James Peck es un artista nacido en las Islas Malvinas. El primero en sacar el D.N.I. Argentino. Parte de su obra está dedicada a la guerra en Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña.
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Acá dejé un video muy interesante sobre él
MALVINAS
Recuerdos del malvinense que les daba caramelos a los soldados argentinos
Martes 1 de Abril de 2008 Veintiseis años despues.
CATARSIS. James Peck es el autor de esta pintura en la que se pueden ver las imágenes de soldados argentinos dejando las islas, tras la derrota.LA GACETA / ALVARO AURANE (ENVIADO ESPECIAL)
ISLAS MALVINAS.- “Hubo un período, en mi obra, en que las imágenes de la guerra resultan predominantes. El arte fue el vehículo para expresar todo lo que fue ese conflicto, que para mí fue muy fuerte. ¿Sabés? Pienso todos los días en aquellos días de 1982. Esté aquí o en Buenos Aires. No pienso todo el día en eso, pero sí todos los días. Aunque sea un segundo. Porque siempre hay algo que lo trae a mi memoria”. La pava silvadora interrumpe a James Peck, el artista de 39 años que permaneció durante los 74 días que duró el conflicto armado en la capital de las islas. Stanley, para él. Puerto Argentino, para los compatriotas de su mujer.
“Las figuras, las siluetas de los soldados, son siempre imágenes recurrentes. Pero las imágenes más fuertes que conservo son las caras de los conscriptos argentinos. No me puedo olvidar de sus caras, de sus gestos traumatizados. De sus rasgos de soledad. Eso es. En ellos había una soledad tremenda, que también había en mí. Yo era ellos. Y cuando pinto acerca de ellos, en realidad también estoy pintando sobre mí”, se confiesa.
Los niños llenan todos los espacios en la amplia casa de los Peck. Juan está resuelto a que su padre no lo baje y usa las piernas de James para ir, en brazos, recorriendo toda la alacena, de la que quiere agarrar todo y nada. Y el escurridizo y bilingüe Jack, que habla en inglés con su papá y en castellano con su mamá, comienza a acumular en el lugar su casco, sus guantes y sus rodilleras de motociclista, y exige que lo lleven a afuera para andar en su mini enduro Suzuki. Porque James Peck es, también, el papá de Jack y de Juan.
James también es hijo. Su padre, que falleció el año pasado, asistió a las fuerzas inglesas durante el enfrentamiento, como guía. “No tengo muchos amigos. Y los pocos que poseo, no tienen ningún problema con María. Ella es muy especial para mí y tenemos dos hijos maravillosos. Lo que nos pasó, conocernos y tener esta familia, es magnífico. Pero es lo que le pasa a una pareja. Lo de que somos un isleño y una argentina, para nosotros, es sólo una circunstancia. El carácter simbólico que pueda tener esto es tal sólo para los otros, no para nosotros”, relata convencido. Por supuesto, aclara, tampoco es un tipo naif.
“Me doy cuenta de lo que esto puede representar para muchas personas. Pero no le asigno importancia. En todo caso, a fuerza de ser sincero, me siento un poquito orgulloso de lo que hicimos María y yo. Porque el futuro son ellos”, se entusiasma, señalando a sus niños. James es el compañero de vida de María.
Y también es un empleado de la central eléctrica de las islas. “Nada aquí es igual después de la guerra. Es increíble: antes del conflicto, había menos plata pero también había muchísimas más actividades. Ahora no pasa nada. Y hay muchísimo más dinero que antes”, se lamenta el profesor de Artes. “Noto que la sociedad se ha tornado aquí tremendamente materialista. Tal vez es una consecuencia lógica del hecho de que también se ha tornado mucho más caro vivir en las islas. Pero también ocurre que antes de 1982 todo el campo funcionaba a pleno aquí. Ahora, en cambio, casi todo el mundo vive en la ciudad y ha perdido su identidad. Trabaja en oficinas o en barcos, donde todo se despersonaliza”, reflexiona.
Sin odios
Entonces María interrumpe y trae a la mesa un recuerdo que es, en sí mismo, una imagen estremecedora. “Durante la Guerra, James les compraba dulces a los soldados argentinos”. Y él se sorprende con ese fresco. Y de pronto, toda una paleta de grises pasa por sus pupilas. “Parece irreal, ¿no? Sí. Parece imposible. Yo les regalaba golosinas a los conscriptos argentinos. A algunos puede parecerle increíble, ¿pero cómo no iba a hacerlo? Ellos pasaban hambre y mucho frío. Y eran solamente unos chicos. ¿Qué edad tenían? ¿18, 19 años? Eran unos chicos. Y se alegraban cuando les regalaba los dulces”, rememora, mirando hacia adentro. Y encontrándose. Guarda silencio un instante, mientras se ve.
James Peck es un niño que les compra caramelos a otros niños, vestidos de soldados.