´¿Por qué no? Va a arder en llamas, tarde o temprano. Que arda´´.

´´Pero amor, nosotros empezamos el fuego, tú y yo. Deberíamos quedarnos y observarlo hasta el final.´´

Kreiger asintió. ´´Si eso es lo que quieres.´´

´´Así es como las cosas tienen que terminar.´´

´´¿Terminar? ¿Por qué dices eso?´´

´´Calla, amor. Será mejor así, ya verás.´´ Se inclinó y lo besó. ´´Hazlo por mí.´´

´´Esa es una razón tan buena como cualquier otra que haya escuchado´´, dijo Kreiger.

´´¿Así que te quedarás?´´

´´Me quedaré´´.

(continuará...)

PD: edit tipográfico.

Ultima edición por Illuminauta el 19/12/2017 11:09:03 , editado 1vez
77 7



19/12/2017 09:35:08 pm 
       2                           
Excelente traducción Ilu, gran trabajo el que has hecho.
De verdad la historia es horrorosamente atrapante.
Espero los capítulos restantes


19/12/2017 10:25:02 pm 
       2                           
cesarh escribió:
Excelente traducción Ilu, gran trabajo el que has hecho.De verdad la historia es horrorosamente atrapante.Espero los capítulos restantes


Gracias! En breve publico las 2 últimas partes. Abrazo




primordium

1