No me considero ateo. Soy, como mínimo agnóstico, con mi mente educada para el pensamiento racional y científico, consciente de que de vez en cuando una teoría nueva venga a hacer temblar y a menudo derrumbar totalmente y reemplazar preceptos antes dados por sentado.
Bien, me gusta leer de todo, aunque lo que lea no se lleve con mi modo de percibir el cosmos, y a veces busco especialmente esa divergencia.
Caí en el autor de Flashforward, Robert J. Sawyer, por el interés que me provocó la serie. La novela se deja leer. Y seguí con otras novelas del mismo autor. Leí Vuelta Atrás, Cambio de Esquemas y Calculando a Dios. Ninguna de ellas es gran cosa, per de cada una extraje algún concepto interesante.
En Calculando a Dios (Calculating God - 2000) unos alienígenas visitan Canadá y la sorpresa del protagonista, un paleontólogo ateo, es que estos alienígenas, siendo mucho más avanzados tecnológicamente que nosotros, tenían el concepto de Dios y creían en su existencia por supuesto no de la manera en que algunas religiones lo presentan, sino como "algo" que planeó el universo como un crisol para formar vida, y tál vez la vida orgánica sea solo un paso hacia algún estado posterior y superior de existencia (inteligencia).
Me permití armar este parrafo, eliminando diálogos y personajes, para dejar en limpio el razonamiento usado, con simples hechos científicos reales que terminan haciéndonos pensar en que no hay que ser demasiado terminantes, en lo que se refiere a este tema. De hecho el agnosticismo no se refiere a negación, sino a establecer que tál concepto está más allá del entendimiento humano.
No pretendo disertar ni discutir sobre el tema, solamente estoy compartiendo algo que disfruté leyendo porque me obligó a pensar de otra forma.
Ahí va:
Estamos hechos de elementos pesados: carbono, oxígeno, nitrógeno, potasio, hierro y demás. Prácticamente, los únicos elementos que existían cuando nació el universo eran el hidrógeno y el helio, en una proporción más o menos de tres a uno. Pero en los hornos nucleares de las estrellas, el hidrógeno se fusiona formando elementos más pesados, produciendo carbono, oxígeno, y el resto de la tabla periódica. Todos los elementos pesados que forman nuestros cuerpos se fraguaron en los núcleos de estrellas muertas hace mucho tiempo.
«Somos todos polvo de estrellas», Carl Sagan.
Los científicos se refieren a nosotros como formas de vida basadas en el carbono. Pero el hecho de que el carbono se produzca en las estrellas depende de forma importante de los estados de resonancia de los núcleos de carbono. Para producir carbono, dos núcleos de helio deben permanecer juntos hasta que les golpee otro núcleo más tres núcleos de helio ofrecen seis neutrones y seis protones, la receta del carbono. Pero si el nivel de resonancia del carbono fuese sólo un cuatro por cierto menor, la unión par intermedia no podría producirse, y no se fabricaría carbono, lo que haría que la química orgánica fuese imposible. Pero producir carbono, y los otros elementos pesados, no es suficiente, evidentemente. Esos elementos pesados se encuentran en la Tierra porque una fracción de las estrellas se convirtió en supernovas, lanzando sus productos de fusión al espacio interestelar.
¿Qué le sucedería a la Tierra si una estrella cercana se convirtiese en supernova?
Si estuviésemos lo suficientemente cerca, quedaríamos fritos. En los años setenta, Dale Russell defendió la idea de una explosión cercana de supernova como la causa de las extinciones al final del Cretácico.
Si se hubiese producido una supernova local en cualquier momento de los últimos miles de millones de años, no estaríamos aquí.
Por tanto, las supernovas no pueden ser demasiado habituales, y... tampoco deben de ser demasiado escasas. Las ondas de choque producidas por las explosiones de supernova son las que hacen que los sistemas planetarios empiecen a formarse a partir de las nubes de polvo que rodean otras estrellas. En otras palabras, si no hubiese habido ninguna supernova en las cercanías del sol, los nueve planetas que lo orbitan no se hubiesen formado nunca.
Algunas estrellas deben convertirse en supernovas para fabricar los elementos pesados disponibles para la formación de la vida si son demasiadas, acabarían con toda la vida que apareciese. Pero si no son suficientes, habrá muy pocos sistemas planetarios. Al igual que con las constantes físicas fundamentales y los niveles de resonancia del carbono, la tasa de formación de supernovas parece, una vez más, haber sido escogida con un margen muy estrecho de posibles valores aceptables cualquier desviación sustancial implicaría un universo sin vida o incluso sin planetas.
También podría ser pura coincidencia.
O son muchas coincidencias unas apiladas sobre otras, o es un diseño deliberado.
Hay más. Consideremos el agua, por ejemplo. Todas las formas de vida que conocemos evolucionaron en el agua, y todas ellas la exigen para sus procesos biológicos. Y aunque el agua parece ser químicamente simple, sólo dos átomos de hidrógeno enlazados con uno de oxígeno es, sin embargo, una sustancia tremendamente extraña. Como sabemos, la mayoría de los compuestos se contraen al enfriarse y se expanden al calentarse. El agua también lo hace, justo antes del punto de congelación. Entonces hace algo asombroso: comienza a expandirse, incluso mientras va enfriándose, de forma que para cuando se congela, es menos densa que cuando era un líquido. Es por eso, evidentemente, que el hielo flota en lugar de hundirse. Estamos tan acostumbrados a verlo, ya sea en los cubos de hielo en una bebida o la capa de hielo sobre un estanque, que normalmente no le prestamos atención. Pero otras sustancias no hacen tal cosa: el dióxido de carbono congelado, hielo seco, se hunde en el dióxido de carbono líquido un lingote de plomo se hundiría en una cuba de plomo líquido.
Pero el hielo flota y si no lo hiciese la vida sería imposible. Si los lagos y océanos se congelasen desde el fondo hacia arriba, no existirían ecologías en el fondo de los lagos o en los lechos marinos aparte de en las zonas ecuatoriales. Es más, una vez que empezasen a congelarse, las masas de agua se congelarían por completo y así se quedarían para siempre son las corrientes moviéndose bajo la superficie las que fomentan la descongelación en la primavera es por eso que los glaciares, que no tienen tales corrientes bajo su superficie, existen durante milenios en tierra adyacente a lagos líquidos.
Pero ese extraño comportamiento de expandirse antes de congelarse no es ni de lejos la única propiedad térmica del agua. De hecho, posee siete parámetros térmicos diferentes, cada uno de ellos único, o casi, en el mundo químico, y todos ellos independientemente necesarios para la existencia de la vida. Las probabilidades de que cada uno de ellos tenga el valor aberrante que posee debe multiplicarse por las probabilidades de los otros seis que también son aberrantes.
La probabilidad de que el agua tenga esas especiales propiedades térmicas es casi nula.
Casi.
Tampoco la naturaleza especial del agua termina con las propiedades térmicas. De todas las sustancias, sólo el selenio líquido tiene una tensión superficial mayor que el agua. Y es la alta tensión superficial del agua lo que la permite penetrar hasta las profundidades de las grietas de las rocas y, como ya hemos comentado, el agua se comporta de forma increíble y se expande al congelarse, rompiendo las rocas en pedazos. Si el agua tuviese una tensión superficial menor, el proceso que permite la formación del suelo no se produciría. Más: si la viscosidad del agua fuese mayor, los sistemas circulatorios no evolucionarían... el plasma sanguíneo es esencialmente agua marina, pero no hay procesos bioquímicos que pudiesen alimentar un corazón que tuviese que bombear algo sustancialmente más viscoso durante un tiempo apreciable.
Podríamos continuar, hablando de los asombrosos y cuidadosamente ajustados parámetros que hacen que la vida sea posible, pero la realidad es simplemente ésta: si cualquiera de ellos, cualquiera en esta larga serie, fuese diferente, no habría vida en el universo. O somos el golpe de suerte más increíble imaginable... algo mucho más improbable que el que alguien ganase la Lotería Nacional cada semana durante todo un siglo... o el universo y sus componentes fueron diseñados, a propósito y con gran cuidado, para dar lugar a la vida.
Aunque siguen siendo pruebas indirectas de la existencia de Dios.
Incluso dentro de nuestra propia especie, los ateos pertenecemos a una reducida minoría. De acuerdo a un programa de la CNN, sólo hay 220 millones de ateos en este planeta... de una población de 6.000 millones. No es más que un tres por ciento del total.
Si bien la verdad de los hechos fácticos no es una cuestión democrática. La mayor parte de la gente no piensa críticamente.
Para los que estamos entrenados para pensar de forma crítica, luego de esta descripción de por qué debe de existir Dios... o al menos, por qué debe de haber existido en alguna ocasión... en términos matemáticos que están tan cerca de la certidumbre como podría estarlo cualquier otro elemento científico. Y aun así seguimos negando su existencia. Es casi un acto de fe!
Gracias a los que llegaron hasta el final. A los demás también.