Esta vez le tocó festejar a ´´Las Águilas´´, jugadoras de hockey sobre patines.
El mundo a sus pies
La Selección argentina dio una lección de juego y efectividad, borrando de la cancha a Francia y goleándola para consagrarse campeona del mundo. En su cuarta corona en los diez Mundiales que se llevan jugados.
¡¡¡Campeonas!!! ¡¡¡Sí, campeonas mundiales!!! Después de tanto esfuerzo. Como premio a tanta dedicación. Gritándolo a los cuatro vientos. Y justo allá, en España, la meca del hockey sobre patines. La Selección argentina femenina cerró con el título un Mundial notable. Desparramó calidad, preciosismo y efectividad. En Alcobendas, esa localidad madrileña que quedará para todos los argentinos en el recuerdo. Goleó a Francia en la final por 5-1 y sacó chapa para inscribirse en la historia. Alzó por cuarta vez el título, repitiendo lo que había conseguido en los Mundiales jugados en Buenos Aires (1998), Pacos de Ferreira, Portugal (2002) y Wuppertal, Alemania (2004).
Jugó seis partidos y los ganó a todos. Marcó 40 goles y apenas le anotaron dos. Los triunfos más estrecho que logró fueron en el debut, ante Chile, y en semifinales, frente a Alemania, ambos por 3-0. ¿Alguien puede discutir esos números? Supremacía absoluta. Adosada al juego veloz, hábil y pensante. Con tácticas increíbles. Y con la muestra de armonía entre sus figuras que al torneo lo jugaron las diez integrantes del plantel. Inclusive en la propia final de ayer, entraron todas. Un detalle, en este deporte, inédito. Igual que el que hayan ido sanjuaninos exclusivamente. Porque las diez jugadoras son de la cepa sanjuanina. Igual que todos los integrantes del cuerpo técnico. Y no por casualidad. Simplemente ´´porque estas chicas son las mejores hockistas que tiene en estos momentos la Argentina´, como dijo el Negro Otiñano, el técnico, en la previa. Vaya si tiene razón. Se trajeron la corona.
Ayer, en el Pabelón ´´Amaya Valdemoro´´ todas lloraron. Saltaron. Festejaron. Se abrazaron. Entre ellas. Algunas con sus seres queridos que fueron hasta allá, para verlas en ese momento único de felicidad. Otras con quienes se les pusieron enfrente. Porque se sintieron realizadas. Porque cumplieron su sueño. Después de meses de sacrificio. De resignar muchas cosas. De sentirse con fuerzas para romper con esa hegemonía española de los dos Mundiales anteriores. Y la consagración no fue ante España. Fue frente a Francia, el equipo sensación que había dejado en el camino justamente a las locales. ¿Importa eso ante tanta alegría?
El partido en sí, duró lo que canta un gallo. Apenas 5´. Porque en ese instante Pía Sarmiento, con su hambre goleador, metió la primera y gran estocada a un equipo que venía agrandado por lo que había hecho la noche anterior. Entonces, con el dominio pleno de la situación, la red del arco rival sufrió las consecuencias. En los minutos 15 y 16 llegaron otros dos goles Albicelestes (primero Leticia Corrales y después Salomé Rodríguez) y la estantería francesa se vino definitivamente abajo. Y todavía quedaba un tiempo entero.
Por eso el complemento fue cuestión de mover la bocha para las argentinas. Descontó Francia en algo así como el último suspiro, pero el equipo del Negro Otiñano lo puso otra vez en vereda sólo un minuto después (gol de Daiana Silva). Y, como frutilla de postre, otra vez Pía terminó lo que había empezado a los 5´. El quinto y a cobrar.
El minuto final fue para el aplauso general. Para las lágrimas. Dentro y fuera de la cancha. Y después llegó la gloria, con todos saltando y gritando el clásico ¡¡¡dale campeón, dale campeón!!!
Pavada de alegría. Estas chicas se lo merecían. Este grupo se lo merecía. Trabajó duro, viajó con las ilusiones a cuestas y, allá, justo en España, consiguió hacer realidad el sueño. Por eso, el mundo está a sus pies...
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Otro título mundial en hockey, pero esta vez sobre patines