Diferencias entre el decir y el hacer
Macri desplegó en su anterior campaña electoral una promesa central: ser un paladín de la gestión. Un efecto buscado fue el de diferenciar a la “política” de la “administración”, ya que, según dijo, él no era como los otros. Cuatro años después es poco lo que tiene para mostrar.
El principado de Mauricio
Por Iván Heyn
¿Un lugar para pocos o una ciudad para todos? Bajo esta premisa, y faltando seis días para la elección del nuevo jefe de Gobierno, los porteños podríamos realizar un balance de la gestión del PRO. Mauricio Macri desplegó en su anterior campaña electoral una promesa central: ser un paladín de la gestión. Un efecto buscado fue el de diferenciar a la “política” de la “administración”. El no era como “los otros”. Pero se sabe: decir no es hacer. Tampoco todo es marketing. Tampoco todo es Durán Barba.
En 2007, el gobierno de Macri prometió bajar impuestos. Sin embargo, los aumentó. La tasa de Alumbrado Barrido y Limpieza (ABL) tuvo una suba promedio de 100 por ciento en 2008, la alícuota a la construcción en el 2009 creció un 100 por ciento, de 1,5 a 3 por ciento, en el 2010 se extendió el impuesto a los sellos para la compra/venta de autos usados y también se incrementó la tasa correspondiente a ingresos brutos en algunas actividades.
A este afán recaudador se le sumó la política de endeudamiento más importante que recuerde la Ciudad desde su autonomía, y así casi duplicó los ingresos que se destinan al pago de intereses. El crecimiento de la deuda fue mayor al 150 por ciento y el pago de sus comisiones, cuando se supo quién las cobraba, terminó en escándalo.
A estos números, se le suma casi como un alud la política de administración de estos recursos. En materia de Salud, por ejemplo, existe una sub-ejecución de partidas destinadas a la infraestructura hospitalaria y la compra de medicamentos e insumos que explican el estado de abandono de los 33 hospitales, así como el incumplimiento de la promesa de construir el hospital en Villa Lugano.
En 2010, cuando por el deterioro de los edificios y la falta de inversiones estalló el conflicto en las escuelas públicas, sólo se había ejecutado el 40 por ciento del monto presupuestado. Vale recordar nuestra premisa inicial: un lugar para pocos o una ciudad para todos.
La toma del Parque Indoamericano en diciembre pasado fue otra muestra de “eficiencia en la gestión”: había prometido 40 mil viviendas, sin embargo no se requirieron más de 283 permisos de construcción y el presupuesto asignado a la vivienda bajó sistemáticamente, tanto en lo que tiene que ver con construcciones nuevas como el destinado al mantenimiento de los complejos habitacionales.
Paradójicamente, en el rubro transporte se “avanzó” poco. Y aquí surge otra pregunta: ¿existe el concepto de “terapia en la gestión”? Digo esto porque siempre el “culpable” fue “otro”. Lejos quedó la promesa de los 40 km de subtes. Durante dos años los porteños escuchamos, como excusa, que no se construían subterráneos porque no se contaba con los fondos necesarios. Pese a esto, se tomó deuda a tasas delirantes, pero como no tenían los pliegos y los proyectos necesarios para la efectivización de esas obras, esos capitales fueron depositados en el Banco Ciudad a un interés (obviamente) mucho menor. Lo que se dice “optimización de recursos financieros”.
En materia de pasos a nivel, Macri había prometido eliminar los 103 que existen en el mapa porteño. La realidad es que sólo hizo cinco túneles, por lo que a este ritmo llegaría en 73 años a cumplir sus promesas de campaña. O sea que para respetar su palabra empeñada necesita de dos circunstancias poco probables: buscar la reelección indefinida y vivir hasta los 125 años.
No obstante, en lo que ha sido un gran ejecutor el actual gobierno de la Ciudad es en el aumento del gasto de cuadros “gerenciales”. En este sentido, ha logrado casi triplicar la plantilla de funcionarios políticos: de 473 a 1256. También ha creado una fuerza de elite conocida como la UCEP, cuyo objetivo fue el de a echar a trompadas a indigentes, la cual mientras estuvo en funcionamiento desalojó a diez familias por día. Párrafo aparte merecería la creación de la policía metropolitana, cuyo “bautismo de fuego” fue el de espiar a miembros de la oposición y al cuñado tarotista del jefe de Gobierno. Este “arrojo” en el cumplimiento del deber le ganó a Macri un procesamiento en el ejercicio de sus funciones.
Macri, y no sus carteles, apostó solo por un lugar para pocos: para quienes no viajan en transporte público, no se atienden en hospitales, no tienen problemas de vivienda, no educan a sus hijos en escuelas públicas, y siguen las firmas. Así, en un contexto de crecimiento económico y de aumento de los recursos del Estado, mientras desde el gobierno nacional se implementaron políticas para la ampliación de derechos, desde el gobierno de Macri se destinaron recursos y esfuerzos a reducirlos.
Economista AEDA.
PD. ya bajaron los decibeles del trinfalismo, hoy Macri reconoció a Clarín que va a 2a vuelta y contra Filmus, incluso especuló con perder. Qué rápido se revientan los globos multicolores.