La magia que trae Hayao Miyasaki es mesmerizante, no explica nada, no hay coherencia, no hay antecedente ni lógica, sin embargo, el espectador sucumbe, se deja envolver en ése simple mundo de complejidades de formas y colores que sólo pueden ser degustados en una buena ensoñación. Toda una fábula universal, Ponyo es una adaptación libre de La Sirenita de Andersen llevada a otro nivel, donde no hay villanos definidos rigurosamente y los personajes actúan de una manera tan libre que resultan impredecibles.
Con la línea estética y dinámica para niños (y niños adultos) que conocimos con Mi vecino Tótoro (Totoro no tonari), Los viajes de Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi) y el Castillo ambulante (Howl´s Moving Castle) El secreto de la Sirenita (Gake no Ue no Ponyo) nos lleva a la simple pero emotiva aventura de dos pequeños que se conocen en una pintoresca zona costera de Japón el único pero del asunto, es que ella es un mítico personaje marino (un pecesillo-sirena) que desea convertirse en niña para estar al lado de Sosuke, hijo de un capitán de barco.
Permanecen intactos los elementos que hacen una delicia cada película de Miyazaki: los niños, la familia, las transformaciones, la importancia y el respeto a los ancianos... la fantasía. Como siempre, la animación es impecable, con carácter y completamente viva, dejando a un lado toda la tecnología CGI. Los personajes juguetean, se fastidian, se sorprenden, al igual que lo haría cualquier excelente actor de carne y hueso, y éso en estos tiempos es de agradecerse.
No se puede discutir sobre la lógica los eventos que sucedan en la pantalla, solo disfrutarse como un buen sueño con brisa marina.
Critica en cinemorelia 66
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