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Incertidumbre (Primer escrito)





Thread creado por cesarmirz el 17/01/2016 10:12:33 am. Lecturas: 2,723. Mensajes: 56. Favoritos: 2







17/01/2016 10:12:33 am 
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cesarmirz


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Hola amigos de foro, hace dos días escribí mi primer microrrelato y lo publiqué en la web, quería saber qué les parece, echenle un vistazo y me dicen qué tal. Saludos.

https://www.wattpad.com/myworks/60096115-incertidumbre
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17/01/2016 10:29:31 am 
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Revisá el link...





17/01/2016 01:12:53 pm 
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cesarmirz


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Ya lo revisé, hice unas modificaciones, a ver qué sucede... Aveces cuando publico la historia, se me come unos caracteres, creo que ya está bien...

https://www.wattpad.com/story/60096115-incertidumbre


17/01/2016 04:09:47 pm 
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Gracias por compartir.
Te cuento lo que me parece: la idea, digamos ´´el diseño´´ de la historia y su desenlace, son interesantes... la soledad, el desencuentro y la tragedia siempre enganchan porque nos tocan de un modo personal, cercano y concreto (así es la existencia). Pero, si vamos a leer un micro-relato, además de una estructura redonda necesitamos una redacción más ´´inspirada´´, más florida...
Digo: la redacción fría y técnica claro que puede lucirse pero en narraciones más largas, donde la forma ´´desapasionada´´ de escribir contraste con el contenido de la historia y su calidad dramática (como por ejemplo pasa en ´´El Proceso´´, digamos), en cambio en un microrelato, con una historia intensa pero muy breve como esta, la ´´frialdad´´ resta.
En mi opinión algo breve y dramático precisa un vuelo un tanto más poético en vocabulario y redacción.

Saludos y gracias nuevamente.-


17/01/2016 04:19:59 pm 
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´´En la mañana del martes, Oscar iba rumbo a la plaza donde se sentaba todos los días a tomar el café que tanto le agradecía a la Sra. Clara. Había tiempo de lluvia, de esas lluvias que no terminan de caer, esas que primero impregnan el aire de expectativa y nunca terminan de limpiar las calles.

La Sr. Clara nunca había intercambiado más de unas pocas palabras con Oscar, él era muy reservado y ella era muy respetuosa, sin embargo, ambos, en su desinterés por conocer un poco más del otro, se llevaban bien. Esa mañana del martes algo distinto sucedió Oscar notó que el café, el que tanto le gustaba y agradecía, el café que llevaba dos años tomando todas las mañanas, estaba frío, algo sin precedentes a lo que no le daba la cabeza cómo reaccionar, debido a lo agradable que la Sra. Clara siempre había sido con él, tenía esa tonta vergüenza sin sentido de devolverlo. Se lo tomó de un trago, por la pura cafeína.

Cuando terminó de leer el periódico se dispuso a levantarse para ir a su trabajo que quedaba
a no más de 5 minutos caminando desde la plaza. Dió dos pasos cuando la Sra. Clara se le acercó repentinamente y le dijo - Pensé que ibas a devolver el café - Oscar estaba completamente perdido, no entendía el contexto de la situación - ¿Usted me dió el café frío adrede? - le preguntó - Sí - le dijo ella - ¿Por qué? - preguntó Oscar - Quería saber qué haría usted, claramente nada, ya veo - la Sra. Clara entre confundida y molesta se dirigió de nuevo al quiosco donde la esperaba un fila de gente, Oscar que todavía no entendía nada, logró darse cuenta que iba tarde al trabajo y se fué.

La Sra. Clara le llevaba una ventaja en edad considerable a Oscar, ella tenía 55 y él 26. Soltera de toda la vida, nunca le gustaron los animales, esa noche se quitó la vida en su casa, dejó una nota que decía: ´´Aquí se murió una mujer sin amor´´.

Oscar nunca se enteró, no volvió a la plaza a tomar café.´´


La idea funciona bien, tiene una ternura desgarradora y está muy bien llevada... pero la redacción, aunque correcta, insito en que se siente un tanto robótica.


17/01/2016 04:38:13 pm 
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cesarmirz


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folder escribió:
Gracias por compartir.Te cuento lo que me parece: la idea, digamos ´´el diseño´´ de la historia y su desenlace, son interesantes... la soledad, el desencuentro y la tragedia siempre enganchan porque nos tocan de un modo personal, cercano y concreto así es la existencia. Pero, si vamos a leer un micro-relato, además de una estructura redonda necesitamos una redacción más ´´inspirada´´, más florida... Digo: la redacción fría y técnica claro que puede lucirse pero en narraciones más largas, donde la forma ´´desapasionada´´ de escribir contraste con el contenido de la historia y su calidad dramática como por ejemplo pasa en ´´El Proceso´´, digamos, en cambio en un microrelato, con una historia intensa pero muy breve como esta, la ´´frialdad´´ resta. En mi opinión algo breve y dramático precisa un vuelo un tanto más poético en vocabulario y redacción.Saludos y gracias nuevamente.-


¡Muchas gracias por comentar! la idea principal era escuchar consejos. Me gusta esta idea de crear historias, pero tengo que aprender más sobre el tema de llevarlas a cabo, desarrollarlas, construirlas. Ya he estado investigando, pero si sabes dónde puedo encontrar más información al respecto, sería de mucho agrado. Saludos. border="0" src=img/foro/wave.gif>


17/01/2016 08:49:35 pm 
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SpoilerAlert


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cesarmirz escribió:
Ya he estado investigando, pero si sabes dónde puedo encontrar más información al respecto, sería de mucho agrado. Saludos.


Puedes empezar por aquí, hermano:

https://www.epublibre.org/coleccion/index/982

Me gustó el relato, saludos.


18/01/2016 12:05:24 am 
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También me gustó, y estoy de acuerdo en que si puede haber una falla es en la forma y no en el muy interesante contenido
¡Gracias por compartirlo!


18/01/2016 10:01:58 am 
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cesarmirz escribió:
¡Muchas gracias por comentar! la idea principal era escuchar consejos. Me gusta esta idea de crear historias, pero tengo que aprender más sobre el tema de llevarlas a cabo, desarrollarlas, construirlas. Ya he estado investigando, pero si sabes dónde puedo encontrar más información al respecto, sería de mucho agrado. Saludos.


Creo que no hay nada mejor para aprender a escribir que escribir mucho.

Parece una broma pero veamos: cada vez que redactamos algo luego lo releemos y no nos gusta, no nos convence... entonces corregimos, suprimimos palabras innecesarias, agregamos nuevas palabras, buscamos sinónimos más precisos, nos animamos a un poco de locura. En fin: jugamos con la estructura y en ese juego vamos aprendiendo poco a poco qué es lo que debemos hacer para contar lo que queremos de la forma en que queremos.
Y leer mucho, claro, también entrena.

En mi opinión no hay mejor modo de descubrir nuestra forma que a través de estas dos costumbres. Recién cuando ya tenemos algo de respeto por nuestras formas (que son mucho más importantes que nuestros contenidos) podemos buscar grupos y talleres que siempre son muy útiles para enriquecer nuestras posibilidades... pero, en mi humilde opinión, solo entonces son propicias: cuando ya tenemos una base ´´nuestra´´, porque de otra forma corremos el riesgo de aprender a repetir recetas para escribir, en vez de lo que verdaderamente quisiéramos, que es aprender a expresar nuestro interior con nuestras propias fórmulas.




18/01/2016 09:40:47 pm 
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pitunorte


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Decís que es tu primer micro relato? FELICIDADES!!! el sólo hecho de exponerlo a la gente es un signo de afán por aprender.
Respecto a tu texto opino: La idea, como ya te lo dijeron, es muy interesante y creo que merece mucho trabajo de corrección sobre todo en la puntuación y ordenamiento de las párrafos y lineas. Los diálogos merecen una separación que los evidencie y los exponga un poco mas (por una cuestión de orden).

Consejos: no te pongas muy ansioso por terminarlo (tarea muy difícil al principio) no pidas consejos a gente que te conoce, en algunos casos son muy condescendientes, deja al texto descansar y retomalo unos días después, léelo en voz alta, trata no ser muy explicativo con la trama, evita la repetición de palabras, no llenes de palabras ´´raras´´ sino tienes un buen manejo del lenguaje (eso lleva tiempo) no tengas miedo de borrar y volver a escribir, mantén una copia del original para comparar y ver la evolución.

Por último, mucha suerte en ésta aventura de escribir, que brille tu imaginación y lee mucho. Saludos!


18/01/2016 10:28:01 pm 
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elsolito


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Me gustó bastante tu relato. Sigue así.

PD: Yo también escribí una historia llamada Incertidumbre, pero en tonos de sci-fi. Casualidades de la vida.


19/01/2016 09:31:23 am 
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cesarmirz


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elsolito escribió:
Me gustó bastante tu relato. Sigue así. border="0" src=img/foro/thumbsup.gif> PD: Yo también escribí una historia llamada Incertidumbre, pero en tonos de sci-fi. Casualidades de la vida. border="0" src=img/foro/laugh.gif>


Jajaja, fíjate tú. Déjala por aquí para leerla, saludos.


19/01/2016 12:33:37 pm 
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elsolito


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cesarmirz escribió:
elsolito escribió: Me gustó bastante tu relato. Sigue así. PD: Yo también escribí una historia llamada Incertidumbre, pero en tonos de sci-fi. Casualidades de la vida. Jajaja, fíjate tú. Déjala por aquí para leerla, saludos.


Ja, ja, ja, ja, me gustaría. Pero son como trece páginas de Word. ¿Algún lugar facil y rapido para subirlo?


19/01/2016 12:49:51 pm 
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elsolito escribió: ¿Algún lugar facil y rapido para subirlo?


www.miblocdenotas.com/
O si tenés cuenta en Google+, también podés-


19/01/2016 02:16:39 pm 
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elsolito


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folder escribió:
elsolito escribió: ¿Algún lugar facil y rapido para subirlo?www.miblocdenotas.com/O si tenés cuenta en Google+, también podés-


Gracias. Me hiciste acordarme que tengo una cuenta Scribd.

Les dejo mi historia (avisenme si les deja leerlo completo o les pide registro)
https://es.scribd.com/doc/296000530/Incertidumbre?secret_password=Ilyz6i97n5tnAnHXQDRQ

PD: Como fue un relato que participó en un concurso de mi universidad, me pidieron un seudónimo: Howard King Creo que son muy obvias las referencias.


19/01/2016 08:19:36 pm 
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En cuanto lo lea comento, gracias

Editando: muy bueno... la historia, apocalíptica y conspiranoide, ofrece locuras muy originales y tiene un ritmo frenético que está perfecto. La redacción es correcta, prolija, muy depurada... Lo único que me atrevo a señalar es una preferencia personal y 100% subjetiva: a medida que la historia se va desarrollando y tornándose más compleja, entreverada y apocalíptica merece ir sumando más dramatismo y oscuridad, sobre todo para un final abrupto como ese. Digo: todo comienza como una crónica... pero de a poco vamos viendo que no se trata de un hecho más, sino de algo gigantesco, y en ese sentido es que opinio que la redacción tipo ´´crónica´´ también debe ir mutando hacia algo más sentido.
Pero me pareció excelente el trabajo, muchas gracias!

Ultima edición por folder el 20/01/2016 12:38:33 , editado 1vez


20/01/2016 12:41:48 pm 
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Uno mío:


Prólogo para el Fin del Mundo - Parte 1

Desde el momento mismo en que un zorzal lo despertó con su insistente melodía, sintió Abel el deseo de dar un paseo por el Jardín Botánico de recorrer sus senderos de ladrillo molido sin prisas ni melancolías, sin urgencias reflexivas ni afiebrados intentos de olvidar o recordar... contemplar sus árboles y la mansa forma en que la brisa acaricie sus hojas, y tan solo andar.
La tenue llovizna era una promesa de tranquilidad que fue cumplida: no parecía que alguien más recorriera el gentil laberinto de sus senderos, ni siquiera los gatos con su habitual desenfado. Será el día, se dijo Abel con la vista en el cielo gris... ya aparecerían, no así el nomon de bronce del reloj solar, junto al que se detuvo unos instantes para condenar silenciosamente a los anónimos vándalos y lamentarse por los conocidos... la punta de una triste y enredada madeja a la que, al menos por aquel día, le denegaría espacio en su mente. Acarició la superficie de lectura del reloj, sus relieves, las hojas que sobre éste descansaban y siguió andando, respetando siempre los límites del sendero, incapaz de atravesar los canteros aunque no estuvieran cubiertos de césped y aunque nadie más se hallara para acusarlo con la mirada, sino por el mero placer de sentir bajo sus botas los fragmentos de ladrillo frotándose unos con otros y produciendo junto a la llovizna ese sonido tan único que en todos evoca aquel entonces sin tiempo de la infancia. Con rostro sonriente y andar pausado y placentero se fue acercando hasta esa elegante construcción vidriada que es el invernadero principal.

No le sorprendió que se hallara cerrado, siempre lo estaba, solo una vez lo había encontrado abierto a causa de una sorpresiva y fugaz muestra de orquídeas. De todos modos se quedó algún rato recorriendo sus laterales para disfrutar la vista de todas aquellas plantas que tan grata e intensamente convivían en su interior con hojas redondas o alargadas, más o menos carnosas, con bordes aserrados, algunas espinosas... pero siempre perfectas, tan vivas y sanas... Y en el preciso instante en que se posaron sus ojos sobre la flor roja, reconoció tras el viento al murmullo suave y loco que incluso los domingos produce la ciudad. Era una flor de pétalos muy carnosos que, de intenso rojo en los bordes, se oscurecía hacia su centro hasta alcanzar un color situado entre morado y bordó... Abel pensó en carne cruda y semidescompuesta mientras sus oídos se preguntaban si aquel barullo impreciso (era la ciudad?) no subía por momentos su intensidad. Realmente no se trataba de una flor agradable, sus pétalos cortos y rígidos, su forma asimétrica, el brillo ceroso de su superficie... no había elegancia en sus líneas ni sensualidad en su postura inclinada y Abel pensó, mientras descubría que ese murmullo recordaba a un gran zumbido, que su perfil se asemejaba al del rostro de una fiera con las fauces entreabiertas. Recorrió con su vista el verde manto de plantas pero no logró dar con otra flor como aquella, lo cual, pensó, acaso fuese lo mejor. Luego su mente aventuró que tal vez sí hubiera otras de éstas plantas solo que carentes de flor, con lo cual se confundirían entre todas las otras pues, aunque su fisonomía no era corriente, el color de sus hojas era simplemente verde... Creía discernir voces provenientes del zumbido, mientras reparaba en la forma tubular de sus hojas: partían del tallo central como varillas que pronto se subdividían en cinco o seis para caer como lacios mechones que cerca de las puntas comenzaban a enrularse para fundirse en un bucle final. Era una planta muy extraña, nunca había visto una siquiera similar. Y al igual que la flor, tampoco la planta le agradaba, quizá tuviera algo que ver la forma casi tentacular en que sus hojas parecían moverse a través del agua que con azarosos trazos se deslizaba sobre los paneles de vidrio del invernadero. Con un movimiento decidido Abel apartó los ojos hacia el cielo: infinidad de diminutas gotas se precipitaban dócilmente y en perfecta sucesión.

Descubrió que ya no deseaba continuar allí y comenzó a dirigirse hacia la salida que da a Plaza Italia y el Zoológico. Pero cuando pasaba junto a la loba que amamanta a Rómulo y Remo notó con sorpresa que el zumbido que había estado oyendo no había sido el murmullo de la ciudad sino un verdadero zumbido, como el de un enorme enjambre de abejas... al cual parecía aproximarse, por lo que instintivamente se detuvo. Ahora estuvo seguro: había voces dentro del sonido, sonaban al mismo tiempo en un tono bajo y apagado... no parecían ser más de cuatro o cinco personas y al menos una de ellas era femenina. Pero unos instantes bastaron para que comprendiera lo irracional de su preocupación: no hay enjambres de abejas asesinas en los parques de Buenos Aires, y esa gente a la que oía lo confirmaba de modo que retomó el paso intentando disipar su preocupación. Pero nada pudo hacer contra ella al llegar a la fuente y ver qué era lo que producía aquellos sonidos: dándole la espalda, dentro de la fuente y con el agua hasta las rodillas, un viejo pordiosero acariciaba las caderas de la estatua que se erguía en un pedestal sobre las aguas: una y otra vez las recorría al tiempo que le dedicaba una incesante tanda de murmuraciones incomprensibles. Abel se detuvo para adivinar con repugnancia y asombro que con la otra mano el vagabundo se masturbaba con pausada concentración, completamente ajeno al hecho extraordinario de que un oscuro y enorme enjambre de moscas bullera sobre su cabeza y toda la fuente como una nebulosa infernal.

Evitando hacer cualquier ruido delator Abel comenzó a retroceder pero aún antes de completar el primer paso el demente de la fuente dio media vuelta para recorrerlo de pies a cabeza con ojos cargados de un brillo indefinible a la vez que, con movimientos temblorosos, ocultaba su miembro entre los trapos que lo cubrían. Abel fue incapaz de continuar la retirada, se quedó inmóvil viendo al vagabundo de larga barba mugrienta y amarillenta que con todo el descaro que su locura le otorgaba continuaba estudiándolo de arriba a abajo como si tal vez nunca se fuera a cansar de hacerlo. Pero de pronto éste abrió sus brazos como un cristo redentor de la miseria provocando que la nube de moscas se agitara continuando sus movimientos con una sincronía inesperadamente exquisita, y entreabriendo apenas los labios anunció el fin de los tiempos con una voz pedregosa que parecía ser coreada por la legión de moscas que se arremolinaba sobre su figura como una oscura aura de decadencia. Dijo llamarse Gabriel y que hacía ya largo tiempo había visto al primer dragón refrescando las escamas agusanadas de sus siete cuellos en las aguas del riachuelo... y que poco después reconoció al segundo entre los animales del zoológico comiendo galletitas de la mano de los niños mientras los incautos padres inmortalizaban la escena en VHS o Super8, padecientes aún del dilema entre la popularidad de un formato y la resolución del otro... al tercero lo vio una noche tormentosa frotándose contra los bordes del obelisco en un vano intento por desprenderse los parásitos de las branquias... en la ya antigua nochebuena del año 2000 pudo descubrir al cuarto magistralmente camuflado entre las luces de artificio que el Estado lanzara a las doce en punto, ni un segundo más o menos, en pretenciosa demostración de eficacia y excelencia... también el quinto se dejó ver en el cielo, volaba tras un avión en dirección al Río de la Plata a plena luz del día aunque ingeniosamente escondido en el reflejo de un charco de agua que sobre varias baldosas de la Plaza de Mayo se había formado con la lluvia de la noche anterior... del sexto refirió que fue el único al que no pudo ver, debió conformarse con presentirlo sobrevolando el cementerio de Chacarita por encima del manto de nubes que aquel día había cubierto los cielos... y finalmente informó haber visto al séptimo y último dragón aquel mismo día durante la madrugada: dijo que lo vio tras las rejas de una boca de la estación de subtes Cnel. Díaz aguardando pacientemente a que llegara la hora en que abrieran las puertas, y confesó que su proximidad con el multitudinario shopping Alto Palermo no pudo dejar de producirle una tristeza mucho más que momentánea porque, aunque supiera lo inevitable de su arribo e incluso lo ansiara, en algún íntimo rincón de su ser había guardado la esperanza de que aquel día tan largamente anunciado tardara un poco más en llegar...

Abel echó un vistazo hacia todas partes pero todo continuaba completamente desierto, como si nadie más se hubiera despertado aquella mañana en toda la ciudad... pero no era un sueño, estaba horriblemente seguro de eso, era realidad lo que lo envolvía, una rara, inesperada realidad. No supo cómo pero ya no se encontraba a varios metros de la fuente, ahora estaba junto ella y, flotando entre los nenúfares en flor vio peces muertos a montones. Por una fracción de segundo, quizá, Abel creyó ver en ello una línea de cordura que explicara la nube de moscas... pero la incesante prédica del loco, que continuaba hablando como si le fuera innecesario tomar aire, lo persuadió muy pronto de cometer tal error. Este aseguraba junto a sus moscas que el espacio le era indiferente al tiempo y que nunca hubo reacciones a las acciones sino que de toda reacción se genera premonitoriamente una acción anterior inmediata... maldijo a todos los pobres diablos que pudieran haber pregonado la exactitud de las matemáticas por falsarios y malintencionados... anticipó un justo castigo para todo aquel pobre de espíritu que se hubiera alistado en las filas de la literatura pretendiendo hallar en ella significados de cualquier tipo... sentenció que de ninguna manera la música de Piazzolla podía considerarse superior a la cumbia villera o la marcha tecno y vaticinó tormentos especiales para los que así lo hubieran supuesto, y en modo alguno, dijo, crean quienes atacaron a la industrialización -olvidando que es gracias a ella que la más «palurda de las chusmas» puede tener en su choza los artículos de electroconfort que de otra forma solo los reyes podrían poseer- que no recibirán su merecido. La nube de moscas se contorsionaba enfáticamente, secundando cada una de sus revelaciones con febril expresividad y Abel continuó soportando la desquiciada diatriba -a través de la cual pasaba el tiempo su orador- hasta que una paloma horriblemente afectada por alguna enfermedad que había dejado su cuello desprovisto casi por completo de plumas pasó sobre su cabeza para posarse junto a la fuente y comenzar a picotear la hinchada panza de un pez muerto... éste pronto reventó con un sonido inolvidable y una sorprendente cantidad de pálidas moscas emergieron de su interior para de inmediato fundirse en la nube grande.

Parte 2

Abel miraba el tubo del teléfono en su mano e intentaba comprender, pero no era fácil... Nunca es fácil algo como aquello, que la vieja habitación de todos los días nos esté envolviendo cuando lo último que se recuerda son una seguidilla de insensateces en el Jardín Botánico. Por su cabeza pasó la clara imagen de su ya difunta madre diciéndole con aquella entrañable voz que alquemadruga diosloayuda y la carcajada más incoherente salió por su boca. Nadie había madrugado ahí, claro que no... sería por eso que nadie lo ayudaba con aquella sensación estúpida, estúpida sensación de pérdida, como si algo lo hubiera abandonado, algo más importante que esos reticentes recuerdos de lo que pudiera haber ocurrido desde allá hasta acá, desde el desaseado viejo que hablaba locuras hasta el tubo del teléfono en su mano, una pérdida muy esquiva, sí... y sobre todo, temía, muy crucial... pero no sabría porqué, «porque ciertas cosas no deberán ser sabidas», como debió haber dicho el viejo en algún momento de su discurso. El recuerdo de este encuentro parecía ir y venir, sin ritmo, como una taquicardia severa, y la vieja pregunta -estéril aunque ligeramente analgésica también, al parecer- se formaba en su mente: realmente había ocurrido tal encuentro?
El timbre del teléfono lo sobresaltó y parte del café que ni siquiera sabía que tenía en la mano se derramó sobre sus pantalones -afortunadamente estaba apenas tibio. Con paso tambaleante fue a atenderlo maldiciendo la desagradable humedad en sus pantalones.
-Te amo.
La voz de Clara, dulce voz, cálida y conocida, recorrió su corteza cerebral como las ondas recorren la superficie de un estanque al arrojar una piedra... aunque una piedra demasiado grande salpica tanto que la escena podría no ser armoniosa.
-Y aunque todo sea cierto voy a seguir amándote, Abel.
Abel descubrió... digamos piezas, piezas sueltas dentro de su cabeza, flotando indiferentes en la oscuridad, estáticas, y a pesar de esto se sintió optimista, a pesar de que no cayeran y se acomodaran en sus respectivos lugares, porque al menos tenía algo y, todo el mundo lo sabe, algo es mejor que nada.
-No vas a decir nada?
Abel alejó el tubo de su oído para observarlo un segundo... desde cuándo tenía ese horrible teléfono color mostaza?
-Yo... No sé... Qué debería decirte?
-Tenes razón Abel, si ya me dijiste todo... Es que... No lo puedo creer... Esto es tan repentino!
El matiz dramático de su voz le arrancó una carcajada, a la que afortunadamente pudo contener casi por completo.
-Te estás riendo?
-No.
-No entiendo, Abel... no entiendo nada.
Hubo un chasquido y la comunicación se cortó. La habitación quedó en silencio, exactamente igual que antes. Era gracioso, ¿quién podía asegurar, observando la habitación, que el teléfono hubiera sonado alguna vez?

Bueno, lo de Clara... en efecto era algo, pero con respecto a lo de «mejor que nada» comenzaba a dudarlo. Su voz querida y conocida había sonado más bien triste... Y qué había querido decir con todo aquello!? Había hablado como si recientemente hubiesen tenido una discusión de las buenas, de esas que definen el futuro curso de la humanidad... Pero todo lo que él recordaba era el paseo por el Jardín Botánico. Bien, cabían dos posibilidades: una, que estuviera padeciendo una amnesia... la otra, que Clara se hubiera vuelto loca. Tal vez una tercera fuera que todo aquello se tratase de un sueño... pero ese teléfono mostaza era demasiado horrible para no ser real.
Una mosca atravesó la ventana y se posó sobre el antiestético aparato sin miramientos. Abel estuvo por espantarla, pero se contuvo ante una espontánea comprensión: de nada le serviría esa actitud con la mosca, se dijo, ésta se esquivaría sin inconvenientes y volvería a posarse sobre otro lugar posiblemente más molesto y peligroso como ser el borde de una taza... con las moscas debería siempre optarse entre la pasividad o la violencia totales... dejarlas que hagan cuanto quieran hasta que se cansen y se marchen o bien levantarnos de la cama o el sillón, buscar ese diario que sin dudas no aparecerá con facilidad, hacerlo un rollo y batear al insecto de ser posible en el aire para no manchar las paredes. Le sorprendió que algo tan elemental nunca antes lo hubiera transitado. La mosca se pasaba las patas delanteras por la cabeza y las alas con gran destreza, como si hubiera repetido esos movimientos durante millones de años... Y Abel optó por la pasividad total, que, de las dos, era la elección que más se parecía a su yo actual: la observaría, se dijo, la vería volar de un lado a otro hasta que nuevamente atravesara la ventana para alejarse por el aire cálido de Abril... Abel sonrió a causa de sus propios pensamientos... no era aquella su forma de siempre... No era su forma... cómo decirlo mejor? Esta era mucho más cómica y luminosa -la lucha del Bien contra el Bien, añadió su mente, y comenzó a reír con un sonido potente y tan vivo que disolvía las preocupaciones, que respondía a los misterios con la mayor indiferencia que puede existir, la indiferencia de los ríos que se pierden en la arena al intentar atravesar los desiertos, esa que ostentan los astros al ser nombrados por los astrolomagos, esa que el Sol refleja ante la pretenciosa palabra «día», la misma que se difunde por las montañas durante los eclipses o, más allá, las supernovas, esa con la que los volcanes de Ganímedes supuran su lava cada tanto, o la que brilla en las armas cargadas al ser manipuladas por niños de tres años. Dulce indiferencia... sopor de tardes cálidas junto a todo lo codiciable... más allá del orgasmo y del viejo placer de aspirar-expirar... por encima de todo logro y conquista... sin bien porque no hay mal... y la abundancia es eterna, por lo que no se piensa en ella ni se la agradece ni se procura que abundante continúe siendo... Indiferencia cósmica, mil años de buenaventura que hoy comienzan y otra vez mañana: una carcajada.
La mosca quedó conforme con su acicalamiento y entre lágrimas de risa Abel la vio preparase a alzar el vuelo... abran juego, hacia dónde volará ahora, el cesto de basura, las migas sobre la mesa, una mancha en el inodoro, y no olvidar los cubiertos sobre la mesada... posibilidades casi infinitas, diversión garantizada. Pero la mosca, capricho cósmico, se quedó quieta en donde estaba y nunca más volvió a moverse ni soñar con porquería. Abel tomó su cuerpo con la punta de los dedos y se quedó observando a la muerte mientras el viento se levantaba afuera e ingresaba en ráfagas por su ventana para acariciarle los cabellos.

Esto sería estar loco? Olvidar, recordar sin forma, divagar inconexo, ver nuevos a los viejos objetos? Como sus manos, esas formas alargadas y flexibles, con arrugas, con lunares, con pequeñas cicatrices sin ningún significado, sin un recuerdo de lo que las ocasionó... Adónde fueron tus experiencias, Abel? Se transformaron? O acaso hayan muerto... Tal vez, Abel, hayan muerto, igual que la mosca... Y ahora estás solo, Abel, perdido, desconectado, sin un principio y sin ninguna meta, sin hambre ni dolores... ¿Al menos confundido? Ojalá, pero no es eso... La verdad, estoy bien... Siento una risa enorme pugnando por salir de mis entrañas... Siento que la brisa sí me recuerda, por eso viene a mi... Siento a la eternidad descansando sobre cada objeto para, con mucha paciencia, casi con pereza destruirlos con su peso de pluma... Siento el movimiento del Sol, que hoy acelera sus giros, sus lenguas de fuego rozando el vacío y los pulsos de su magnetismo atravesando al planeta y a los espacios de mi mente en los alguna vez hubo recuerdos... Siento que las aves van dejando de cantar y que el silencio crece a nuestro alrededor... Que hay menos luz y más ojos que se cierran... Siento cómo nos perdemos junto al Universo, que hoy comenzó a contraerse.

Parte Final

Te lavaste la cara, Abel, e intentaste controlar tu risa, pero es imposible. Tu risa es la parte más grande de tu ser ahora, mejor que lo sepas. Te arreglaste la ropa sin mirarte al espejo -que nada comprensible refleja- y algo después estabas tomando el ascensor... pero no pudiste resistirlo y lo detuviste en el siguiente piso, preferiste usar las escaleras porque el tiempo se deformaba demasiado con la velocidad del ascensor y vos podías sentirlo porque hoy te levantaste tan sensible a la realidad... Bajaste los veinticuatro pisos restantes por las escaleras, respetando cada escalón, paso a paso, y cuando tus pies se asentaban un eco corría por los pasillos, phac-pha, que en tu mente sonaba Cla-ra... Un hilo pronto a cortarse, tan frágil... pero -adivinabas- tan fundamental. Cuando ibas por el piso diecisiete gritaste porque creíste que ya se cortaba, pero lograste mantenerlo ligado a vos y pensaste en las letras de la palabra Clara, y sus ojos refulgieron un instante en la luminosidad monstruosa de tu mente nueva, destello incomprensible pero fresco y esperanzador como a veces ocurre al contemplarse una obra abstracta. Y continuaste bajando, aferrándote sin manos a este viejo arte atávico y repitiendo el sonido Clara como mantra. Nadie asomó su rostro por las puertas, a pesar de tus gritos, y vos te sentiste agradecido porque ya no recordabas lo que era un rostro pero imaginabas que debía ser gracioso y sabías que si llegabas a reír demasiado fuerte el hilo se cortaría... y no querías, porque no, porque era tu capricho, porque tenías curiosidad por ver a qué te unía, y también esa palabra «esperanza».
Sí, esperanza.

Creíste que la gente te evitaba, Abel, que cambiaba de vereda por tu aire perdido y tu sonrisa enorme... o podía ser que estuvieras muy sucio, imaginaste, y el olor los alejara... o acaso estuvieras gritando lo que creías pensar y no tuvieras forma de saberlo... Y otras cosas más imaginaste como respuesta, pero nunca diste con la cierta: que el temor fue siempre el motor inicial. Ellos se te alejan aún sin verte... cientos de metros antes de que llegues ya comienzan a desviar su rumbo sin saber porqué, aunque debiendo esforzarse para no echar correr, y es así que las calles te reciben desiertas, Abel, sin sonidos ni movimiento que no sea el que viento imprime a las ramas de los árboles. Lo mismo ocurre con las aves, que huyen o se esconden, mientras la basura de la ciudad toma sus lugares en el aire con ayuda del viento que crece como tu risa enorme y enferma.
El cielo cubierto se ilumina con relámpagos y en el interior de las viviendas junto a las que pasás los niños se largan a llorar sin motivo mientras los viejos sueñan que se ahogan en nubes de azufre quemado. Los perros erizan el lomo y muestran los dientes a sus amos que horrorizados matan a golpes a varios de ellos frente a sus niños que claman misericordia. Cientos de canarios mueren en sus jaulas a causa de los golpes que se dan contra las rejas y varios gatos se dejan caer desde las altas ventanas de los edificios. Pero nadie asociará los hechos, increíblemente. Cada uno será tomado como algo aislado, individual, sin otro significado que el anecdótico... De todas formas, Abel, ¿qué podrían hacer? La pregunta se forma en algún nivel de tu mente, mientras el conocimiento de todo lo que ocurre a tu paso te asiste en forma de visiones de loco, y más que nunca querés aferrarte al hilo, llegar a esa porción de materia que significa «Clara» y tocarla y verla y oírla. Y también, probablemente, olerla y degustarla. Saber de qué había hablado por el teléfono. Enterarte de una historia a la que ansiás pertenecer, y que esas digamos piezas que flotan en la oscuridad se acomoden en su lugar, para que los rostros vuelvan a ser rostros y las marcas sobre tu cuerpo relaten fragmentos de una vida otra vez. Pero es muy dificil, Abel, transitás las calles casi al azar, o al menos eso llega a parecerte por momentos, nunca vas a encontrar a Clara en una ciudad tan grande... no en el tiempo que sabés que te queda. Y lo peor es que la risa, que no deja de amenazar, te hace sentir que tampoco importa, que ese hilo, después de todo, no era tanto como prometía. Y para ponerte a prueba te bombardea la mente con las imágenes más nítidas que hayas tenido nunca, en ellas ves al viejo del Botánico con calidad fotográfica, sus barbas amarillentas y ensortijadas son impresionantes, hermosas a pesar de toda la mugre, y sus ojos sí que brillan al final de esas profundas cuencas... la saliva se derrama de sus labios y cae como almibar por su larga barba, y las moscas, ahora ves, se posan sobre ésta para beber su néctar con tanta avidez que logran consumirla mucho antes de que llegue al agua de la fuente, en la que hay peces muertos enredados con las raíces de los nenúnfares, blancas raíces a las que ves moverse, ceñirse poco a poco en torno a los cuerpos pálidos e hinchados, seres que se alimentan en silencio, raros Adanes de un nuevo orden sin sonidos...
Y entonces llegan los dragones. Los ves como los vio el viejo: en el riachuelo, el zoológico y el obelisco... en los cielos de Año Nuevo, de Plaza de Mayo y de la Chacarita... Pero no lográs recordar al último, Abel, al séptimo dragón. Y quisieras hacerlo, pero no podés... Tendrías que reír para que eso ocurra.
Tus pies no dejan de trasladarte, tac tac en la ciudad callada, mientras tu voluntad comienza a desgarrarse. Y finalmente te detenés en una esquina y alzás la vista: el cielo esta cubierto por densas nubes que se arremolinan sobre vos y toda la ciudad... sabías que eran moscas y eso no tiene sentido pero una pieza comienza a moverse en tu oscuridad y algo te alcanza: era muy temprano y vos aguardabas tras las rejas, Abel, tras las puertas enrejadas de una boca de subtes... Un cartel sobre la pared decía Cnel. Díaz... ya casi amanecía cuando viste al viejo, lloraba en silencio mientras te contemplaba desde el otro lado...
...y tu risa comienza a difundirse por la ciudad, con más velocidad sobre las avenidas, tu coro de truenos ya conmueve sus cimientos, y los parques ya nunca exsitieron, ni las letras, pero tampoco las tinieblas. Arrasa los espacios tu sonido, tu risa que es olvido, dulce redención...
Y un hilo se corta en alguna parte, pero eso ya no tiene ninguna importancia para vos.


20/01/2016 02:36:14 pm 
       2                           
elsolito


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folder escribió:
En cuanto lo lea comento, gracias Editando: muy bueno... la historia, apocalíptica y conspiranoide, ofrece locuras muy originales y tiene un ritmo frenético que está perfecto. La redacción es correcta, prolija, muy depurada... Lo único que me atrevo a señalar es una preferencia personal y 100% subjetiva: a medida que la historia se va desarrollando y tornándose más compleja, entreverada y apocalíptica merece ir sumando más dramatismo y oscuridad, sobre todo para un final abrupto como ese. Digo: todo comienza como una crónica... pero de a poco vamos viendo que no se trata de un hecho más, sino de algo gigantesco, y en ese sentido es que opinio que la redacción tipo ´´crónica´´ también debe ir mutando hacia algo más sentido.Pero me pareció excelente el trabajo, muchas gracias!


Gracias por tu opinion. Me alegra que te gustó. [SPOILER] Sobre lo que comentas del final, tienes razón. No es tan subjetivo como piensas, es un error mío por como lo veo. Se supone que que se debe sentir abrupto y anticlimatico porque debe dar a entender que, el escritor del diario, se murió por ´´causas desconocidas´´ como a varias personas que va narrando en la historia. Traté de lograrlo con la primera frase del relato y la fecha que viene al final, pero parece que no salió. [SPOILER]

Leeré tu relato y te comento mis impresiones.


20/01/2016 03:42:14 pm 
       2                           
pitunorte


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elsolito escribió:
folder escribió: En cuanto lo lea comento, gracias Editando: muy bueno... la historia, apocalíptica y conspiranoide, ofrece locuras muy originales y tiene un ritmo frenético que está perfecto. La redacción es correcta, prolija, muy depurada... Lo único que me atrevo a señalar es una preferencia personal y 100% subjetiva: a medida que la historia se va desarrollando y tornándose más compleja, entreverada y apocalíptica merece ir sumando más dramatismo y oscuridad, sobre todo para un final abrupto como ese. Digo: todo comienza como una crónica... pero de a poco vamos viendo que no se trata de un hecho más, sino de algo gigantesco, y en ese sentido es que opinio que la redacción tipo ´´crónica´´ también debe ir mutando hacia algo más sentido.Pero me pareció excelente el trabajo, muchas gracias! Gracias por tu opinion. Me alegra que te gustó. Sobre lo que comentas del final, tienes razón. No es tan subjetivo como piensas, es un error mío por como lo veo. Se supone que que se debe sentir abrupto y anticlimatico porque debe dar a entender que, el escritor del diario, se murió por causas desconocidas como a varias personas que va narrando en la historia. Traté de lograrlo con la primera frase del relato y la fecha que viene al final, pero parece que no salió.Leeré tu relato y te comento mis impresiones.


elsolito: quería leerlo ésta noche...Me enticipaste el final. Leeré el del folder también para comentar.


20/01/2016 10:13:36 pm 
       2                           
elsolito


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pitunorte escribió:
elsolito escribió: folder escribió: En cuanto lo lea comento, gracias Editando: muy bueno... la historia, apocalíptica y conspiranoide, ofrece locuras muy originales y tiene un ritmo frenético que está perfecto. La redacción es correcta, prolija, muy depurada... Lo único que me atrevo a señalar es una preferencia personal y 100% subjetiva: a medida que la historia se va desarrollando y tornándose más compleja, entreverada y apocalíptica merece ir sumando más dramatismo y oscuridad, sobre todo para un final abrupto como ese. Digo: todo comienza como una crónica... pero de a poco vamos viendo que no se trata de un hecho más, sino de algo gigantesco, y en ese sentido es que opinio que la redacción tipo ´´crónica´´ también debe ir mutando hacia algo más sentido.Pero me pareció excelente el trabajo, muchas gracias! Gracias por tu opinion. Me alegra que te gustó. Sobre lo que comentas del final, tienes razón. No es tan subjetivo como piensas, es un error mío por como lo veo. Se supone que que se debe sentir abrupto y anticlimatico porque debe dar a entender que, el escritor del diario, se murió por causas desconocidas como a varias personas que va narrando en la historia. Traté de lograrlo con la primera frase del relato y la fecha que viene al final, pero parece que no salió.Leeré tu relato y te comento mis impresiones. elsolito: quería leerlo ésta noche...Me enticipaste el final. Leeré el del folder también para comentar.


Mis más sinceras disculpas. Olvidé poner etiqueta de Spoiler. Pero si puedes leerlo obviando esta torpeza mía, te lo agradecería.

Folder, lo terminé de leer y me gustó bastante. Tiene una narración muy poética. El cambio de tercera persona a segunda persona en el final me confundió un poco, pero se me hizo interesante. A mi parecer, siento que algunas descripciones podrían ser más directas, para que el lector promedio se interese más por la historia que por tratar de entender la lírica. Un ejemplo, es Edgar Allan Poe: para situarte en un lugar, describe directamente el sitio y cuando muestra la situación de un personaje o su estado de ánimo, hace gala de su poesía.

PD: El vagabundo de las moscas anunciando el apocalipsis ¡Qué tensión!






primer

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