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Últimos mensajes dejados por elmoteroloco

Mensaje escrito por elmoteroloco el 28/06/2017 06:18:27 am - Puntaje: 0 
Fhercho06 escribió: El motero... opina igual que yo..
¿spoilers? me gustaron las actuaciones del chico, del cura y del ¨cazador¨ que sobrevive, con fallas o inexperiencias fáciles de disculpar, el resto masomenos

Mensaje escrito por elmoteroloco el 28/06/2017 05:48:58 am - Puntaje: 0 
George Howard Live 1985 - No No [youtube]pZs6HOMXvSQ[/youtube] [link]http://www.subdivx.com/X12X90X222916X0X0X1X-totally-underrated-vol.40.html[/link][anchor_text]
- al vol.40 -[/anchor_text]

Mensaje escrito por elmoteroloco el 28/06/2017 05:47:28 am - Puntaje: 0 
No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedíes en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más. (¨El Capitán Alatriste¨, Arturo y Carlota Pérez-Reverte) [image]s26.postimg.org/d4rqhun9l/lifebuzz-85e7944c4225e90d84955388e7f14cb7-limit.gif[/image] [link]www.subdivx.com/X12X90X211473X0X0X1X-totally-underrated-vol.-1.html[/link][anchor_text]vol.1[/
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][anchor_text]vol.1 All-New, All-Different - ¨doctorsatan special¨[/anchor_text] - [link]http://www.subdivx.com/X12X90X218409X0X0X1X-totally-underrated-vol.21.html[/link][anchor_text]
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]vol.26 - ¨Jeseram special¨[/anchor_text] - [link]http://www.subdivx.com/X12X90X219620X0X0X1X-totally-underrated-vol.27.html[/link][anchor_text]
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 28/06/2017 02:26:59 am - Puntaje: 0 
me llevare ¨el circulo¨ (con pocas expectativas, a esta altura digamos ¨de oficio¨) y GITS la volveré a ver dentro de algún tiempo

Mensaje escrito por elmoteroloco el 28/06/2017 12:43:24 am - Puntaje: 1 
excelentee! y si, andaba mas o menos por ahí la cosa, la verdad es que tengo una imagen mental de la casa del escrito ¨fluctuante¨ a propósito, que solo se va definiendo cuando algo se menciona en la historia, para poder ir adaptando a lo que vaya apareciendo, esto me lo hace más fácil (por eso lo comento) porque si definis mucho algo por tu lado cuando haces textos colaborados, se pone pastoso, y lo más efectivo es la agilidad, en términos de ultrarecontra new new: la cosa tiene que fluir
nicus07 escribió: Editado: Como verán, no hay rejas... todo es cemento... lo de las rejas es una buena idea, porque... vamos a entrar ahí, y vamos a descubrir algo imposible de explicar... Cuando quieran le damos un corte y empezamos otro. Después leo bien las sugerencia tuyas, Motero... y también los agregados y correcciones de Folder. Hasta más tarde, gays, perdón, quise decir, guys!
10-4 - algo menor, entiendo que no todo el mundo les llame rejas pero los enrejados de la entrada para mucha gente llevan ese nombre [image]s26.postimg.org/oq4rksfgp/CASA_SAAVEDRA.jpg[/image] - me acordaba que la casa de la arena era otra que la del paredón, pero parece que viene calzando todo muy bien, me encanto que 111 se atragantara con el feca ¿así que folder es gary 111? como dijera alguna vez Pedro ¿Vo deci? nunca tuve un ¨clon¨, aunque fui user de diferentes foros mayores, demasiado trabajo a cambio de pocos beneficios (desde mi punto de vista) tampoco fui ¨oni¨ aunque llegue a tener trato con un par en un mmorpg que jugaba y tampoco estuve por acá cuando fue ¨la guerra de los clones¨, aunque cuando llegué todavía sonaban pistoletazos, después hubo un período de cierta tranquilidad y ahora (hace no mucho) está todo un poco raro, hay una tensa quietud en el ambiente que algunos estoicos tratan de disimular con dificultad, pero honestamente no me fijo demasiado en toda la cuestión del small talk, de hecho, no tengo el disco, aunque spe que las grandes tortas se cocinan en los pasillos...
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 28/06/2017 12:02:15 am - Puntaje: 1 
Las arenas Un instante después del click del interruptor, escuché el parpadeo metálico del tubo fluorescente del baño. Vi, bajo la blanca luz, el reflejo devuelto por el espejo y en él, un rostro desvaído, agotado. Es curioso cómo a veces esa imagen nos parece falsa, ajena. Pero ése era mi rostro, y no podía hacerme el distraído. Se estaban formando, debajo de mis ojos, una serie de líneas grises, semicirculares, que oscurecían y marchitaban la mirada... Con un chirrido, el grifo dejó escapar un chorro de agua cristalina, fresca, cuya simple visión me resultó reconfortante. Observé un rato el agua arremolinarse en torno al sumidero, junté ambas manos y dejé que una buena cantidad se deposite en ellas... sorbí casi con desesperación un buen trago y cerré el vertedor, tomé las llaves y salí. Miré el reloj. Daba las nueve de la mañana. Tenía que ir al barrio de Saavedra. Un trámite rápido que no podía -ni quería- postergar. Saavedra... me gustaba deambular por esas calles. Más de una vez, caminando al azar, siguiendo el capricho de éste o aquel recodo, encontré construcciones que invitan a la imaginación, la exacerban. En uno de esos vagabundeos, unas semanas atrás, había visto una casa tapiada. Pero el jardín frontal, florecido salvajemente y reverdecido, era un elemento extraño en esa casa ciega, con el frente todo revocado y encalado, en el cuál sólo asomaban los marcos -medio ahogados entre tanto cemento- de la puerta y las ventanas, mientras que toda abertura se hallaba cubierta por ladrillos, encimados de una forma desprolija y apresurada que mucho contrastaba con las líneas, por lo demás elegantes de la vieja casa. Quería volver por ahí, así que planifiqué cuidadosamente el regreso porque no tenía una dirección exacta del sitio. La mañana despejada de finales de primavera se anunciaba calurosa, los colores de la vestimenta estallando en las vidrieras y la gente. El cielo, turquesa de tan azul, se desparramaba hasta el horizonte de casas bajas. Un perfume limpio de jardines me acompañó hasta la oficina en la que tenía que llenar una multitud de formularios intrascendentes para el beneficio ajeno... la secretaria que me atendió, enfundada en una minifalda asfixiante, deslumbraba con su sonrisa de adolescente al muchacho que acercaba los desayunos desde un bodegón con mesitas en la vereda de la acera contraria. El muchacho, todo melaza, le dedicaba su más esmerado cortejo y ella sonaba como una ninfa oceánica caracoleando la risa cascada. ... Mientras llenaba los espacios de interminables documentos, un olor a salitre montado en una ráfaga de aire hizo que la imagen de la casa tapiada explotara con una nitidez pasmosa en mi mente ¿por qué esa relación? ¿qué detalle perfilado por la memoria había provocado tal intensidad en el recuerdo? Apresurado, terminé de rellenar los últimos casilleros del formulario de forma mecánica. ¡Solo me faltaban dos! Los mínimos pensamientos que necesitaba para completar las páginas eran una distracción irritante en la escena que contemplaba mentalmente: esa postal viva de un paredón devorando las escasas aberturas clausuradas, dominado por una exuberante, pletórica vegetación, me atraía irresistiblemente. Era curioso: solo se trataba de una casa del montón, sí, pero tenía que volver a ella. Esta vez tenía que volver. Esta vez no era solamente esa curiosidad que siempre despertó en mí estar frente a una casa abandonada... porque, confieso, siempre me sentí cautivado al toparme con este misterio modesto, cotidiano, casi tonto, de estar frente a un hogar que por algún motivo dejó de serlo para volver a ser apenas una construcción deshabitada. Me recuerdo con siete u ocho años sentado en la vereda, frente a la casa abandonada que había en mi cuadra, tratando de adivinar su historia o lo que pudiera haber dentro: ¿qué ocurrió con esas personas que ya no la habitaban? ¿Qué pasó con los sueños, las alegrías... y también las penas de esos anónimos? Y por dentro, ¿estaría vacía o llena de muebles igual de olvidados? ¿Habría en esos muebles todavía pertenencias de quienes la ocuparon? ¿Permanecían sus fotos aún enmarcadas en alguna pared... aguardando ojos que ya no eran? ¿Qué secretas costumbres, tiernas o perversas, habrían tenido lugar alguna vez tras aquellas puertas y ventanas ahora tapiadas? Ah, cuántos misterios sin chance de respuesta tras puertas y ventanas amordazadas por ladrillos… como si alguien hubiera decidido no solo prohibir la entrada a extraños con estas barreras, sino también acallar toda una historia, todo un mundo, para siempre. Como entre sueños escuché, atenuada y musical, la voz de la secretaria. Había concluido, por fin, con mis obligaciones. Salí al aire resplandeciente de noviembre, que me golpeó con un súbito, dulce hálito de flores y tierras recién regadas. Forcé en mi memoria, la ruta que debía seguir para llegar, una vez más, a aquella fantástica incongruencia. Porque según recuerdo, la casa estaba flanqueada por dos construcciones modernas y lujosas. Sólo ella se alzaba, orgullosa -como un vestigio de tiempos remotos, a pesar del oprobio de su decadencia- como algo ajeno al presente. Empecé a andar, dudando todo el tiempo del camino, guiándome por recuerdos imprecisos o incluso pálpitos, perdiéndome en ocasiones o volviendo en círculos a los mismos lugares. Comencé a sentirme cansado y a darme por vencido. Toda suerte de pensamientos acudieron en tropel, sin orden y de distinta naturaleza, superponiéndose unos a otros con magnífica persistencia. Me decidí por un desayuno... café, frutas y pasteles. Busqué con la mirada algún bar, pero no encontré en esas calles residenciales nada más que una profusión de casas con sus apretados jardines, en medio del aire diáfano y perfumado de noviembre. Reanudé entonces la marcha en busca, ya resignado, de descanso y comida. Un fuerte hedor a pescado podrido ingresó repentinamente por mis fosas nasales, un olor penetrante hasta la náusea, que oprimía la garganta y producía arcadas. Luego, un sonido crepitante. Podía sentir, bajo mis zapatos, una materia fina, que se rompía y crujía y adhería a las suelas. Entonces, la casa… Allí estaba nuevamente. Como por arte de magia, otra vez estaba frente a su puerta sellada. Allí estaban las flores, de pálidos colores. Allí la hiedra, trepando ciegamente por los muros blanquecinos. Y allí toda la magia de aquella postal que se había instalado en mi mente sin pedir permiso… Sólo que ahora, nuevamente frente al original, podía descubrir nuevos detalles, la mayoría sutiles, como las pequeñas plantas que crecían en algunas grietas… o el camino breve y zigzagueante que podía adivinarse entre el frondoso verde que poblaba su entrada… o el ornamento en la esquina de su cornisa, tal vez un mascarón, cubierto de un oscuro verdín que impedía ver si se trataba de un rostro, un escudo o acaso una gárgola… Pero ningún otro detalle me resultó tan fabuloso, tan inesperado como el de la arena que cubría el camino hasta la puerta e incluso parte de la vereda, ya afuera, bajo mis pies. Esta arena, no era la comúnmente utilizada en mezclas de construcción, de esas que suelen apilar en rincones, en las veredas de las obras. ¡Era arena de mar! Con sus reflejos dorados y la humedad del salitre. Con sus infinitas constelaciones de ínfimas conchas trituradas... con el intenso, acre aroma de las verdes profundidades del océano. ¿Cómo había llegado hasta allí -y permanecido-? Y decididamente no recordaba haberla visto la primera vez... una repentina sensación de estupor, de horror, me sobrecogió por completo... Me llevé un pañuelo a la boca para escapar de ese tufo maloliente, por suerte un gato (un bicho viejo, tuerto y sarnoso con la cola quebrada y de color indefinido) levantó los pestilentes restos de una merluza, el evidente origen del mal olor, y los llevó lejos en sus fauces, seguramente feliz, pronosticando el deleite. El caso me quitó el apetito. La casona, mientras tanto, emanaba un aura de misterio, extraña por el contraste con las construcciones aledañas, presuntuosas y modernas ostentando antenas satelitales y cámaras de seguridad. Un halo tenebroso envolvía el paredón rústicamente fratachado. Inexplicable. ¿Cómo era posible que una vista tan anodina me transmitiese esa morbosa frialdad? No era solo miedo. El lugar transpiraba recuerdos, sensaciones de que algo macabro e incomprensible había sucedido entre sus paredes inmutables. Tal vez fuera mi imaginación... o bien el hambre que, gracias a que ése gato callejero que alejó el aroma a podredumbre, había vuelto a clavarse en mis entrañas. Giré, tratando de convencerme de ir a buscar ese cafetín para merendar algo y… sí, para alejarme de esa inexplicable sensación, tal vez de peligro, que me había invadido, pero entonces vi el pasillo. Las plantas desbordantes y las formas de la casa confabuladas con los efectos de la luz disimulaban el paso lateral que hasta ese momento no había notado. Avancé por la vereda para poder alcanzar el interior del patio con la vista, mientras mis pasos crujían sobre la arena marina. Vi una puerta de hierro antigua, labrada en hojas y flores que cerraba el paso, dejando intuir un pasillo de mayólicas rojo sangre que se internaba hacia un adivinable patio trasero... Me fui. Frente al tazón de café y los alimentos, una porción de tarta de ricotta y un durazno, no podía dejar de pensar en el escalofrío eléctrico que me recorrió la espalda cuando, ineludible, un pensamiento me arrolló mientras estaba frente a la casa: tengo que entrar. Una breve risotada repentina me hizo volcar unas gotas de café sobre el mantel que cubría la mesa. Tenía que entrar… por supuesto… ¿cuánto tiempo más podía evitar reconocerlo? …si desde la primera vez que la vi, probablemente, una parte mía ya lo había decidido. Está bien, me dije, divertido y nervioso, tengo que entrar. ¿Pero cómo? La puerta de acceso al jardín (con un trabajo de hojas y flores de hierro en consonancia con la que daba al pasillo) estaba con seguridad cerrada con llave, y saltar las rejas no era una opción... al menos de día… Pero, dioses: ¿qué fuerza me movía a estos pensamientos? ¿qué me empujaba a tener que hacerlo?, ¿por qué ingresar a ella, tal vez de noche, corriendo riesgos innecesarios? ¡Era absurdo! Pero también era una necesidad febril, excluyente, imperativa, tal vez como la que puede hacer sentir la abstinencia en alguien con muchos años de adicción ¿Qué desconocida fuerza oscura había deslizado sus dedos hasta mi centro más profundo para hacerme reaccionar de esta manera? No tenía dudas de que se trataba de algo maligno, eso era incuestionable, casi una sensación física… y a la vez me causaba risa, porque era adulto, ¡por todos los cielos!, un adulto con horarios, obligaciones, llaves, tres tarjetas de crédito y sin deudas… un adulto en serio, responsable y racional… buen vecino y compañero de trabajo y también hijo y con mi propio auto… y, sin embargo, de repente toda esa realidad parecía de juguete, en cambio el miedo, esa “oscuridad”, allí estaba en mi corazón, tan real como el aroma fuerte y el sabor amargo de mi café negro en la vereda soleada. Perfecto. Absurdo o no, irracional o no, peligroso o no, era un hecho, para qué seguir con vueltas: era ineludible… y lo ineludible ya es un hecho: algo que aunque todavía no ocurrió todos sabemos que es imposible evitar que ocurra. Y esto, lo comprendí en ese momento, equivale a un hecho… Otra cosa es lo probable, pues por muy probable que algo sea no hay forma de garantizar que vaya a ocurrir, pero lo inevitable solo es cuestión de tiempo, no es una posibilidad… y entonces qué es si no es un hecho. Sonriente apuré mi café, que cada vez parecía más fuerte y, ríanse, también más caliente: el maldito me quemó la lengua con el último sorbo. Muy bien, la suerte estaba echada, lo próximo era decidir cuándo y de qué forma burlar las rejas de la entrada y luego buscar una forma de ingresar a la casa. Todos delitos, o no?: violación de propiedad privada, como mínimo… y llegado el caso en que los propietarios se enteren del asunto, bien podrían agregar, sin mucho esfuerzo, vandalismo, usurpación, asalto y vaya uno a saber cuántas cosas más. Inesperadamente esta comprensión, aunque desagradable por lo plausible, me resultó cómica… pero además “inspiradora”: alcé la vista buscando al mozo que me había atendido pero no lo vi… en cambio vi, desde mi mesa en la vereda, que adentro había unas pocas personas, todas en otra, todos distraídos con sus teléfonos celulares u otras distracciones incluso peores… y sin pensarlo me puse de pie para empezar a caminar hacia la esquina con paso cada más presuroso y sin mirar atrás. Dos cuadras más tarde me detuve y, tras comprobar que nadie me acusaba con el dedo ni la mirada, me largué a reír, esforzándome por que sea por lo bajo. Ese “pagadios” imprevisto, más bien intempestivo, ese tonto riesgo, ese pequeño delito que salió bien… esa contravención oficiaba de bautismo, una tontera, sí, pero también una ofrenda y una señal de buen augurio. - [nota: no me queda claro si el frente son rejas o una tapia… ¿adónde joraca está el muro que mencionaron? Aclaren esto en la próxima edición, si les parece, porfis] no es exactamente lo que imagino (ni parecido) pero da el physique du rôle [image]s26.postimg.org/e0r2sj3nt/ara1.jpg[/image] el paredón aparece cuando cegas las aberturas (lo ves al estar en la vereda, es el frente, con las ventanas y puerta tapadas de ladrillos) no encontré en una búsqueda básica un frente con puerta y ventanas tapiadas con ladrillo que tuviera jardín y rejas labradas... pero ponele onda, porque tampoco voy a salir con la cámara a buscar alguno por el mundo... y menos con lo que uno se puede encontrar por ahí... [image]s26.postimg.org/ywdd3rzux/ara2.jpg[/image] [image]s26.postimg.org/44pzsvxvt/ara3.jpg[/image] [image]s26.postimg.org/hht4vi2q1/ara4.jpg[/image] - volviendo al texto, sería bueno decidir si seguimos indefinidamente o hacemos como propuse antes (o alguna otra idea)
[..] creo que estaría bueno hacer varios, tanto para estilizar el proceso como para facilitarlo, ni se si es indispensable modificar la idea central (si la intención es aceitar la maquinita de escribir interna, también escribir diferentes textos sobre un mismo tema es un ¨tour de force¨) hacer tiradas de cinco (o diez) páginas de word entre los tres con el mecanismo de cadáver exquisito y ¨después¨ hacer una edición cada uno del resultado, creo que en un principio sería más sencillo para editar empezar con cortos, porque se hace plomo corregir y editar textos largos si no se tiene costumbre, igual es solo una sugestión [..]
agrego que con el último escrito de 111 entramos en la quinta página (a4 comic serifa 12 puntos)
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 10:57:07 pm - Puntaje: 1 
dos mil años de exitoso beneficio...
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 10:55:34 pm - Puntaje: 2 
le doy una pasada (leo y miro ortografías)
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 10:41:12 pm - Puntaje: 2 
111111 escribió:
elmoteroloco escribió: ¿estás haciendo ¨La Biblia II¨?
No entendí, sori...
un chiste de cuño propio, cuando alguien escribe algo muy largo se dice que escribe ¨una biblia¨, bueno, en algún momento lo aggiorne a nuestra era de secuelas, precuelas, etc... y nunca nadie entendió el chiste, en fin, lo mio no es el humor...
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 09:14:18 pm - Puntaje: 1 
¿estás haciendo ¨La Biblia II¨? está muy lindo, igual (como le decía a 111) creo que estaría bueno hacer varios, tanto para estilizar el proceso como para facilitarlo, ni se si es indispensable modificar la idea central (si la intención es aceitar la maquinita de escribir interna, también escribir diferentes textos sobre un mismo tema es un ¨tour de force¨) hacer tiradas de cinco (o diez) páginas de word entre los tres con el mecanismo de cadáver exquisito y ¨después¨ hacer una edición cada uno del resultado, creo que en un principio sería más sencillo para editar empezar con cortos, porque se hace plomo corregir y editar textos largos si no se tiene costumbre, igual es solo una sugestión... me llaman a cenar, después paso

Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 08:13:51 pm - Puntaje: 2 
si estoy solo, ahora que la vesicula me prohíbe el ron, jarra térmica de café o té (limón y latifolium) si anda mi señora por la casa suelen aparecer ¨calentitos¨ de queso fundido o alguna picada de berenjenas en escabeche algún queso duro y olivas negras especiadas (scacciati decía mi vieja) brócolis en vinagre con tostas picantes, todo hecho en casa salvo el queso, que lo trae un amigo de Tandil y también es casero... con limonada (una vergüenza, vea) si se prende alguna de las nenas, pochoclos (a la manteca y salados) o si estamos todos ¨hamburguesas con ojo¨, que hace bastante no les hago, y llevan un huevo en el centro, con fritas a la española... una bacanal

Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 01:52:39 pm - Puntaje: 3 
MrRobot01 escribió: Pulp Fiction 1994https://cdn.miramax.com/media/assets/Pulp-Fiction1.pngMe habia quedado pendiente verla, muy buena pelicula, me hizo reir mucho, es una mezcla de violencia y humor, la pelicula se divide en capitulos dentro de la misma, pero a su vez estan todos conectados, la verdad que me gusto..9/10Get Out 2017http://www.sopitas.com/wp-content/uploads/2017/05/Get-Out-movie.jpegEs una pelicula retorcida, pero muy buena..7.5/10
el positivo es por el capolavoro de Tarantino, que la otra no la vi -
cinecubano escribió: lo ultimo visto por mi del genero comedia y que realmente me diera gracia fue Why Him de James Franco y Bryan Cranston, esa si tiene escenas para reir bastante. Saludos
yo vi Sausage Party... es una animación, pero a no equivocarse que es bastante guasa y adulta, y me divertí un rato de vista obligada con subtítulos si se quiere aprovechar la actuación en las voces (y las gracias no traducidas) que incluyen a Michael Cera, Jonah Hill, Seth Rogen, James Franco, Salma Hayek, Edward Norton y Paul Rudd entre otros [link]http://www.imdb.com/title/tt1700841/fullcredits?ref_=tt_cl_sm#cast[/link][anchor_text]Sausage Party[/anchor_text] ¨Una salchicha que se esfuerza por descubrir la verdad sobre su existencia¨ [image]s21.postimg.org/be1bvemlz/t-exclusive-sausage-party.jpg[/image]

Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 12:43:50 pm - Puntaje: 6 
[link]http://www.imdb.com/title/tt4334266/?ref_=nv_sr_1[/link][anchor_text]The Bad Batch (2016)[/anchor_text] [image]s23.postimg.org/l9hnc3um3/MV5_BOTA3_NTI2_Mz_Mw_MF5_BMl5_Ban_Bn_Xk_Ft_ZTgw_Nz_Y0_OTcy_Mj_I.jpg
[/image] EN INGLÉS pego algo de lo que comente en la ficha del web-dl: me pareció bastante copada, y muy seguro que no es para todo el mundo, me sorprendieron para bien Momoa (!!) y Carey (!!!) y Reeves ¡y la peli!, que tiene una realización difícil con mucho lenguaje cinematográfico, hay un par de cosas que no cierran, aunque igual quedé muy conforme Amirpour lo hace muy bien (el sub es de menos de 500 líneas, característica de la directora, muchas solo onomatopeyas, si nadie más lo hace supongo que para el finde lo estaré subiendo) http://www.subdivx.com/X12X15X222800X0X0X1X-the-bad-batch-2016-720p-web-dl.html
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Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 12:29:11 pm - Puntaje: 1 
Fhercho06 escribió: http://www.imdb.com/title/tt3898776/ Aaron´s Blood 2016 - Drama/Terror/Misterio k60.kn3.net/5/F/1/A/9/3/29E.jpg SinopsisUn padre soltero, luchará para salvar a su hijo hemofílico de 12 años, después de haberse infectado con sangre de un vampiro... Abandomoviez OpiniónPelícula de bajo presupuesto que posee una premisa sencilla e interesante, donde la cuestión es, ¿qué harías por un ser querido?. Es un film bien desarrollado pese a las limitaciones que el director sabe sobrellevar con buenas actuaciones y buen ritmo desde el prólogo sin caer en los clásicos tópicos.Valoración: 6/10
me pareció muy interesante, seguro que las actuaciones no son excelentes, pero la originalidad del giro en el argumento (con todo lo que hay hecho sobre el tema) y algunas escenas con mucha inteligencia, la llevan adelante, yo le regalo un puntín más (7/10) por corajuda y laburada

Mensaje escrito por elmoteroloco el 27/06/2017 11:21:05 am - Puntaje: 2 
``Las arenas´´ «Un instante después del click del interruptor, escuché el parpadeo metálico del tubo fluorescente del baño. Vi, bajo la blanca luz, el reflejo devuelto por el espejo y en él, un rostro desvaído, agotado. Es curioso cómo a veces esa imagen nos parece falsa, ajena. Pero ése era mi rostro, y no podía hacerme el distraído. Se estaban formando, debajo de mis ojos, una serie de líneas grises, semicirculares, que oscurecían y marchitaban la mirada... Con un chirrido, el grifo dejó escapar un chorro de agua cristalina, fresca, cuya simple visión me resultó reconfortante. Observé un rato el agua arremolinarse en torno al sumidero, junté ambas manos y dejé que una buena cantidad se deposite en ellas... sorbí casi con desesperación un buen trago y cerré el vertedor, tomé las llaves y salí. Miré el reloj. Daba las nueve de la mañana. Tenía que ir al barrio de Saavedra. Un trámite rápido que no podía -ni quería- postergar. Saavedra... me gustaba deambular por esas calles. Más de una vez, caminando al azar, siguiendo el capricho de éste o aquel recodo, encontré construcciones que invitan a la imaginación, la exacerban. En uno de esos vagabundeos, unas semanas atrás, había visto una casa tapiada. Pero el jardín frontal, florecido salvajemente y reverdecido, era un elemento extraño en esa casa ciega, con el frente todo revocado y encalado, en el cuál sólo asomaban los marcos -medio ahogados entre tanto cemento- de la puerta y las ventanas, mientras que toda abertura se hallaba cubierta por ladrillos, encimados de una forma desprolija y apresurada que mucho contrastaba con las líneas, por lo demás elegantes de la vieja casa. «Quería volver por ahí, así que planifiqué cuidadosamente el regreso porque no tenía una dirección exacta del sitio. La mañana despejada de finales de primavera se anunciaba calurosa, los colores de la vestimenta estallando en las vidrieras y la gente. El cielo, turquesa de tan azul, se desparramaba hasta el horizonte de casas bajas. Un perfume limpio de jardines me acompañó hasta la oficina en la que tenía que llenar una multitud de formularios intrascendentes para el beneficio ajeno... la secretaria que me atendió, enfundada en una minifalda asfixiante, deslumbraba con su sonrisa de adolescente al muchacho que acercaba los desayunos desde un bodegón con mesitas en la vereda de la acera contraria. El muchacho, todo melaza, le dedicaba su más esmerado cortejo y ella sonaba como una ninfa oceánica caracoleando la risa cascada. ... Mientras llenaba los espacios de interminables documentos, un olor a salitre montado en una ráfaga de aire hizo que la imagen de la casa tapiada explotara con una nitidez pasmosa en mi mente ¿por qué esa relación? ¿qué detalle perfilado por la memoria había provocado tal intensidad en el recuerdo? Apresurado, terminé de rellenar los últimos casilleros del formulario de forma mecánica. ¡Solo me faltaban dos! Los mínimos pensamientos que necesitaba para completar las páginas eran una distracción irritante en la escena que contemplaba mentalmente: esa postal viva de un paredón devorando las escasas aberturas clausuradas, dominado por una exuberante, pletórica vegetación, me atraía irresistiblemente. Era curioso: solo se trataba de una casa del montón, sí, pero tenía que volver a ella. «Esta vez tenía que volver. Esta vez no era solamente esa curiosidad que siempre despertó en mí estar frente a una casa abandonada... porque, confieso, siempre me sentí cautivado al toparme con este misterio modesto, cotidiano, casi tonto, de estar frente a un hogar que por algún motivo dejó de serlo para volver a ser apenas una construcción deshabitada. Me recuerdo con siete u ocho años sentado en la vereda, frente a la casa desierta que había en mi cuadra, imaginando por largos ratos lo que pudiera haber dentro: ¿qué ocurrió con esas personas que ya no la habitaban? ¿Qué pasó con los sueños, las alegrías... y también las penas de esos anónimos? Y por dentro, ¿estaría vacía o llena de muebles igual de olvidados? ¿Habría en esos muebles aún pertenencias de quienes la ocuparon? ¿Permanecían sus fotos aún enmarcadas en alguna pared... aguardando ojos que ya no eran? ¿Qué secretas costumbres, tiernas o perversas, habrían tenido lugar alguna vez tras aquellas puertas y ventanas ahora tapiadas? ¡Ah, cuántos misterios sin chance de respuesta detrás de unas aberturas amordazadas por ladrillos!... como si alguien hubiera decidido no solo prohibir la entrada a extraños con estas barreras, sino también acallar toda una historia, todo un mundo, para siempre. Como entre sueños escuché, atenuada y musical, la voz de la secretaria. Había concluido, por fin, con mis obligaciones. Salí al aire resplandeciente de noviembre, que me golpeó con un súbito, dulce hálito de flores y tierras recién regadas. Forcé en mi memoria, la ruta que debía seguir para llegar, una vez más, a aquella fantástica incongruencia. Porque según recuerdo, la casa estaba flanqueada por dos construcciones modernas y lujosas. Sólo ella se alzaba orgullosa -como un vestigio de tiempos remotos y a pesar del oprobio de su decadencia- como algo ajeno al presente. Empecé a andar, dudando todo el tiempo del camino, guiándome por recuerdos imprecisos, perdiéndome en ocasiones, o volviendo en círculos, a los mismos lugares. Comencé a sentirme cansado y a darme por vencido. Toda suerte de pensamientos acudieron en tropel, sin orden y de distinta naturaleza, superponiéndose unos a otros con magnífica persistencia. Había decidido por un desayuno... café, frutas y pasteles. Busqué con la mirada algún bar, pero no encontré, en esas calles residenciales, nada más que una profusión de casas con sus apretados jardines, en medio del aire diáfano y perfumado de noviembre. Reanudé entonces la marcha, en busca de descanso y comida. Primero fue un fuerte hedor a pescado podrido, un olor penetrante hasta la náusea, que oprimía la garganta y producía arcadas. Luego, un sonido crepitante. Podía sentir, bajo mis zapatos, una materia fina, que se rompía y crujía y adhería a las suelas. Entonces, descubrí la casa. Allí estaba nuevamente. Como por arte de magia, había llegado hasta su puerta sellada. Allí estaban las flores, de pálidos colores. Allí la hiedra, trepando ciegamente por los muros blanquecinos. Sólo que esta vez había descubierto otro detalle fabuloso. La arena, no era la comúnmente utilizada en mezclas de construcción, de esas que suelen apilar en rincones, en las veredas de las obras. ¡Era arena de mar!. Con sus reflejos dorados y la humedad del salitre. Con sus infinitas constelaciones de ínfimas conchas trituradas... con el intenso, acre aroma de las verdes profundidades del océano. ¿Como había llegado hasta allí -y permanecido-?... no recordaba haberla visto la primera vez... una repentina sensación de estupor, de horror, me sobrecogió por completo... Me llevé un pañuelo a la boca para escapar de ese tufo maloliente, por suerte un gato (un bicho viejo, tuerto y sarnoso con la cola quebrada y de color indefinido) levantó los pestilentes restos de una merluza, el evidente origen del mal olor, y los llevó lejos en sus fauces, seguramente feliz pronosticando el deleite. El caso me quitó el apetito. La casona, mientras tanto, emanaba un aura de misterio, extraña por el contraste con las construcciones aledañas, presuntuosas y modernas ostentando antenas satelitales y cámaras de seguridad. Un halo tenebroso envolvía el paredón rústicamente fratachado. Inexplicable. ¿Cómo era posible que una vista tan anodina me transmitiese esa morbosa frialdad? No era solo miedo. El lugar transpiraba recuerdos, sensaciones de que algo macabro e incomprensible había sucedido entre sus paredes inmutables. Tal vez fuera mi imaginación, o el hambre que gracias a que ése gato callejero alejó el aroma a podredumbre, había vuelto a clavarse en mis entrañas. Giré para ir a buscar algún cafetín en el que desayunar algo, cuando vi el pasillo. Las plantas desbordantes y las formas de la casa confabuladas con los efectos de la luz disimulaban la entrada lateral que hasta ese momento me había pasado desapercibida. Avancé por la vereda para poder alcanzar el interior del patio con la vista, mientras mis pasos crujían sobre la arena marina. Una puerta de hierro antigua, labrada en hojas y flores cerraba el paso, dejando intuir un pasillo de mayólicas rojo sangre que se internaba hacia un adivinable patio trasero... Frente al tazón de café y los alimentos, una porción de tarta de ricotta y un durazno, no podia dejar de pensar en el escalofrío eléctrico que me recorrió la espalda cuando, ineludible, un pensamiento me avasalló mientras estaba frente a la casa: tengo que entrar. Todavía no sabía cómo, ya que la puerta de acceso al jardín (con un trabajo de hojas y flores de hierro en consonancia con la que daba al pasillo) estaba con seguridad cerrada con llave y saltar las rejas no era una opción... al menos de día, pero ¿qué fuerza siniestra me movía a esos pensamientos? ¿que me empujaba a necesitar volver por la noche? porque era una necesidad febril, como la que imaginaba podría generar la abstinencia de las drogas duras, excluyente, imperativa ¿qué desconocida fuerza oscura se había enlazado con mi centro más profundo para hacerme reaccionar de esta manera? no tenía dudas de que se trataba de algo maligno, eso era incuestionable, casi una sensación física.