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Mujer blanca, latinoamericana, de clase media.





Thread creado por Cincobesos el 30/08/2010 11:45:11 pm. Fue Leido 7012 Veces y se han publicado 43 mensajes.








30/08/2010 11:45:11 pm 
       25                           
Cincobesos


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Orgullo y prejuicio

Por Alicia Dujovne Ortiz, escritora


Hace unos años tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo después de Rigoberta Menchú. La dirigente guatemalteca dedicó íntegramente la hora que le habían asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas indígenas. Cuando me llegó el turno de empezar mi discursito, no tuve más remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo reír no sólo a los estudiantes, sino también a Rigoberta. Con todo, aún me llevó un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podría caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus orígenes sociales y el entrañable apego a sus orígenes étnicos.
El detonador que me permitió llegar a esta obvia comprobación fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intentó aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotografías de nuestras porteñas medio pelo, uniformemente teñidas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del “campo”, se habría reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirigía para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad soñada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, habían visto desde el tren, pero que formaba parte de sus más fervientes deseos.
Entre las fantasías de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se subían al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patriótica iba acompañada por una fuerte presencia física que Rigoberta, de haber visto las fotos, habría captado en un relámpago. Quienes enarbolaban la bandera como sumándola a sus propiedades eran los descendientes (blancos) de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja (de indio), y los que las poseen porque el gringo, en efecto, llegó con el monito al hombro y trabajó duro. Hermosa historia, esta última, que lo sería aún más si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quizás al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.
Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada contenía un mensaje muy claro: todo gobierno y formación política que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logró conservar su oreja, serán objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejarán perplejos, mientras no hayamos determinado dónde están su cogollo, su núcleo o su corazón. ¿Dónde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.
Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubrió la verdad: nos habían engañado vilmente, no éramos el Canadá. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco años antes, el aluvión zoológico ha invadido Buenos Aires para elevar a Perón a un rango que a él mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvión picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis tías, a las que podría caracterizar como de clase media con veleidades (¿pero acaso hay clase media que no las tenga?), se sorprenden del espectáculo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol (primera compra indispensable al pisar la Capital), y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel día, no hubo conversación familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que decía caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta años después, ni mi vecino gallego ni los múltiples choferes de taxi a los que todavía, sacrificadamente, presto oídos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo así.
Vivo desde hace más de treinta años en un pais xenófobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no país. Como nación reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al autóctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras (a menos que se considere la sojización del territorio como una nueva Campaña del Desierto). En eso somos coherentes: nuestro país empezó desembarazándose de sus habitantes bronceados, como diría Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigración carapálida. En la base de nuestra creación está el racismo.
Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase económica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y egoísta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguirá manejando gobiernos para evitar el mínimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como decía el General, pero habrá que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categoría a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.
Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que añore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cayó tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volvía súbita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: sólo una buena crisis reveladora del fin de este sistema será capaz de movilizar a los que aún ignoran los signos de la agonía.
El comportamiento lúcido y generoso, anunciador de una muerte soñada (la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido), habrá durado un mes todavía tenemos mucho Macri, mucho De Narváez, mucho facineroso por delante y los choferes de taxi aún proclamarán sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desazón ante un fascismo inconsciente de sí mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca debí presentarme a mí misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasión de hacer reír a mi admirada Rigoberta Menchú


31/08/2010 12:17:44 am 
       10                           
micha


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q lindo te sienta el cambio de avatar....

¿q habia un articulo para leer?




31/08/2010 01:04:53 am 
       3                           
Entre leer mongolidades de un clasismo típico de los yanquis y ver tu avatar no hay por donde perderse


31/08/2010 07:30:44 am 
       9                           
sadeyes1


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escribió:
Orgullo y prejuicioPor Alicia Dujovne Ortiz, escritora Hace unos a�os tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo despu�s de Rigoberta Mench�. La dirigente guatemalteca dedic� �ntegramente la hora que le hab�an asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas ind�genas. Cuando me lleg� el turno de empezar mi discursito, no tuve m�s remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo re�r no s�lo a los estudiantes, sino tambi�n a Rigoberta. Con todo, a�n me llev� un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podr�a caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus or�genes sociales y el entra�able apego a sus or�genes �tnicos.El detonador que me permiti� llegar a esta obvia comprobaci�n fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intent� aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotograf�as de nuestras porte�as medio pelo, uniformemente te�idas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del �campo�, se habr�a reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirig�a para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad so�ada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, hab�an visto desde el tren, pero que formaba parte de sus m�s fervientes deseos.Entre las fantas�as de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se sub�an al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patri�tica iba acompa�ada por una fuerte presencia f�sica que Rigoberta, de haber visto las fotos, habr�a captado en un rel�mpago. Quienes enarbolaban la bandera como sum�ndola a sus propiedades eran los descendientes blancos de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja de indio, y los que las poseen porque el gringo, en efecto, lleg� con el monito al hombro y trabaj� duro. Hermosa historia, esta �ltima, que lo ser�a a�n m�s si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quiz�s al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada conten�a un mensaje muy claro: todo gobierno y formaci�n pol�tica que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logr� conservar su oreja, ser�n objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejar�n perplejos, mientras no hayamos determinado d�nde est�n su cogollo, su n�cleo o su coraz�n. �D�nde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubri� la verdad: nos hab�an enga�ado vilmente, no �ramos el Canad�. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco a�os antes, el aluvi�n zool�gico ha invadido Buenos Aires para elevar a Per�n a un rango que a �l mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvi�n picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis t�as, a las que podr�a caracterizar como de clase media con veleidades �pero acaso hay clase media que no las tenga?, se sorprenden del espect�culo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol primera compra indispensable al pisar la Capital, y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel d�a, no hubo conversaci�n familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que dec�a caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta a�os despu�s, ni mi vecino gallego ni los m�ltiples choferes de taxi a los que todav�a, sacrificadamente, presto o�dos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo as�.Vivo desde hace m�s de treinta a�os en un pais xen�fobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no pa�s. Como naci�n reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al aut�ctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras a menos que se considere la sojizaci�n del territorio como una nueva Campa�a del Desierto. En eso somos coherentes: nuestro pa�s empez� desembaraz�ndose de sus habitantes bronceados, como dir�a Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigraci�n carap�lida. En la base de nuestra creaci�n est� el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase econ�mica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y ego�sta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguir� manejando gobiernos para evitar el m�nimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como dec�a el General, pero habr� que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categor�a a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que a�ore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cay� tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volv�a s�bita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: s�lo una buena crisis reveladora del fin de este sistema ser� capaz de movilizar a los que a�n ignoran los signos de la agon�a.El comportamiento l�cido y generoso, anunciador de una muerte so�ada la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido, habr� durado un mes todav�a tenemos mucho Macri, mucho De Narv�ez, mucho facineroso por delante y los choferes de taxi a�n proclamar�n sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desaz�n ante un fascismo inconsciente de s� mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca deb� presentarme a m� misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasi�n de hacer re�r a mi admirada Rigoberta Mench�



Alicia Dujovne Ortiz.....mmm..... no es la que dijo en una Para Tí ( ) "Estoy contenta con la Argentina de Kirchner" ???? y "´´Veo a la Argentina muchísimo mejor de lo que la hubiera soñado (...) Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido´ (ver).

El pequeño detalle es que "vive hace 30 años en Francia"


Bue, no hay mucho mas para decir de esta impresentable "de clase media" que pasea por Paris....


31/08/2010 07:41:35 am 
       6                           
Alicia Dujovne Ortiz nació en Buenos Aires y vive en Toulouse, Francia, desde 1978. Tiene una larga trayectoria como periodista. Colaboró con los periódicos La Opinión y La Nación (Argentina), Excelsior (México), La Vanguardia (España) y Le Monde (Francia). Ha publicado libros de poesía y narrativa y las biografías María Elena Walsh y Maradona soy yo. Su libro Eva Perón. La biografía (1995) ha sido celebrado unánimemente en la Argentina y en el mundo. Fue asesora de la prestigiosa editorial Gallimard. En 1986 recibió la beca de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. Sus dos últimos libros, El árbol de la gitana (1997) y Mireya (1998), rubricaron la madurez narrativa de esta autora.

Si, seguramente desde Francia debe haber sido muy interesante ver lo que pasaba acá en el 2001.


31/08/2010 08:01:01 am 
       3                           
aquinov


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bueno intente leer el articulo pero me distraje viendo tu avatar


31/08/2010 08:10:03 am 
       0                           
Cincobesos


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Nunca los leí decir lo mismo de Cortázar, pero bueh...


31/08/2010 12:27:26 pm 
       1                           
TAXSES


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sadeyes1 escribió:
El peque�o detalle es que ive hace 30 a�os en Francia Bue, no hay mucho mas para decir de esta impresentable de clase media que pasea por Paris....


capo...


31/08/2010 02:00:30 pm 
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sadeyes1 escribió:

escribió:
Orgullo y prejuicioPor Alicia Dujovne Ortiz, escritora Hace unos a�os tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo despu�s de Rigoberta Mench�. La dirigente guatemalteca dedic� �ntegramente la hora que le hab�an asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas ind�genas. Cuando me lleg� el turno de empezar mi discursito, no tuve m�s remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo re�r no s�lo a los estudiantes, sino tambi�n a Rigoberta. Con todo, a�n me llev� un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podr�a caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus or�genes sociales y el entra�able apego a sus or�genes �tnicos.El detonador que me permiti� llegar a esta obvia comprobaci�n fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intent� aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotograf�as de nuestras porte�as medio pelo, uniformemente te�idas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del �campo�, se habr�a reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirig�a para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad so�ada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, hab�an visto desde el tren, pero que formaba parte de sus m�s fervientes deseos.Entre las fantas�as de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se sub�an al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patri�tica iba acompa�ada por una fuerte presencia f�sica que Rigoberta, de haber visto las fotos, habr�a captado en un rel�mpago. Quienes enarbolaban la bandera como sum�ndola a sus propiedades eran los descendientes blancos de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja de indio, y los que las poseen porque el gringo, en efecto, lleg� con el monito al hombro y trabaj� duro. Hermosa historia, esta �ltima, que lo ser�a a�n m�s si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quiz�s al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada conten�a un mensaje muy claro: todo gobierno y formaci�n pol�tica que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logr� conservar su oreja, ser�n objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejar�n perplejos, mientras no hayamos determinado d�nde est�n su cogollo, su n�cleo o su coraz�n. �D�nde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubri� la verdad: nos hab�an enga�ado vilmente, no �ramos el Canad�. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco a�os antes, el aluvi�n zool�gico ha invadido Buenos Aires para elevar a Per�n a un rango que a �l mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvi�n picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis t�as, a las que podr�a caracterizar como de clase media con veleidades �pero acaso hay clase media que no las tenga?, se sorprenden del espect�culo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol primera compra indispensable al pisar la Capital, y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel d�a, no hubo conversaci�n familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que dec�a caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta a�os despu�s, ni mi vecino gallego ni los m�ltiples choferes de taxi a los que todav�a, sacrificadamente, presto o�dos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo as�.Vivo desde hace m�s de treinta a�os en un pais xen�fobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no pa�s. Como naci�n reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al aut�ctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras a menos que se considere la sojizaci�n del territorio como una nueva Campa�a del Desierto. En eso somos coherentes: nuestro pa�s empez� desembaraz�ndose de sus habitantes bronceados, como dir�a Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigraci�n carap�lida. En la base de nuestra creaci�n est� el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase econ�mica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y ego�sta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguir� manejando gobiernos para evitar el m�nimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como dec�a el General, pero habr� que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categor�a a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que a�ore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cay� tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volv�a s�bita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: s�lo una buena crisis reveladora del fin de este sistema ser� capaz de movilizar a los que a�n ignoran los signos de la agon�a.El comportamiento l�cido y generoso, anunciador de una muerte so�ada la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido, habr� durado un mes todav�a tenemos mucho Macri, mucho De Narv�ez, mucho facineroso por delante y los choferes de taxi a�n proclamar�n sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desaz�n ante un fascismo inconsciente de s� mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca deb� presentarme a m� misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasi�n de hacer re�r a mi admirada Rigoberta Mench�


Alicia Dujovne Ortiz.....mmm..... no es la que dijo en una Para Tí Estoy contenta con la Argentina de Kirchner ???? y ´´Veo a la Argentina muchísimo mejor de lo que la hubiera soñado ... Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido´ www.parati.com.ar/nota.php?ID=5122 ver.

El pequeño detalle es que ive hace 30 años en Francia


Bue, no hay mucho mas para decir de esta impresentable de clase media que pasea por Paris....




Bueno, yo también creo que Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido y no paseo por Paris.



31/08/2010 02:41:47 pm 
       1                           
danishi


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se viene otro comix de la marvel y transcurre en estas pampas!!! se llama "Yi-Yi" aka Gaucho Garca


31/08/2010 02:48:24 pm 
       2                           
sadeyes1


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valeria67 escribió:

sadeyes1 escribió:

escribió:
Orgullo y prejuicioPor Alicia Dujovne Ortiz, escritora Hace unos a�os tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo despu�s de Rigoberta Mench�. La dirigente guatemalteca dedic� �ntegramente la hora que le hab�an asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas ind�genas. Cuando me lleg� el turno de empezar mi discursito, no tuve m�s remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo re�r no s�lo a los estudiantes, sino tambi�n a Rigoberta. Con todo, a�n me llev� un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podr�a caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus or�genes sociales y el entra�able apego a sus or�genes �tnicos.El detonador que me permiti� llegar a esta obvia comprobaci�n fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intent� aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotograf�as de nuestras porte�as medio pelo, uniformemente te�idas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del �campo�, se habr�a reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirig�a para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad so�ada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, hab�an visto desde el tren, pero que formaba parte de sus m�s fervientes deseos.Entre las fantas�as de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se sub�an al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patri�tica iba acompa�ada por una fuerte presencia f�sica que Rigoberta, de haber visto las fotos, habr�a captado en un rel�mpago. Quienes enarbolaban la bandera como sum�ndola a sus propiedades eran los descendientes blancos de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja de indio, y los que las poseen porque el gringo, en efecto, lleg� con el monito al hombro y trabaj� duro. Hermosa historia, esta �ltima, que lo ser�a a�n m�s si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quiz�s al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada conten�a un mensaje muy claro: todo gobierno y formaci�n pol�tica que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logr� conservar su oreja, ser�n objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejar�n perplejos, mientras no hayamos determinado d�nde est�n su cogollo, su n�cleo o su coraz�n. �D�nde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubri� la verdad: nos hab�an enga�ado vilmente, no �ramos el Canad�. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco a�os antes, el aluvi�n zool�gico ha invadido Buenos Aires para elevar a Per�n a un rango que a �l mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvi�n picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis t�as, a las que podr�a caracterizar como de clase media con veleidades �pero acaso hay clase media que no las tenga?, se sorprenden del espect�culo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol primera compra indispensable al pisar la Capital, y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel d�a, no hubo conversaci�n familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que dec�a caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta a�os despu�s, ni mi vecino gallego ni los m�ltiples choferes de taxi a los que todav�a, sacrificadamente, presto o�dos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo as�.Vivo desde hace m�s de treinta a�os en un pais xen�fobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no pa�s. Como naci�n reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al aut�ctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras a menos que se considere la sojizaci�n del territorio como una nueva Campa�a del Desierto. En eso somos coherentes: nuestro pa�s empez� desembaraz�ndose de sus habitantes bronceados, como dir�a Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigraci�n carap�lida. En la base de nuestra creaci�n est� el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase econ�mica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y ego�sta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguir� manejando gobiernos para evitar el m�nimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como dec�a el General, pero habr� que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categor�a a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que a�ore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cay� tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volv�a s�bita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: s�lo una buena crisis reveladora del fin de este sistema ser� capaz de movilizar a los que a�n ignoran los signos de la agon�a.El comportamiento l�cido y generoso, anunciador de una muerte so�ada la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido, habr� durado un mes todav�a tenemos mucho Macri, mucho De Narv�ez, mucho facineroso por delante y los choferes de taxi a�n proclamar�n sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desaz�n ante un fascismo inconsciente de s� mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca deb� presentarme a m� misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasi�n de hacer re�r a mi admirada Rigoberta Mench�


Alicia Dujovne Ortiz.....mmm..... no es la que dijo en una Para Tí Estoy contenta con la Argentina de Kirchner ???? y ´´Veo a la Argentina muchísimo mejor de lo que la hubiera soñado ... Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido´ www.parati.com.ar/nota.php?ID=5122 ver.

El pequeño detalle es que ive hace 30 años en Francia


Bue, no hay mucho mas para decir de esta impresentable de clase media que pasea por Paris....



Bueno, yo también creo que Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido y no paseo por Paris.



Ah..... re interesante


31/08/2010 02:58:44 pm 
      -2                           

sadeyes1 escribió:

valeria67 escribió:

sadeyes1 escribió:

escribió:
Orgullo y prejuicioPor Alicia Dujovne Ortiz, escritora Hace unos a�os tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo despu�s de Rigoberta Mench�. La dirigente guatemalteca dedic� �ntegramente la hora que le hab�an asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas ind�genas. Cuando me lleg� el turno de empezar mi discursito, no tuve m�s remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo re�r no s�lo a los estudiantes, sino tambi�n a Rigoberta. Con todo, a�n me llev� un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podr�a caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus or�genes sociales y el entra�able apego a sus or�genes �tnicos.El detonador que me permiti� llegar a esta obvia comprobaci�n fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intent� aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotograf�as de nuestras porte�as medio pelo, uniformemente te�idas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del �campo�, se habr�a reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirig�a para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad so�ada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, hab�an visto desde el tren, pero que formaba parte de sus m�s fervientes deseos.Entre las fantas�as de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se sub�an al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patri�tica iba acompa�ada por una fuerte presencia f�sica que Rigoberta, de haber visto las fotos, habr�a captado en un rel�mpago. Quienes enarbolaban la bandera como sum�ndola a sus propiedades eran los descendientes blancos de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja de indio, y los que las poseen porque el gringo, en efecto, lleg� con el monito al hombro y trabaj� duro. Hermosa historia, esta �ltima, que lo ser�a a�n m�s si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quiz�s al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada conten�a un mensaje muy claro: todo gobierno y formaci�n pol�tica que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logr� conservar su oreja, ser�n objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejar�n perplejos, mientras no hayamos determinado d�nde est�n su cogollo, su n�cleo o su coraz�n. �D�nde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubri� la verdad: nos hab�an enga�ado vilmente, no �ramos el Canad�. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco a�os antes, el aluvi�n zool�gico ha invadido Buenos Aires para elevar a Per�n a un rango que a �l mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvi�n picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis t�as, a las que podr�a caracterizar como de clase media con veleidades �pero acaso hay clase media que no las tenga?, se sorprenden del espect�culo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol primera compra indispensable al pisar la Capital, y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel d�a, no hubo conversaci�n familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que dec�a caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta a�os despu�s, ni mi vecino gallego ni los m�ltiples choferes de taxi a los que todav�a, sacrificadamente, presto o�dos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo as�.Vivo desde hace m�s de treinta a�os en un pais xen�fobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no pa�s. Como naci�n reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al aut�ctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras a menos que se considere la sojizaci�n del territorio como una nueva Campa�a del Desierto. En eso somos coherentes: nuestro pa�s empez� desembaraz�ndose de sus habitantes bronceados, como dir�a Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigraci�n carap�lida. En la base de nuestra creaci�n est� el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase econ�mica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y ego�sta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguir� manejando gobiernos para evitar el m�nimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como dec�a el General, pero habr� que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categor�a a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que a�ore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cay� tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volv�a s�bita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: s�lo una buena crisis reveladora del fin de este sistema ser� capaz de movilizar a los que a�n ignoran los signos de la agon�a.El comportamiento l�cido y generoso, anunciador de una muerte so�ada la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido, habr� durado un mes todav�a tenemos mucho Macri, mucho De Narv�ez, mucho facineroso por delante y los choferes de taxi a�n proclamar�n sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desaz�n ante un fascismo inconsciente de s� mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca deb� presentarme a m� misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasi�n de hacer re�r a mi admirada Rigoberta Mench�


Alicia Dujovne Ortiz.....mmm..... no es la que dijo en una Para Tí Estoy contenta con la Argentina de Kirchner ???? y ´´Veo a la Argentina muchísimo mejor de lo que la hubiera soñado ... Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido´ www.parati.com.ar/nota.php?ID=5122 ver.

El pequeño detalle es que ive hace 30 años en Francia


Bue, no hay mucho mas para decir de esta impresentable de clase media que pasea por Paris....



Bueno, yo también creo que Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido y no paseo por Paris.



Ah..... re interesante



¿NOCIERTO?


31/08/2010 03:02:25 pm 
       0                           

Cincobesos escribió:
Nunca los leí decir lo mismo de Cortázar, pero bueh...



¿Cuál es la relación?


31/08/2010 03:34:50 pm 
       0                           
En argentina tenemos un adjetivo, si bien unisex, para el sujeto del texto que es "tilinga", "Clase Media Tilinga"

Todo esto me trajo a la memoria a "hasta cuando", memorable segmento radial de D. Capusotto y por lejos la mejor descripción de esa tilingería.





31/08/2010 03:36:09 pm 
      -2                           

Kyrie escribió:

Cincobesos escribió:
Nunca los leí decir lo mismo de Cortázar, pero bueh...


¿Cuál es la relación?






31/08/2010 04:01:44 pm 
       0                           

valeria67 escribió:

sadeyes1 escribió:

valeria67 escribió:

sadeyes1 escribió:

escribió:
Orgullo y prejuicioPor Alicia Dujovne Ortiz, escritora Hace unos a�os tuve el honor de hablar en una universidad norteamericana, justo despu�s de Rigoberta Mench�. La dirigente guatemalteca dedic� �ntegramente la hora que le hab�an asignado para tronar contra las mujeres blancas latinoamericanas de clase media, incapaces de solidaridad para con sus hermanas ind�genas. Cuando me lleg� el turno de empezar mi discursito, no tuve m�s remedio que presentarme como una mujer blanca latinoamericana de clase media, cosa que hizo re�r no s�lo a los estudiantes, sino tambi�n a Rigoberta. Con todo, a�n me llev� un tiempito darme cuenta de que la clase media, femenina o no, se define justamente por eso, su falta de solidaridad. Es una clase que en la Argentina se podr�a caracterizar a partir de dos rasgos prominentes, la infidelidad a sus or�genes sociales y el entra�able apego a sus or�genes �tnicos.El detonador que me permiti� llegar a esta obvia comprobaci�n fue la guerra de la soja, desencadenada cuando el gobierno argentino intent� aplicar las retenciones. Si Rigoberta hubiera visto las fotograf�as de nuestras porte�as medio pelo, uniformemente te�idas de rubio y con la escarapela y el sombrero de gaucho en defensa del �campo�, se habr�a reafirmado en su idea: la solidaridad de esas blancas de clase media no se dirig�a para nada a sus hermanas del Norte, echadas de sus campitos por el avance de la planta asesina, no. Era una solidaridad so�ada, imaginaria y fantasmal para con los grandes propietarios de una tierra que ellas mismas, con suerte, hab�an visto desde el tren, pero que formaba parte de sus m�s fervientes deseos.Entre las fantas�as de esa batalla cerealera figuraba, por supuesto, la pampa gringa. Envueltos en los colores patrios y sacando panza virilmente ante la adversidad, los bien alimentados revolucionarios, calcados en el modelo De Angeli, el de chacarero buenazo y campechano, se sub�an al tractor para defender, heroicos, a sus hermanos estancieros. La oleada patri�tica iba acompa�ada por una fuerte presencia f�sica que Rigoberta, de haber visto las fotos, habr�a captado en un rel�mpago. Quienes enarbolaban la bandera como sum�ndola a sus propiedades eran los descendientes blancos de dos clases de argentinos: los que poseen dichas propiedades porque sus antepasados las obtuvieron a fuerza de oreja de indio, y los que las poseen porque el gringo, en efecto, lleg� con el monito al hombro y trabaj� duro. Hermosa historia, esta �ltima, que lo ser�a a�n m�s si quienes descienden de la nave no se aliaran con quienes descienden de la matanza, alianza contranatura que quiz�s al abuelo laburante le hubiera hecho poca gracia.Volviendo a los cacerolazos pro-soja, esa presencia corporal fuertemente acentuada conten�a un mensaje muy claro: todo gobierno y formaci�n pol�tica que, mal o bien, defiendan a quienes no descienden del barco sino del indio que logr� conservar su oreja, ser�n objeto de un odio cuya ferocidad e irracionalidad nos dejar�n perplejos, mientras no hayamos determinado d�nde est�n su cogollo, su n�cleo o su coraz�n. �D�nde? Por si no se ha entendido, en el tono de piel.Haber alcanzado una edad provecta me permite recordar el momento en que la clase media de Buenos Aires descubri� la verdad: nos hab�an enga�ado vilmente, no �ramos el Canad�. La escena transcurre en Plaza Italia, alrededor de 1950. Cinco a�os antes, el aluvi�n zool�gico ha invadido Buenos Aires para elevar a Per�n a un rango que a �l mismo lo aterra un poco. Y este domingo memorable, ese mismo aluvi�n picniquea tranquilamente sobre el pastito, bajo la estatua de Garibaldi, mientras mis t�as, a las que podr�a caracterizar como de clase media con veleidades �pero acaso hay clase media que no las tenga?, se sorprenden del espect�culo. De no creer: una punta de tapes peloduro, con jopo engominado y anteojos de sol primera compra indispensable al pisar la Capital, y de chinas con las piernas sembradas de picaduras violetas, aceptadas, vaye y pase, como mucamas, frente a la escasez de gallegas que han ido pelechando, pero inadmisibles arriba de ese pasto sagrado. A partir de aquel d�a, no hubo conversaci�n familiar que no girara alrededor de dos temas: los errores de lenguaje de Evita que dec�a caiga quien caiga y no quien cayere, y los cabecitas que nos agreden con su presencia en pleno asfalto. Sesenta a�os despu�s, ni mi vecino gallego ni los m�ltiples choferes de taxi a los que todav�a, sacrificadamente, presto o�dos, se asombran de ver negros, pero afirman que a las negras hay que juntarles las trompas para que no sigan pariendo as�.Vivo desde hace m�s de treinta a�os en un pais xen�fobo, Francia, donde la clase media aprueba a Sarkozy porque carga a los malianos en vuelos charter rumbo a Mali y expulsa a los gitanos rumbo a su no pa�s. Como naci�n reciente que somos, nosotros nos hemos inventado una variante, la autoxenofobia o fobia al aut�ctono. El aludido chiste de clase media, ese del argentino que desciende del barco, expulsa de nuestra historia al habitante original, a falta de poder expulsarlo de veras a menos que se considere la sojizaci�n del territorio como una nueva Campa�a del Desierto. En eso somos coherentes: nuestro pa�s empez� desembaraz�ndose de sus habitantes bronceados, como dir�a Berlusconi, y abriendo los brazos a la inmigraci�n carap�lida. En la base de nuestra creaci�n est� el racismo.Tras haber cargado las tintas, conviene matizar: la clase media argentina, nacida de ese llamamiento racista, oculta un miedo y una angustia que le confieren interesantes posibilidades. Se acuerda de la miseria pasada, porque el abuelo se lo ha contado, y teme la miseria por venir. Aun a riesgo de reiterar el sonsonete, es una clase econ�mica y culturalmente productiva. De la clase alta, superficial, tilinga y ego�sta, hay poco que esperar: nunca ha temido nada, nunca se ha angustiado por nada, posee lo suyo como por derecho divino y seguir� manejando gobiernos para evitar el m�nimo peligro de reforma agraria. La clase baja o el pueblo son indiscutiblemente lo mejor que tenemos en la Argentina, como dec�a el General, pero habr� que esperar a que consiga ser escuchada. Dentro de ese panorama, el presente sigue siendo de clase media, incluyendo dentro de esa categor�a a los desclasados que son su flor y nata porque, en el camino hacia la inteligencia, salirse de su clase es un paso esencial.Este diario me ha pedido una nota sobre el comportamiento de la clase media argentina en tiempo de crisis. No es que a�ore ni pronostique una crisis mayor como la de 2001, pero confieso que nunca me cay� tan bien esa clase en su conjunto como aquella vez. La perspectiva de ir a parar a la Villa la volv�a s�bita y universalmente solidaria, lo cual confirmaba las intuiciones de los partidarios del decrecimiento, que comparto por entero: s�lo una buena crisis reveladora del fin de este sistema ser� capaz de movilizar a los que a�n ignoran los signos de la agon�a.El comportamiento l�cido y generoso, anunciador de una muerte so�ada la del capitalismo, por si de nuevo no se ha entendido, habr� durado un mes todav�a tenemos mucho Macri, mucho De Narv�ez, mucho facineroso por delante y los choferes de taxi a�n proclamar�n sus funestas intenciones, no de matar a los negros de un saque sino de cortarlos en rebanadas. Pero el chispazo tuvo lugar, y a su recuerdo me aferro cuando la desaz�n ante un fascismo inconsciente de s� mismo, casi inocente a fuerza de ser visceral, me hace pensar que nunca deb� presentarme a m� misma como una mujer blanca latinoamericana de clase media. Nunca, ni en broma, ni para no perderme la ocasi�n de hacer re�r a mi admirada Rigoberta Mench�


Alicia Dujovne Ortiz.....mmm..... no es la que dijo en una Para Tí Estoy contenta con la Argentina de Kirchner ???? y ´´Veo a la Argentina muchísimo mejor de lo que la hubiera soñado ... Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido´ www.parati.com.ar/nota.php?ID=5122 ver.

El pequeño detalle es que ive hace 30 años en Francia


Bue, no hay mucho mas para decir de esta impresentable de clase media que pasea por Paris....



Bueno, yo también creo que Kirchner es lo mejor que nos pudo haber ocurrido y no paseo por Paris.



Ah..... re interesante


¿NOCIERTO?



No lo leí, pero está bueno esto de citar al pedo. Me prendo con un "mirá vos".


31/08/2010 04:52:31 pm 
       0                           

Cincobesos escribió:
Yo no gasté a nadie ante ningún resultado, ni voy a hacerlo. Igual nada me privará de sentir felicidad si pierde España. No por los españoles, más bien por tanto sudamericano a los que parece que un par de euros les transfunde la sangre




Fuente




31/08/2010 05:11:28 pm 
       1                           
Cincobesos


Miembro desde: 13/10/2008

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House27 escribió:

Cincobesos escribió:
Yo no gasté a nadie ante ningún resultado, ni voy a hacerlo. Igual nada me privará de sentir felicidad si pierde España. No por los españoles, más bien por tanto sudamericano a los que parece que un par de euros les transfunde la sangre



www.subdivx.com/X12X67X93409X0X0X2X-argentinosno-caigamos-en-la-tipica-de-selecciones-mediocres-y-sin-historia.html Fuente




Uy, tu obsesión no tiene arreglo. Ya que registrás cada paso que doy ¿por qué no aprovechás y volvés a postear mi dirección y teléfono, enfermo?
Dejame transitar en paz. Estas loco de atar. Pero esta vez voy a hacer la denuncia que corresponde. Vos no tenés límite, y yo no voy a soportarte.


31/08/2010 06:02:13 pm 
       0                           
Yo solo recordé tus dichos (allá por el mundial) y hoy leo esta nota, en fin cuanta contradicción.

Con respecto a la denuncia... HACELA!!! nada ni nadie te detiene.


31/08/2010 06:27:41 pm 
       1                           
Vivi51


Miembro desde: 03/02/2010

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House27 escribió:
Yo solo recordé tus dichos allá por el mundial y hoy leo esta nota, en fin cuanta contradicción. ::



No veo dónde está la contradicción.






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