El otro punto de vista!
Si esto es verdad la oposición se va revolcar de bronca!
¿Quién le teme a Cristina K?
Cuenta la leyenda que Hipólito Yrigoyen, dos veces presidente de Argentina (1916-1922 y 1928-1930), y el primero en ser elegido por voto popular, acostumbraba todas las mañanas al llegar a la Casa Rosada -sede del gobierno- a leer un periódico, escrito única y exclusivamente para él.
Sin sospechar que era víctima de un engaño, “el ingenuo Yrigoyen”, leía con avidez estudiantil que su gobierno, que sus ministros, no paraban de inaugurar escuelas y hospitales en remotos lugares de remotas regiones del país, y que el pueblo lo veneraba. El colmo llegó un día cuando entrando a un Tedeum, en la Catedral Primada de Buenos Aires, Yrigoyen, le preguntó a uno de sus ministros más cercanos qué quería decir la inscripción del frontispicio de la basílica que reza en latín “Salvum fac popolum tuum” (haz la salvación de tu pueblo), y el funcionario le respondió: “salvo los de frac, el pueblo es tuyo”.
Pero en política nada sucede por casualidad. En 1930, Yrigoyen ordenó a la empresa petrolera estatal YPF que interviniera el mercado de hidrocarburos, bajando, rompiendo los precios del petróleo que venía del extranjero, lo que daría más oportunidad a que los pobres pudieran acceder a tener lumbre y fuego en sus hogares. Treinta y siete días después de esa orden su gobierno fue depuesto por un golpe de estado, apoyado por la prensa, el ejército, la iglesia y los señores de frac.
Desde 1930 hasta 1983 la democracia en Argentina fue un breve interludio entre un golpe militar y otro. Un filme de terror estelarizado siempre por los mismos protagonistas: La Prensa, El Ejército, La iglesia y El Poder Económico. De pelear el podio entre los países más importantes y desarrollados del planeta, la Argentina pasó a formar parte del pelotón de países que reciben “instrucciones” y capitales de las naciones del primer mundo.
Desde su llegada al poder en el 2007, Cristina Fernández de Kirchner ha mostrado sus uñas de plaza pública: “El pueblo no me ha elegido para que le cuide los intereses a 3 o 4 grupos empresariales”, dijo en su primera intervención como jefa del ejecutivo. Acostumbrados a cambiar presidentes con cuatro portadas, la dictadura mediática tomó esas palabras como las de una populista inexperta, una nadadora de piscina familiar incapaz de nadar en mar abierto. ¡Pronto la probaron!
En marzo de 2008 los terratenientes del campo, alentados por la prensa, la sometieron a una guerra despiadada y cruel: vaciaron los estantes de los supermercados y cortaron las rutas del país, con sus camionetas 4x4, impidiendo la llegada de alimentos a las góndolas de las grandes superficies. Un decreto presidencial que les recortaba las ganancias a los privilegiados de siempre provocó la rebelión y el desabastecimiento. ¡La comida se pudría a la vera del camino!
Azuzados por el Grupo Clarín (el multimedio más poderoso de América Latina) y La Nación, las cacerolas de teflón estremecieron al país. ¡Los ricos reclamaban justicia! En ese evento, Cristina K. pudo haber sacado el ejército de los cuarteles y restablecer el dominio de las carreteras, no lo hizo. Ante el “lock-out” patronal, tuvo que retroceder y envió al Congreso el decreto que buscaba rebanarles a los “campesinos” una tajada de sus cuantiosas ganancias, para volcarlas a la inversión social.
El país se dividió. Las votaciones en el Parlamento entre los que estaban a favor y en contra del proyecto del gobierno terminaban siempre empatadas. En su calidad de Presidente del Senado le tocó definir, desnivelar, la votación al vice-presidente de la Nación, el segundo de Cristina K., Julio Cobos. Éste, en un acto que repudiaría hasta el más vil de los canallas, traicionó a su jefa y votó en contra del proyecto del gobierno. Votó a favor de los grandes “pools” sojeros, votó a favor de las multinacionales extranjeras, votó a favor del gran capital.
Nadie ignora que el capital es el más temido de los elementos sociales y políticos. La capacidad económica y financiera de las empresas se va transformando poco a poco en capacidad política y se va adueñando insensiblemente de la soberanía de un país.
En el 2009, el gobierno de Cristina K. envió al Congreso una nueva Ley de Medios que regularía el poder y la influencia de los mismo otorgándole pluralidad a la libertad de expresión. Ninguna empresa periodística podría tener en el futuro más de un solo medio de comunicación.
Cuando la ley sea aprobada por el Congreso, el grupo Clarín con 264 medios de comunicación, 246 conocidos, que incluye periódicos, radios, televisión abierta, televisión cable, internet etc., será uno de los más perjudicados. El año anterior Cristina K. le quitó la exclusividad del fútbol argentino -se emite, ahora, por televisión abierta y gratuita- y la semana anterior le caducó la licencia a Fibertel, empresa del Grupo Clarín, para la TV por suscripción con más de cuatro millones de afiliados. Adicionalmente, envió el informe sobre Papel Prensa a la Justicia y un proyecto de ley al Congreso para declarar de interés público la producción del papel de diario.
Papel Prensa fue comprada por Clarín, La Nación y La Razón, en el apogeo de la dictadura militar, el 2 de noviembre de 1976 a su legitima dueña, Lidia Papaleo, quien fue secuestrada y torturada en los pozos de Banfield , cuatro días después de haber firmado el traspaso de sus acciones a los periódicos mencionados.
A los militares de la última dictadura, a los genocidas -Cristina K.- los tiene en los estrados judiciales respondiendo por sus crímenes de lesa humanidad. A la Iglesia, la que escondía a los prisioneros en sus predios cada vez que llegaban los defensores de los Derechos Humanos al país, la tiene rezando de rodillas. Hace escasos dos meses le asestó otro golpe promoviendo y concretando a través del Congreso la legalización de los matrimonios entre parejas del mismo sexo. El primer país de Latinoamérica en hacerlo.
Pero es en el orden económico y social donde el gobierno de Cristina K. obtiene las mayores notas. Aupado por una cosecha récord de 100 millones de toneladas de granos (16% más que Brasil) y por una industria automotriz que no da abasto en la fabricación de vehículos, el país gaucho tendrá un crecimiento económico de más del 10% en su PIB en el 2010, según predicciones del Banco Mundial. Los cuatro principales cultivos del campo: soja, maíz, girasol y trigo le dejarán a los productores del campo una rentabilidad neta de 9.399 millones de dólares, marcando un nuevo récord en las ganancias del sector. Las reservas del Banco Central, que en el 2001 estaban en sus mínimos históricos (menos de 5 mil millones de dólares), hoy superan los 52 mil millones de dólares. La tasa de desempleo que en el 2003 alcanzaba casi el 23%, hoy es tan solo el 7,9%. Lo notable, lo llamativo, lo meritorio, es que estas cifras se logran sin inversión extranjera.
En su última visita a Buenos Aires, el ex presidente norteamericano, Bill Clinton, vaticinó que a este ritmo la Argentina (país en donde la salud y la educación son gratuitas, obligatorias y tiene rango constitucional, incluso para los extranjeros), se colocará en el término de una década entre los ocho países más importantes del mundo. “No estoy leyendo el diario de Yrigoyen”, le dijo Clinton a un periodista comercial de Clarín que lo interpeló.
The Economist - el medio periodístico que más detesta a Cristina K. en el mundo- ha admitido en, su última edición, que esta puede tranquilamente ser reelecta en las elecciones presidenciales del 2011 en la Argentina.
-¿Cuántos estudiantes colombianos tenemos becados en Argentina?, preguntó Cristina K. al embajador Martín Balza durante la posesión de Juan Manuel Santos.
- 2.500, contestó el diplomático.
- Quiero que esa cifra se duplique, ordenó Cristina K.
- ¿Y cuántos presos argentinos hay en cárceles colombianas?, insistió la presidenta sureña.
- Solo uno, respondió el embajador argentino en Colombia.
- Quiero que esa cifra se disminuya, dijo Cristina K. con una sonrisa
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Por Juan Linares
Publicado 08/29/2010
