Estos relatos ultracortos fueron publicados en el Nº 167 de la revista digital AXXON en octubre de 2006.
Editorial: A principios de junio hicimos una convocatoria abierta a todos los que desearan participar en un especial dedicado a los viajes por el tiempo, un tema muy caro a la ciencia ficción e incrustado en el género como pocos. El resultado fueron casi un centenar de relatos, de los que estos son la avanzada, los primeros veinte. ¿Quieren saber con qué se van a encontrar? Por cierto que hay bucles, paradojas, duplicaciones y multiplicaciones, pero también hay algún cuento críptico, varios homenajes y uno que otro relato podría clasificarse como poético. Es decir: las variantes del subgénero son muchas y ni siquiera es lícito decir que en este muestreo se han explorado todas. ¿Quieren saber con quiénes se van a encontrar? Se encontrarán con varios escritores conocidos, como Libia Brenda Castro, Juan Pablo Noroña, José Carlos Canalda, Hernán Domínguez Nimo, Antonio Cebrián, José Daniel J. Vázquez, José Vicente Ortuño y Claudio Amodeo. Pero también con algunos debutantes como Angel E. López Esteve, Hugo José Bano, Carlos Feinstein y Miguel Ángel López Muñoz y con un puñado que ya asomaron por Axxón una o dos veces: Fabián Casas, Alejandro Ferreyra, Carlos A. Duarte Cano, Diego E. Gualda y Raúl Alejandro López Nevado. Mención especial merecen los portugueses Luís Felipe Silva y João Ventura, quienes tuvieron la delicadeza de enviarnos sus relatos en español. Esto es lo que hay, pero no todo. Y habida cuenta de que hemos hecho un nuevo llamado, flexibilizando la extensión, suponemos que seguiremos viajando por el tiempo durante mucho ídem. Que lo disfruten.
UN CIERTO RIESGO
(Antonio Cebrián - España)
—Y bien, ¿qué creéis que pasará cuando pulsemos el botón y la máquina transporte esa silla un segundo hacia atrás en el tiempo? —dijo el primero de los científicos a sus colegas.
—Bueno... Podemos elucubrar cuanto queramos. Por ejemplo, se me ocurre que, como la máquina va a proyectar hacia atrás todo el espacio circundante, incluyendo donde está ella misma cuando se produzca, lo que será proyectado es una máquina del tiempo funcionando que en ese momento está proyectando hacia atrás... Por lo tanto esta máquina proyectará otra máquina un segundo atrás y ésta proyectará otra hasta un segundo antes y así sucesivamente... Debido a la corrección del desplazamiento planetario que hemos introducido, el resultado será varios objetos superpuestos casi en el mismo sitio. Materia ultracompacta con núcleos atómicos demasiado próximos. La interacción fuerte hará que los núcleos cercanos se fusionen formando elementos químicos inverosímiles con miles de protones y neutrones en sus núcleos. Estas fusiones provocarán un desprendimiento energético colosal una explosión nuclear hasta ahora desconocida. Podría formarse una estrella aquí mismo, aunque también es posible que la presencia de partículas sea tan grande que se forme un agujero negro...
—Yo diría más —intervino el tercer científico—. La proyección hacia atrás recursiva de la máquina atravesará toda la historia conocida —y desconocida— y alcanzará los albores del Universo. Cuando la masa de la silla se incruste en los estadios iniciales del Big Bang, provocará un desequilibrio, una falta de homogeneidad que hará irregular la explosión, redistribuyendo la masa y la energía de forma radical. Millones de galaxias dejarán de existir y otras nuevas aparecerán, puede que varíen las cantidades de materia y antimateria presentes en el Universo e incluso puede que cambien las propias leyes físicas que conocemos...
—¡Bah! Siempre habéis sido unos tremendistas asustadizos —dijo el primer científico.
Y pulsó el botón.
MAESTRO
(Juan Pablo Noroña - Cuba)
El quinqué tiembla, porque trémula es la mano, y a su luz se ve a un joven. No particularmente hermoso, pero sí proporcionado, sano, carente de deficiencias carnales, como si nunca sufriera dolor ni debilidad.
Se ahoga en asma y miedo el dueño de la casa invadida.
—¿Quién...? —jadea—. ¿Qué quiere? No tengo nada... —su papada tiembla.
Sobre la mesa están los frascos, decenas de ellos.
—Maestro, esto lo curará —señala el joven—. Para los bronquios, para bajar de peso, para los riñones, para el corazón —levanta uno tras uno los recipientes— este aparato es para las crisis de asma. Siga las instrucciones en el papel y su vida será muy larga.
El hombre viejo y gordo mira al intruso.
—No entiendo. ¿Qué significa...?
Sobre él cae de repente un beso suntuoso, lento, que se recibe bien. Demasiado asombro y asma para disfrutarlo, no obstante.
—Si usted fuera tan amable de explicarse —el viejo aparta al joven.
—No hay tiempo, maestro. Viva más, hasta su definición mejor. Viva para avergonzarlos... viva hasta mí.
—¿Avergonzarlos...? —y no puede decir más a quien acaba de desaparecer como humo que se va.
Asustado, el hombre muy viejo se sienta a la mesa observando los frascos, y deja amanecer.
CICLICIDAD
(Sergio Gaut vel Hartman - Argentina)
—Para nuestro máximo filósofo, Tlopan —sentenció el extraterrestre— el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. —Lanzó un eructo por el apéndice fungiforme que coronaba el conducto respiratorio y alzó la vista para desafiar a su interlocutor. Pero éste no se inmutó.
—Sólo imita la eternidad —replicó— y se desarrolla en círculos, según la concepción cíclica del tiempo. —Era un robot cantinero, un diseño especializado creado por el Hombre antes de extinguirse. La llegada del extraterrestre aficionado a las bebidas alcohólicas lo había sacado de una apatía que amenazaba con aniquilarlo.
—Según el número —dijo el extraterrestre—. El movimiento de los cuerpos en el espacio mide el tiempo.
—¿Es irreversible? —El robot sobrepasó el límite de frotamiento y rompió el vaso. En otras circunstancias se podría haber dicho que estaba nervioso.
—¿Si lo fuera?
—Sería distinto —se apresuró a decir el robot.
—Comprendo —dijo el extraterrestre—: los míticos... hombres. Hombres, se llamaban, ¿verdad?
—Sí.
—Debían ser perversos. Un robot filósofo es una broma de mal gusto.
—No lo siento así. Y en todo caso no importa. —Apoyó las manos cromadas sobre la barra y apretó con fuerza—. ¿Dice que ustedes son capaces de viajar por el tiempo? ¿No se burla de mí?
—¿Por qué habría de burlarme?
—Ha tomado litros de licores pesados.
—Soy un bebedor muy entrenado. ¿Adónde te interesa ir? ¿Al futuro?
—No, al pasado.
—Al pasado. —El extraterrestre bebió un último trago y movió todas las extremidades de un modo aparatoso—. De acuerdo, no me importa no es mi planeta.
—Espere aquí un momento —dijo el robot destellando como un poseso—. Iré a buscar unas células... iremos... las pondremos... las plantaremos... en... en... Ya regreso.
—Sí, está bien, no hay apuro. —Esperó a que el robot desapareciera tras la cortina y tomó un buen trago, directamente de la botella—. Es igual en todas partes: la fidelidad del esclavo no se extingue. También eso es cíclico.
TODO CAMBIA
(Angel E. López Esteve - España)
—Bien, Luisa, ¿estás preparada? —El tono de voz del doctor Federico Prieto delataba toda la excitación del momento—. Vamos a ser los primeros seres humanos en viajar a través del tiempo. —De forma brusca su gesto cambió—. Ya sabes que bajo ningún concepto debes separarte del marcador temporal de tu muñeca.
—Tranquilo, Federico, recuerda que, aunque de forma indirecta, yo también he participado en el proyecto —dijo Luisa al tiempo que le dedicaba una insinuante sonrisa que dejaba bien claro cuál había sido su colaboración.
—Te concedo el honor. —Federico se inclinó exagerando una reverencia—. Propón tu misma el destino.
—Tres de octubre de tres mil ciento veintidós —dijo ella sin vacilar.
—¿Lo tenías pensado? —se sorprendió el investigador.
—No, es mi cumpleaños —respondió Luisa— esto es, mi cumpleaños dentro de diez siglos, claro.
—Claro. —Sin mediar palabra alguna la abrazó y puso en marcha las dos máquinas temporales de muñeca.
Muebles, despacho, paredes y techo desaparecieron, siendo sustituidos por una exuberante vegetación y un sol espléndido sobre sus cabezas. Junto a ellos se encontraban tres hombres y dos mujeres charlando animadamente. Ninguno de los cinco se sorprendió al verles surgir de la nada.
Tampoco se sorprendieron al ver desaparecer a uno de los hombres del grupo, ni al ver cómo sus ropas cambiaban cada poco tiempo. Un poco más allá, junto a un árbol, una pareja daba rienda suelta a su pasión practicando un sexo salvaje y público, aunque nadie les prestaba la más mínima atención.
Federico estaba boquiabierto, sorprendido, no tanto por el hecho de haber viajado en el tiempo, sino por lo que allí estaba presenciando. Giró buscando la mirada cómplice de Luisa, pero encontró sus ojos observándole fijamente al tiempo que le apuntaba con algo que, estaba seguro, era un arma.
—Qué significa esto, Luisa —preguntó entre asustado y atónito.
—Este es mi mundo —respondió ella sin alterarse—. Aunque tú y sólo tú seas el artífice de todo lo que estás viendo. Desde que inventaste la máquina del tiempo han pasado más de mil años, en este tiempo su uso se ha generalizado, tanto que todo el mundo lleva una en su muñeca. Al principio los viajes eran cortos y apenas se producían cambios importantes, la gente tenía miedo. Ya sabes, todas esas tonterías de las paradojas. Hasta que nos fuimos dando cuenta de que no pasaba casi nada. ¿Sabes qué sucede si viajas al pasado y matas a tu abuelo? Que desapareces y tu abuelo queda muerto, pero ese simple acto crea una serie de ondas temporales, como las olas de un lago al tirar una piedra, que pueden provocar cambios importantes en todo el mundo, y si a ese acto se le suman miles cada día, obtienes esto. Un mundo que cambia sin cesar, donde la gente no permanece igual durante mucho tiempo, dónde no importa tener una familia o una pareja ya que pueden no existir al segundo siguiente. Cuando yo viajé a tu tiempo dispuesta a conocerte, aquí había una megalópolis de doscientos millones de habitantes, ahora hay una selva tropical.
»Te he traído aquí para acabar contigo, he decidido terminar con los cambios. Cuando te mate no se inventará la máquina del tiempo y todo mi mundo será estable. Pero antes he querido saber cómo es vivir en un tiempo previsible como el tuyo y que tú supieras por qué tienes que morir.
»Lo siento mi amor. —Una lágrima asomó a sus ojos mientras apretaba el gatillo.
Federico cayó herido en el corazón. Cuando exhaló su último suspiro, Luisa dejó de existir al tiempo que todo cambiaba por última vez.
No hubo más cambios.
La semana que viene, otros 4.
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