09/04/2010 02:25:42 pm
Son viejos y seguro todos ya los escucharon, pero son buenisimos, posteen los suyos:
La hora de la nostalgia 1/2
La hora de la nostalgia 2/2
Letra:
Daniel Rabinovich: Madammes et messieurs, signora, signori, ositoko, ositaka. Iniciamos aquí, y fuera de programa, una nueva emisión de ´´La Hora de la Nostalgia´´, ´´Nostalgy Hour´´, ´´L’heure de la nostalgie´´, ´´L’ora della nostalgia´´... ositoko, ositaka. Son ya muchos los artistas que han pasado por “La hora de la nostalgia”, pero hemos recibido innumerables pedidos de nuestro público solicitándonos la presencia en nuestro programa de un gran artista, aunque sea uno… y hoy hemos podido complacerlos por fin. Tenemos esta noche una visita que nos llena de emoción y de recuerdos. Se trata de un artista querido, respetado por todos ustedes, famoso autor e intérprete de célebres temas de los años veinte, tales como “Plánchame las polainas”, “Vuelvo a ti pues no encontré nada mejor”, la canción que le dedicó a la hermosa actriz Deborah Duncan, titulada “Deborah, la pasión me dévora”, y tantos temas que hicieran las delicias de varias generaciones. Ya sé que todos saben de quién estoy hablando. Tengo el inmenso orgullo de presentarles con su elegancia, sus canciones, su emoción y sus recuerdos al gran José Duval.
(Entra Marcos haciendo el papel del viejo y desmejorado José Duval)
Daniel Rabinovich: Señor Duval, qué alegría tan grande tenerlo esta noche con nosotros en “La hora de la Nostalgia”, muchísimas gracias por haber venido.
(Marcos interpreta la frase como una despedida y se dispone a salir del escenario, pero Daniel lo retiene)
Daniel Rabinovich: Qué emoción tan especial sentimos los que lo hemos visto tantas veces en el cine. ¡Cuántos recuerdos! Díganos, señor…
(Marcos asiente y pierde el equilibrio, inclinando su cuerpo hacia atrás. Todos se asustan y Daniel lo sujeta y ayuda a recuperar la posición vertical)
Daniel Rabinovich: Díganos, señor Duval, ¿no lo asalta de vez en cuando la melancolía, la memoria de las cosas perdidas?
Marcos Mundstock: Es que justamente lo que he perdido es la memoria.
Daniel Rabinovich: ¿Piensa usted que su arte ha evolucionado en tantos años?
Marcos Mundstock: Sí, uf, si habrá evolucionaaaa...
(De nuevo pierde el equilibrio hacia atrás y Daniel vuelve a sostenerlo. Marcos se agarra a Daniel para no caerse)
Marcos Mundstock: Permítame... Uf, si habrá evolucionado. Yo cuando comencé era lo que se llama un típico artista de mmm... un artista de mmm... un artista de mmm... Music Hall.
Daniel Rabinovich: Music Hall.
Marcos Mundstock: Sí, lo que pasa es que a veces se me... (se coloca la dentadura) Pero luego con los años mi estilo se fue mmm... mi estilo se fue mmm...
Daniel Rabinovich: Music Hall.
Marcos Mundstock: No, se fue enriqueciendo. Y vea, el secreto en una carrera tan prlff... en una carrera tan prlff... prlff... en una carrera tan (Daniel le sujeta la mandíbula) prolongada, gracias, el secreto es haber sabido mantener siempre el equilibrio. Una vez que usted mantiene el equilibrio...
(Marcos vuelve a tambalearse hacia atrás y Daniel lo sujeta de nuevo. Para que no vuelva a suceder, Daniel le separa un poco las piernas para que guarde mejor el equilibrio)
Marcos Mundstock: Fantástico, ya no saben qué inventar. Ji, ji...
Daniel Rabinovich: ¿Y cómo es que sigue actuando todavía?
Marcos Mundstock: Eso es lo que yo me pregunto.
Daniel Rabinovich: ¿Cuál es el secreto?
Marcos Mundstock: Ah, el secreto, sí, sí, escuche: siem... (le tiembla la mano) No, no se preocupe. No, no es que la mano tiemble, lo que pasa es que el resto está quieto... Escuche: Siempre se tienen veinte años en el... zzzzz... zzzzz...
(Marcos se queda dormido y comienza a roncar, hasta que Daniel lo despierta tocándole el brazo)
Marcos Mundstock: Buenos días.
Daniel Rabinovich: Señor Duval, escuchando su voz es inevitable que acuda a nuestra memoria alguno de sus innumerables éxitos, como por ejemplo Jeannette…
Marcos Mundstock: ¡Ah, sí!, Jeannette, Jeannette… Bueno, Jeannette fue… hizo furor, porque es una canción que tenía… ¿Cuál?
Daniel Rabinovich: Jeannette, ¿por qué no nos canta unos compases de Jeannette?
Marcos Mundstock: Ah, compases, sí…
Daniel Rabinovich: El señor José Duval en: “Jeannette”.
Marcos Mundstock:
Jeannette, Jeannette, Jeannette,
cuando pienso en ti, me agita la emoción.
(Daniel se acerca por si pierde el equilibrio)
Jeannette, Jeannette, Jeannette,
cuando pienso en ti, yo pierdo la razón.
(Daniel vuelve a estar atento por si se cae)
Jeannette, Jeannette, Jeannette,
cuando pienso en ti, me duele el corazón.
(Daniel escucha el corazón de Marcos y le dice algo al oido)
Por eso, nunca pienso en ti.
Daniel Rabinovich: Hablemos un poquito de su juventud, allá por el siglo XII... 1912, de sus primeros romances, de su relación con la bailarina Brigitte Coco.
Marcos Mundstock: Ah, ja, ja. Bueno, vea, Brigitte era mucho más joven que yo... todos son mucho más jóvenes que yo... y nunca olvidaré el día en que me dijo: ´´José...´´, porque ella me decía José...
Daniel Rabinovich: ¿Por qué?
Marcos Mundstock: Porque me llamo José. ¿Qué le pasa, joven? No... Me dijo: ´´José, pronto seremos tres´´.
Daniel Rabinovich: ¿Iba a tener un hijo?
Marcos Mundstock: No, iba a tener un amante. Ya por ese entonces nuestro hijo tenía cuatro años y era mmm... y era mmm...
Daniel Rabinovich: Music Hall.
Marcos Mundstock:¿Cómo una criatura va a ser Music Hall? Oiga, de verdad, me preocupa usted, joven. ¿No quiere que le recomiende a mi pediatra? No, nuestro hijo era mmmmuy travieso. Y como todo hijo de artista no le gustaba irse a dormir temprano entonces yo le cantaba para que se durmiera, aaahhh, le cantaba, aahh, le cantaba… hasta que un día me dijo que prefería que le pegase.
Daniel Rabinovich: Todos recordamos aquella hermosa canción que usted compuso especialmente para ella, titulada “Solos Brigitte y yo”. Nos encantaría recordarla.
Marcos Mundstock: Sí, sí, a mí también.
Daniel Rabinovich: El señor José Duval:
Marcos Mundstock: El señor José Duval...
Daniel Rabinovich: Pasa el tiempo y al pasar...
Marcos Mundstock: ¡Pero me sopla mal usted, hombre!
Pasa el tiempo y al pasar
borra el antes y el después.
Pero nunca he de olvidar
lo que ocurrió aquella vez... eh... ¿Qué ocurrió?
Daniel Rabinovich: Entre rosas y gladiolos…
Marcos Mundstock:
Entre rosas y gladiolos,
cuando el sol apareció,
estábamos al fin solos,
solos Brigitte y… y…
Daniel Rabinovich: Y yo…
Marcos Mundstock: Solos Brigitte y usted…
Daniel Rabinovich: No. Yo… usted.
Marcos Mundstock: Ah, claro, Solos Brigitte y yo y usted.
Daniel Rabinovich: No, señor Duval, estaba usted solo.
Marcos Mundstock: Se ve que Brigitte no había venido.
Y allí estaba solo yo
con el cielo por testigo.
Junté coraje y exclamé:
¡Quiero casarme... conmigo!
Daniel Rabinovich: Muchísimas gracias, señor Duval. Bueno, para terminar ya con este suplic... con esta entrevista, sabemos que está escribiendo un libro.
Marcos Mundstock: Ah, sí, ya le han contado lo del libro. Sí, bueno, es un libro, digamos... eh... justamente esta mañana estuve en la editorial para el... eh... vio, como ha llovido pero no refresca... y eso es malo... digamos es bueno para el... eh... yo me tengo que abrigar mucho, yo se lo aconsejo a usted también porque llega cierta edad en que uno tiene que cuidarse. Siempre voy con el abrigo, la bufanda, el sombrero... el problema es en verano... El médico me dijo que más o menos, como bebo... nada de alcohol, eso sí... solamente en las heridas... eh... cuando... Me encontré con un amigo... que hacía mucho tiempo que no lo veía... hacía mucho que no lo veía... Bueno, en realidad él tampoco me veía a mí, lo cual compensa de alguna ma...nera... Y entonces nos tomamos un copetín ahí en Carlos Pellegrini, en una época... con Carlos Pellegrini... y entonces, pobrecito, preocupado porque... eh...una hermana de él, que me dice él, ¿no?, que está desmejorada... Yo pensé ¿cómo será? Nunca fue gran cosa... ¿Usted... usted la conoce, a la hermana de mi amigo? (Daniel niega con la cabeza) Y entonces, ¿para qué me cuenta todo esto? Mire, lo voy a sacar de esta situación incómoda en que se ha metido. Tengo una primicia para usted: Estoy escribiendo un libro.
Daniel Rabinovich: ¿Cómo se titula?
Marcos Mundstock: ¿Qué cosa?
Daniel Rabinovich: El libro.
Marcos Mundstock: ¿Qué libro?
Daniel Rabinovich: Sabemos que está escribiendo un libro...
Marcos Mundstock: Ah, sí, discúlpeme, no, ya sé a qué se refiere. No, como yo tengo varios libros escritos... sí, sí, yo ya los compro escritos... Sí, vea, para mí un libro si no está escrito... es como si le faltara algo...
Daniel Rabinovich: Sabemos que está escribiendo un libro...
Marcos Mundstock: Y dale con el libro... Mire, cambiemos de tema ¿sabe una cosa? Estoy escribiendo un libro.
Daniel Rabinovich: ¿Cómo se llama?
Marcos Mundstock: José Duval, a sus órdenes.
Daniel Rabinovich: ¿Cómo se llama el libro?
Marcos Mundstock: Y... se le dirá: ´´¡¡LIBROOO!!´´
Daniel Rabinovich: No, ¿cuál es el título?
Marcos Mundstock: ¡Ah, el título! “Memorias”
Daniel Rabinovich: Y debe haber escrito unas cuantas cosas acerca de la hermosa Deborah Duncan...
Marcos Mundstock: Ja, ja, ja, ja, ja...
Daniel Rabinovich:¿Se está riendo o está llorando?
Marcos Mundstock: ¡Estoy tosiendo! Deborah Duncan, qué hermosa mujer... Y lo sigue siendo, eh? Estos días he leído en el periódico que, aún mayorcita, ha sido elegida “Miss Aniversario”.
Daniel Rabinovich: No, lo que usted leyó fue “Misa Aniversario”.
(Carlos Núñez hace gestos de que Deborah se fue al cielo, y Marcos, sobrecogido, intenta reponerse y se da un golpe en la cabeza con el micrófono)
Marcos Mundstock: Deborah Duncan... Mire, acabo de recordar... así de golpe... Yo a Deborah la conocí en los comienzos de mi carrera, yo a ella la conocí en el mmm... en el mmmm...
Daniel Rabinovich: En el veinte, treinta...
Marcos Mundstock: ¡No, en el Music Hall!
(Marcos se vuelve hacia atrás para burlarse de Daniel con los demás. Cuando se acerca de nuevo al micrófono, Carlos Núñez avisa a Daniel para que evite otro golpe en la cabeza. Cuando Marcos se coloca recto, Daniel le pone delante el micrófono, y Marcos golpea su cabeza contra él)
Daniel Rabinovich: Todos recordamos aquella hermosa rumba que usted compuso especialmente para Deborah Duncan, esa guaracha...
Marcos Mundstock: No, no, no. Cuidadito con lo que dice, joven, ¿eh?
Daniel Rabinovich: Esa rumba titulada “Muévete muchacha”. Entonces terminamos con “Muévete, muchacha”.
(Daniel coloca los brazos a Marcos hacia arriba y éste baila moviéndolos de un lado para otro)
Marcos y Daniel:
Muévete muchacha,
muévete mi amor.
Bailemos sin cesar,
bailemos sin descanso
Este ritmo agotador.
(Marcos pierde el equilibrio y Daniel lo sujeta por detrás por la cintura. Jorge va también a ayudar y toma de la cintura a Daniel. Los tres forman una conga y en fila salen del escenario bailando)
Cuarteto Opus 44 (Cuarteto para quinteto)
Letra:
Cuando el célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero se sentó al piano dispuesto a componer su ´´Cuarteto para cuerdas Op. 44´´, también conocido como “A Matilde”, le pareció ver la silueta de un extraño animal meneándose en la ventana de su estudio. Un poco asustado llamó a su mayordomo.
El mayordomo de Mastropiero era un corpulento galés que había trabajado en las minas de carbón de la ´´Thomson & Company´´ hasta poco antes de la misteriosa desaparición de uno de los dueños, el anciano Henry Company. Parece ser que este... este señor, este Sir Henry había tenido problemas de dinero y había apostado una fuerte suma en el condado de Cowthumb, en las peleas de vacas, que se realizaban ahí en… en Cowthumb. En las granjas de las afueras de Cowthumb era donde se fabricaban los famosos quesos fermentados de vaca perdedora, que eran muy apreciados por los sibaritas franceses, como por ejemplo el... el marqués d’Hiver, que usaba estos quesos para hacer su famoso soufflé, soufflé de queso, que se llamaba el... el famoso soufflé d’Hiver. El secreto del soufflé d’Hiver para que realmente salga bien consiste en... hay que, hay... Hay que airear la harina con las yemas durante tres días y tres noches con la mirada fija en la mezcla. No, no se rían porque después les sale achatado y no saben por qué. Y después, un poquito antes de servirlo el soufflé hay que ponerlo en presencia de un frasco de champiñones de Bulgaria que tiene que estar herméticamente cerrado el frasco, porque si no el soufflé toma el gusto de los champiñones y... Mucha gente me pregunta por qué los champiñones tienen que ser de Bulgaria. Bulgaria... Yo les agradezco mucho pero... fue idea de los... de los búlgaros.
Bulgaria es un país… Ah, ¿no es un país? ¡Es un país! Y además, cada vez que me acuerdo de Bulgaria, me llama la atención una cosa, y es que en Bulgaria... Es un país Bulgaria. Pero lo que me llama la atención es que en Bulgaria, mientras algunas mujeres se llaman por ejemplo Nadieschda, Svoboda, Dobrinka… la capital se llama Sofía. Sofía... Sofía... Es un nombre que aparece mucho, Sofía, en la historia de Occidente: reinas, princesas, duquesas... mujeres en la mayoría de los casos. Como por ejemplo Sofía Von Stauben, la abnegada protectora de Mozart.
Y ya que hablamos de Mozart, para no perder el hilo, justamente en Mozart encontró Mastropiero el modelo formal que inspiraría su famoso ´´Cuarteto Op.44´´ que se disponía a componer aquella vez que le pareció ver la silueta de un extraño animal meneándose en la ventana del estudio y lo llamó al mayordomo. El mayordomo de Mastropiero era un corpulento galés que había trabajado en las minas de carbón de la Thomson &... Ah, jaja, ya lo había, jajaja... Ya se lo había dicho antes, jajaja. Bueno, el asunto... el asunto es que viene el mayordomo. El mayordomo viene y... El mayordomo viene y... El mayordomo, luego de inspeccionar el lugar le dijo a Mastropiero: “Señor, la silueta que usted vio no se menea, sino que está inmóvil, no está en la ventana, sino en un viejo cuadro al óleo, y no se trata de ningún extraño animal sino de su tía Matilde”. Mastropiero, recuperado del susto, inició la composición de su ´´Cuarteto Op.44 (a Matilde)´´ que escucharemos a continuación en versión de Les Luthiers.
(Obra instrumental)
(Puccio y Daniel tocan el Latín, y Jorge el Cellato. Ernesto y Carlos Núñez aparecen con un cello legüero cada uno, y se disputan la cuarta silla, ya que ambos quieren formar parte del cuarteto. Los tres primeros interpretan su partitura correctamente, mientras Ernesto y Carlos se van turnando con diversos instrumentos, expulsandose mutuamente del escenario a cada momento. Finalmente, a causa de uno de sus juegos sucios, ambos se quedan pegados mano con mano y, para finalizar la obra, ambos deciden tocar al unísono un acordeón)
Serenata Medio Oriental (musica medio arabe,1983)
Letra:
(Marcos se dispone a leer la introducción de la obra, pero Carlos Núñez anda curioseando por el escenario y se acerca al cascarudo, instrumento informal protagonista de la obra anterior, ´´El sendero de Warren Sánchez´´. Sin poder contener su curiosidad, hace sonar el cascarudo y ya más tranquilo sale de escena)
Marcos Mundstock: El célebre compositor Johann Sebastián Mastropiero, en busca de inspiración realizó un viaje al Oriente Medio, a las calurosas regiones de “Uf Al-Sudar”. Allí, una leve indisposición del jeque motivó que Mastropiero fuera recibido por Abdul, el anciano Imán de la mezquita principal. El Imán Abdul se presentó ante Mastropiero y le dijo: “Maestro, hoy yo seré su anfitrión porque a mi jefe el jeque lo aqueja la jaqueca”. El Imán Abdul poseía una personalidad magnética, como todos los imanes. Según le explicó a Mastropiero, los musulmanes más fanáticos eran llamados “Muy-sulmanes” y por el contrario los que sólo cumplían en parte los preceptos de Mahoma eran “Ma-o-menos”. También le contó que los beduinos provenían algunos de ciertos oasis poblados y otros de ciertos desiertos desiertos. Mastropiero se despidió de Abdul y se dirigió al encuentro de una tribu de beduinos con los que convivió durante varias semanas. Los miembros de la tribu eran nómades por partida doble eran nómades porque deambulaban sin residencia fija y porque eran no más de... cincuenta o sesenta beduinos. En dicha tribu… Cincuenta y tres, cincuenta y cuatro… no, lo ponen así para dar una idea aproximada, no hace falta saber exactamente la cifra… ¡Ah, no, porque…! Je, je, no tiene sentido… Es un texto, digamos, descriptivo, no es una cosa estadística… Está bien, es lógico, digo, por si se muere alguno, nace uno nuevo, nunca saben el número exacto, no van a andar diciendo una cosa que no… cincuenta y cinco… En dicha tribu se disputaban el mando dos jeques hermanos: Mohamed, el grande y Nomemohes, chico. El jeque Nomemohes estaba por contraer enlace y le encargó a Mastropiero la obra que escucharemos a continuación: la serenata que cantó el novio la víspera de la boda.
Daniel Rabinovich:
Mañana por fin estaremos casados.
Será nuestra vida un lecho de rosas,
pues Alá protege a los enamorados,
y yo os amo, mis veinte futuras esposas.
Os amo, os amo, mujeres de mi harén.
Zoraida, Sherezade, Zobeida, Farah, Zimrut,
Rosa, Zulma, Dalila, Zaida, Jazmin, Fátima,
Mora, Farisad, Marien, Amina, Zuleica, Axa, Dunia, Zoe
y María Angélica.
Viviremos apasionadamente,
nuestra vida será un edén.
Seré fiel eternamente,
nunca os engañaré... con otro harén.
Y ahora os tengo que dejar
mañana será nuestra noche de bodas
y me tengo que preparar.
Cuando mañana la noche salude
no habrá en nuestro lecho pesar ni fatiga.
Cuando mi cuerpo a los vuestros se anude,
seremos felices. Que Alá os bendiga,
¡Y que Alá me ayude!