Que una persona pueda mover un cursor en pantalla o un brazo robótico externo a partir de la información que se desprende del movimiento de sus ojos es algo que se logró en los últimos años, mediante el uso de lo que se conoce como interfaz cerebro-máquina. que no es otra cosa que una tecnología que permite comunicar el cerebro humano con una computadora o con una máquina.
Ahora, un equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, encontró un modo de mejorar el control humano sobre las interfaces cerebro-máquina, que consiste en añadir a éstas un brazo robótico que proporciona retroalimentación sensorial al usuario.
Ese brazo robótico aportaría a quien lo llevase información quinestética, es decir, información acerca del movimiento y la posición en el espacio de sus extremidades.
De acuerdo con Nicholas Hatsopoulos, especialista en neurociencia computacional de la Universidad de Chicago (Estados Unidos), en el futuro podría incorporarse este “sentido artificial” en el desarrollo de dispositivos robóticos portátiles para pacientes con trastornos motores.
Los experimentos consistieron en lograr que un grupo de monos controlara un cursor en pantalla, a través de un dispositivo que traducía en movimientos en la pantalla toda la actividad neuronal que se producía en la corteza motora primaria de los cerebros.
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