No sé si luchar por esta sociedad, pero sí por ciertos valores mas básicos. No hay mucha diferencia entre el bajar los brazos y la queja sin acción. Muchas veces podemos provocar cambios en la manera de pensar, y, si el entendimiento es profundo, la manera de actuar de las personas. Tal vez uno no llegue al nivel de cambiar a la sociedad (que es el conjunto de individuos que se agrupan para formar una comunidad, entre otras definiciones del término), pero sí podemos lograr pequeños cambios en nuestro entorno cercano. Eso no es poco. No podemos pretender individualmente querer cambiar a un grupo grande de individuos, pero sí podemos esforzarnos para dejar pequeñas cosas a ciertas personas (aunque si cambiamos a una persona de manera importante, quiere decir que nuestra contribución no fué lo pequeña que parecía en un principio).
Por experiencia propia, he comprobado lo importante que es escuchar a los demás, sus problemas, y no tomarlo como una molestia. Realmente prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor. Ser sensible para con el otro, aunque para muchos parezca una pérdida de tiempo. Muchas veces, un oído atento y un consejo acertado, sincero y apuntado hacia lo que importa (el propio bienestar espiritual), son suficientes para que la vida de alguien de un giro de 180 grados acerca del problema que le aquejaba. Y también es algo bueno para uno mismo, porque el feedback que se genera de la buena onda (sincera), es altamente beneficioso, y eso se contagia.
Tal vez todo esto que dije suene a idealismo, new age, paz y amor, y todo eso, pero te lo digo de corazón. Cuando uno se bajonea por las cosas terribles que pasan a nuestro alrededor, uno es egoísta también, porque lo que no queremos (en ese momento) es tener que soportar la visión de la inequidad, del desamparo, de la falta de escrúpulos, etc. Y bajamos los brazos, y nos desdichamos por lo mal que está todo, pero sólo lo hacemos cuando toca a nuestra puerta, sea ésta física o virtual. Nos recordamos cuánto mal se le está haciendo al prójimo cuando nos llega un mail, cuando encendemos la tv, cuando leemos un diario. Pero cuando borramos el mail, cuando apagamos la tv, cuando dejamos las noticias de ayer, diplomáticamente alejamos el problema. Hasta que nos toca a nosotros, o tenemos que soportar verlo todos los días en vivo y en directo, en nuestra propia vereda. Eso es egoísmo.
He escuchado a vecinos con los cuales nunca había cruzado palabra. 1 hora de charla fueron (en algunos casos) suficientes para que decidieran encarar las cosas desde otra perspectiva, y empiecen a afectar su entorno inmediato. Todo cambio debe ser para mejor, por mas que las decisiones sean difíciles e incluso planteen cuadros apocalípticos (ej, una ruptura o una crisis familiar). Hay que empezar por lo inmediato, uno, el que está al lado, y no preocuparse porque tal vez esa ´´cadena de favores´´ aparentemente se corte. Esto en realidad no sucede, sólo perdemos de vista el alcance de nuestra contribución (incluso tal vez en vida no lo veamos). Y he aquí de qué van todas estas dudas y bajones existenciales: miedo. Miedo a nuestra propia mortalidad, y exigimos por ello un cambio inmediato porque tal vez mañana no estemos para verlo, sin considerar los largos procesos (que nosotros deberíamos generar) que deben llevarse a cabo para que ciertos paradigmas cambien, y que con ellos cambie el estado actual de las cosas.
Y ya me extendí demasiado, creo. La cuestión es que la voluntad de ayudar no está en toda la gente, o la tenemos o no la tenemos. La preocupación sincera viene acompañada de la actitud para solucionar el problema. Y de acuerdo a nuestra posición en esta sociedad, la influencia que tenemos varía. Si estamos en el nivel mas bajo del ´´organigrama´´ social, no podemos pretender solucionar solos el problema de la pobreza en el mundo, a menos que nos organicemos y nos unamos todos. Pero para lograr eso, los individuos y sus individualidades deben hacer evolucionar (desarrollar) en ellos mismos el concepto de altruismo desinteresado. O, al menos, ejercitarlo 1 hora todos los días, jeje. Uf! hablé demasiado...
...hasta luego...
PD: edit ortográfico...