En tiempos de mi infancia el carnaval era una fiesta. Todos los chicos se disfrazaban y también lo hacían muchos jóvenes para asistir a los tradicionales bailes.
El centro del festejo era el barrio y era sencillo determinar la composición del mismo a través de los disfraces.
En los barrios más acomodados predominaban los disfraces variados y adquiridos. Una profusa propaganda en la contratapa del Billiken durante semanas anteriores al festejo, proponían una amplia gama de posibilidades.
En los barrios humildes, en cambio, predominaban los disfraces ´´caseros´´, hechos en base a ingenio y cosas viejas.
Sin duda el más popular era el de payaso. Con una camisa y un pantalón viejos, con algunos remiendos, un corcho quemado y un lapiz de labios para pintarse la cara y unos zapatos arruinados del viejo con relleno de papel, uno estaba preparado para disfrutar de la fiesta.
El payaso en un principio, asustaba, pero superado el miedo siempre fueron los seres más cercanos al espiritu infantil. Nadie interpreta mejor las necesidades de los chicos que los payasos.
Un sentido homenaje a todos aquellos que curan o alivian el dolor humano a través de una sonrisa y una nariz colorada.
Amigos visiten la pagina de Payasos sin fronteras, vean o revean Patch Adams y por favor, aquellos que lo hacen, dejen de usar el término payaso descalificadoramente, es poco serio y bastante denigrante (para el que lo usa, logicamente).
Un abrazo a todos y siga la fiesta.
Payasos sin fronteras (www.clowns.org)