Esta modalidad condujo a un continuo y creciente deterioro de los sistemas de apoyo vital, alentando demandas que han llegado a superar la producción sostenible de los ecosistemas y han consumido con ritmo creciente las reservas utilizables de los recursos no renovables.
Pareció olvidarse que la civilización dependió y depende por completo de sus recursos naturales y de sus ciclos y períodos de recuperación.
En consecuencia es necesario modificar las modalidades dominantes de producción y consumo introduciendo aportes de la ciencia y la tecnología que reconozcan la existencia de límites en los recursos naturales y en su capacidad productiva, consideren los aspectos humanos y sociales de las comunidades involucradas y los integren en la economía.
Por lo tanto el capital natural ha pasado a ser el factor limitante para un desarrollo económico sostenible.
Consecuentemente, deberán adoptarse estrategias de mitigación y acciones de adaptación, que sean la base del diseño de políticas orientadas a aumentar la protección de los ecosistemas naturales y humanos, sus recursos y servicios ambientales y su productividad, e impulsen su uso racional.
Debido a su extrema complejidad resulta difícil anticipar con precisión la forma e intensidad con la que este problema afectará la continuidad de la vida y de la diversidad biológica en todos sus niveles, y particularmente a la especie humana, pero no cabe duda que sus impactos sobre la naturaleza y la sociedad influirán en los campos biológico, científico, económico, social, jurídico, político y espiritual.
Resulta imperioso, particularmente en nuestro país, mejorar los sistemas de observación y monitorear el comportamiento de las variables que definen la calidad ambiental. Ello permitirá aprovechar efectos beneficiosos en algunas regiones y mostrará en su integridad los impactos desfavorables que probablemente tendrán varias de las siguientes características:
• Aumentará la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos.
• Las sequías e inundaciones se tornarán más frecuentes y éstas últimas aumentarán las cargas de sedimentos y deteriorarán la calidad del agua.
• Los rendimientos de las cosechas experimentarán variaciones, en muchos casos negativas, por la acumulación de efectos del cambio climático y la degradación de los suelos.
• El derretimiento de los hielos polares, de los glaciares, y del permafrost de las latitudes altas, reducirá las escorrentías. Además modificará el albedo y al aumentar la absorción de calor, acelerará el proceso de calentamiento global.
• El aumento del nivel del mar afectará los asentamientos humanos costeros, su infraestructura y sus actividades productivas y aumentará la intrusión de agua salada en estuarios, ríos y aguas subterráneas.
• Disminuirá la disponibilidad de agua dulce en muchas regiones y particularmente donde se produzca la pérdida o retroceso de los grandes reservorios alimentados por glaciares.
• Los cambios en las temperaturas que llevan a su elevación en zonas templadas favorecerán el despliegue de vectores de enfermedades y parásitos en ciertas regiones donde actualmente no existen, afectando a las poblaciones humanas que carecen de la inmunidad adecuada y aumentando la incidencia de plagas agrícolas y enfermedades en el ganado.
• Se acelerará la tasa de pérdida de la diversidad biológica.
Por tala y conversión, los bosques nativos se han reducido y se encuentran seriamente degradados.
Protocolo de Kioto sobre el cambio climático
El Protocolo de Kioto sobre el cambio climático[1] es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases provocadores del calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6), en un porcentaje aproximado de un 5%, dentro del periodo que va desde el año 2008 al 2012, en comparación a las emisiones al año 1990. Por ejemplo, si la contaminación de estos gases en el año 1990 alcanzaba el 100%, al término del año 2012 deberá ser del 95%. Es preciso señalar que esto no significa que cada país deba reducir sus emisiones de gases regulados en un 5%, sino que este es un porcentaje a nivel global y, por el contrario, cada país obligado por Kioto tiene sus propios porcentajes de emisión que debe disminuir.
Este instrumento se encuentra dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), suscrita en 1992 dentro de lo que se conoció como la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. El protocolo vino a dar fuerza vinculante a lo que en ese entonces no pudo hacer la CMNUCC.
Me pareció muy bueno e ilustrativo el artículo y un tanto deprimente saber que el futuro de nuestro planeta no está en nuestras manos, sino en manos de USA, Europa y China. No obstante sigo pensando que debemos colaborar para no agravar el problema.
Fuente: www.olasyvientos.com/.../efecto_invernadero.php