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Niní Marshall: Sus personajes y monólogos





Thread creado por speculum00 el 12/01/2010 08:45:48 pm. Lecturas: 8,931. Mensajes: 4. Favoritos: 0






12/01/2010 08:45:48 pm 
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CÁNDIDA


Cándida, mi inefable, mi querida gallega, disimula la ternura de su corazón con sus maneras torpes, rudas, atrevidas. Es sobretodo tozuda, pues como ella misma lo dice: “A mí poderán convencerme por la fuerza, pero con razones... ¡jamás!”

CÁNDIDA SE DIVORCIA
Cándida —¡Buenas tardes tenjan todos!
Animador —¡Mejores las tenga usted, Candidiña!
—¡Que va...! ¡Estoy pasando unas noches mas nejras que el pecado! ¡Ay! ¡Si un rayo me hobiera partido el día que nací, hoy viviría feliz!
—Pero... ¿qué le pasa?
—¡Que me divorcio de mi marido!
—¿De Jesús?.. ¿Será posible?
—Pues sí. Jesús está muy cambiado... ¡Antes, era un marido modelo! No me pejaba más que en legítima defensa...
— Ya lo sé, ya.
—Pero ahora, por la menor cosa ¡me levanta la mano!
—Para descargarle un golpe.
—¡No! ¡Pr’atajarse los que yo le doy!
—¡Qué barbaridad...! De modo que se divorcian.
—Ayer tuvimos un violentismo cambio de...
—¿De palabras?
—No, de ojeutos. Empezamos tirándonos los platos por la cabeza y acabamos él, con la sopera de sombrero, y yo, con la bodinera de collar.
—¡Válgame Dios...! ¿Y por qué se pelearon así?
—Empezamos por una costión de faldas.
—¡Je...! ¡Por alguna mujer!
—¡No! Por la falda del pochero, que estaba dura... ¿Qué culpa tenjo yo de que la vaca toviera múscolos?
—¡Ninguna!
—¡Le llevo la sopa, y porque encontró un pelo, la escandalera que armó! ¡Je! Pues con lo que me das pra’l mercado —le dijo— ¿qué querías encontrar? ¿Una trenza?
—¡Las pretensiones…!
—Le sirvo el pollo, y sije: “ Este pollo no tiene más que el pellejo y los güesos!” ¿Y qué más querías? ¿Las plumas?
—¡Pero qué exigente!
—Le doy un pedazo de queso con ojeros... ¡Me come los ojeros y me deja el queso!
—¡Si será melindroso!
—Y le llevo el pescado y me suelta: “Este pescado huele mal” ¿Cómo va a oler mal un animal que se ha pasado la vida en el agua? El que ole mal eres tú, que no te bañas más que cuando llueve, y eso, vistido! “Pues está medio pasado” ¡Ay! Ahí espeloté, y le dije: Una palabra más y me quedo veúda...! y ajarrando el cochillo, se lo hondí hasta el manjo en la cabeza...
—¡¡¡Cándida!!!
—¡...al pescado y se lo hice trajar entero, pra probarle que no estaba medio pasado!
—¿Y no estaba?
—No, ¡Estaba pasado del todo!
—¡Pero mujer! ¡Su marido se podía haber muerto!
—¡Que va...! ¡Ese tiene siete vidas, como los jatos...! Si ya viene de una familia de longines.
—¿De longines? ¡Será de longevos!
—¡Sale a so padre que se le morió a los noventa y noeve años!
— (ADMIRADO) ¡Ay...! ¡A los cien, casi!
—Y eso que se morió contra su voluntaz, pero, los dotores pudieron más.
—Bueno, volviendo a su disputa con Jesús...
—Lo que más me dolió, fue que me dijera: “No te hajas la María Antonieta! ¡Llamarme María Antonieta a mi!.. Pe... pero...
—¡Cándida! ¡María Antonieta fue un personaje histórico!
—¡María Antonieta fue una mujer sin cabeza...! y yo tengo una cabeza, que parecen dos, porque a cabezuda, no me jana nadie!
—¡Sí, sí! ¡Doy fe!
—¡¡Calla bestia!!
—¿Eh?
—... le dije “¡¡Mas que bestia!!”
—¿Pero cómo? Usted se ofendió porque él la llamó María Antonieta, y usted a él lo llamó peor: ¡¡Bestia!!
—¡Bueno, pero yo le dije bestia, en el buen sintido de la palabra...! Y ajarrando una escoba, empiezo a correrlo... Se me sube al ropero... “Bájate de ahí!” le dijo, “No me da la jana, que aquí el que manda soy yo!” ¿Ande mandas tú? ¡En el ropero! Y le encajo un escobazo en los riñones...
—¡Ay, Cándida! ¡Qué bárbara!
—No me toques el cuerpo! —me jrita.
—¿Y qué quieres que te toque? ¿El violín?
—En resumidas cuentas...
—...que convenimos en separarnos amestosamente, así es que lo saqué a patadas y le dije diju: “¡Jesús, has muerto pra mí! Rascate en paz”.
—Pues yo creo que estuvo injusta, Cándida... que debió perdonarlo.
—¿Perdonarlo? ¡Eso es pidirle peras al horno…! ¡No! Yo no puedo perdonarlo porque me echó en cara unas cosas que me dolieron mucho.
—(CONCILIADOR) En un mal momento uno puede echar en cara tonterías...
—¿Tonterías? ¿Sabe osté lo que me echó en cara? La bandeja con toda la comida que casque me revienta un ojo...! ¡Lo que me dolió…!
—¡Al diablo! ¿Y usted no se defendió?
—Cómo no me iba a defender. ¡De un arañazo casque lo mato!
—¿De un arañazo?
—¡Sí! ¡Le tiré con la araña del comedor y se la encrosté en el cláneo!
—¡Qué brutalidad!
—Sí. Fue una brutalidaz.... Después me arrepentí, porque quedó la araña, hecha polvo.
—¿Y no tendrá arreglo?
—¿La araña?
—¡No, su cuestión con Jesús!
—¡Ya no! ¡Anda! ¡Que busque otra burra...! A ver si va a encontrar una burra más grande que yo…!
—Eso ¡ni hablar!
—¿Quién lo va a mimar como yo lo mimaba?
—¡Ya se ve!
—Que en cada chichón que le hacía le daba un besito... Una vez, que le partí la cabeza con un parajuas, se la cosí yo misma con punto reforzado.
—¡Qué abnegación!
—Y otra vez que le voltié un colmillo de un tortazo, le puse un diente de ajo pra taparle el ojero, que llamaba la atención.
—¡Qué esposa ejemplar!
—No le dijo más sino que el palote de amasar con que lo esperaba todas las noches, se lo acolché y se lo forré pra amortijuar los jolpes...! ¡Más proeba de afeto!
—En fin... ¡cómo lamento que se divorcien...! Por usted y por él, pobre Jesús. ¿Y adónde fue a parar ahora?
—A la azotea de enfrente, porque la última patada que le di, me salió voladora.
—¡No! Quiero decir adónde estará parando ahora que perdió su hogar... ¡Adónde irá a pernoctar!
—Pues por mi, que se vaya a la p... plaza a pernotar...! Y que le ajarre una pulmonía doble si va...! ¡Y si le ajarra triple mejor...! Y no se la deseo cuadrúpeda, por... porque...por..
—¿Por qué, Cándida?
—¡Porque en el fondo sijo anemorada de él...! ¡Más anemorada que un burro! Tan anemorada, que soy capaz de homillarme y de irlo a buscar, de bajarlo a pedradas de la azotea, y llevarlo a patadas a su hojar, y entrarlo a empellones en la alcoba, y a mamporros
consejir que me perdone... ¡Ay, mi Dios...! ¡Desgraciada de la mujer que se anemora...!

MAL RAYO PARTA AL TALÉFONO
Premiso. Voy a usar el taléfano pr’hablar con mi amija Dolores, que ya va pra un año que no se más de ella... (MARCA EL NÚMERO Y ESPERA). Hola... ¡Hola...! Aquí la Cándida, y allí ¿quién ole?, dijo, ¿quién hablar? Qui... quién. ¡Ay, Dolores...! Me paricias tú por el aliento, pero claro, de tan lejos... Casque te confundo con la veuda de Pandeiro...¡Cómo...! ¿No sabés que Pandeiro falleció?.. ¡En Carnaval...! ¡N’el baile del Centro Lojroñes...! Tac... Tac... ¿t’acoerdas d’aquel envitado, disfrazado de cocodrilo, que andaba
detrás de él? Bueno, no estaba disfrazado ¡Era...! ¡Compeletamente...! ¡Hasta lor botines...! se lo comió... Por... por eso no podimos enterrarlo... Pero todor lor dominjos le llevamos flores al cocodrilo... La que también enviudó es Paca la toerta... ¡No! No puso el aviso fúnebre n’el preódico, porque le dijeron que le cobraban a quinces pesos el cintímetro, y como el difunto midía un metro setenta sacá la coenta... ¡Antier! ¡Redepentinamente! ¡Se acostó vivo y se disperto moerto! El dotor dijo que de un ataque folminante por hemorragia celebral de forma apopeletico-paralítica. ¡Calcula! ¡Siete enfermedades guntas...! ¡Pobre Paca! ¡Se va a España...! Sí, porque allí tiene al padre, la madre, la vaca... todos los fameliares... Sí, es un consuelo. Claro que la vaca no es un marido, pero no se le pueden pedir peras al horno... ¡Hola! ¡Hola! (aparece otra voz en la línea). ¿Que? ¿Que si habla con la plumería?.. ¡Ts! ¡Acá no se venden plumas! ¡Corte que está mal...! (Uno que se lijó). Oye, Dolores: de Cerila ¿qué sabes?... Creo que esta aprendiendo pra datilójrafa...Sí, ella es analfabestia, pero como la que tiene que escrebir es la máquina... ¿Y de Gosefa?..Ay, ¿se casó?.. ¿Siempre con aquel?.. ¿Aquél que tinia la cara llena de cejas?... Muy elustrado. Se lostraba... se lostraba un piso en cinco menutos... Encerador, sí... ¡Hola...! Pero que...¿Que le mande un especialista en soldados?... ¡Que soldados ni que ceviles...! ¡Corte que esta equevocado...! Hola (El tío de ricién)...Oye: de Gentrudis ¿sabes lo que m’han dicho? Que como no le alcanza el sueldo del marido, que ¡lo enjaña...! ¡Lo enjaña, sí...! Le da bifes de caballo y le dice que son de ternera... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja...! ¡Te creías que yo dicía que era adulta...! ¡No, mujer! ¡Cómo va ser adulta, si ya tiene más de setenta años...! ¡Hola! ¡Hola...! (Otra vez el condenado este).
¿Qué?.. ¿Qué dice?.. ¿Que se le han roto las canillas? ¿Y por qué no mira onde camina? Corte que se lijó... (¡Los hay tozudos...!) ¡Ay! ¿Supiste que Josefa dio a luz una niña verde? Y, porque cuando estaba preñada tuvo antojo de ranas, pero como no era el tiempo, se quedó con el antojo, y le nació una niña verde ¡toda verde...! María de las Olivas le pusieron ¡Hola...! ¡Otra vez...! ¿Cómo dice? Que le mande un plomero que la casa se le llena de ajuas... ¡Pues pra eso pida una escoba! ¡No pida un plumero...! Y corte y deje de amolar, carjoso (Se lijó otra vez). Hola Dolores ¿Sabes quién se está por morir? Paco el relojero... Se le esta acabando la cuerda. Anda medio muerto ya, por eso la mujer se ha puesto de medio luto... Y la que se morió por fin, fue la Firmina... ¡De un aire...! ¡Mira que cosa más tonta...! ¡De un aire...! Se hobiera moerto de un ventarrón...! ¿Que cómo quedó el marido? ¡Veudo! ¡Pobre Goaquin! Y diz que la fenada conservó su lucidez hasta último momento... ¡Sí! Cinco menutos antes de morir, le tiró con un despertador a la cabeza... ¡En fin...! ¡Lo que semos y en lo que nos convertemos...! Como dicía mi padre, contemplando la calavera de un burro... ¡Hola...! ¡Arrenéjote demo!
¡Y dale con la plumería...! ¡Aquí no se venden plumas le he dicho...! ¡Pesado...! ¡Hola! ¡Hola...! Siento olas... ¡Sí...! ¡Un roido de ajua...! ¡Cómo andan estos apratos...! Oye, Dolores, ¿hace mucho que no vas donde Socorro? Pues encontró un poesto que es una janja...! De mocama. Cien australes por mes coarto a la calle, baño prevado, y coche a la poerta... Un señor solo, que no va más que a dormir. ¡Mira que janja...! Porque socorro, l’único que tiene es joventú y presencia, pero después es más harajana que la mandíbola de arriba... ¡No! Socorro no. ¿Socorro? ¡Hola...! ¡Mira el estúpedo ese, haciendo burla...! ¡Socorro...! ¡Socorro!, dice. Corte, embécil. ¡Hola! ¿Qué me dicías...? ¿Carta de España?.. ¿Y qué noticias? ¿Que Sisto, el pescador se casa con Rosenda? ¡Ese se casa por enterés! Porque ella tiene lombrices...¡Claro! Tiene un criadero de lombrices que vale una fortuna... ¡Hola...! Este infeliz. ¡Ay, que chestoso...! ¡Ja! ¡Ja! Oye Dolores, te voy a llamar otro día mejor, porque el ediota ese que se ha lijado, se hace el jracioso, y me dice: Jlu jlu jlu... Oija, so imbécil. ¿Por qué no le va a jlujlear a so tía, en lujar de jlujlearme a mí? ¡Yo le voy dar jlujlerías, pedazo de estúpedo! (CORTANDO) ¡Anda y que te parta un rayo!


CATITA

Catita es la clásica muchacha de un barrio de extranjeros. Se lo pasa espiando a los vecinos y criticando todo lo que no le importa. Meterete y pendenciera es capaz de armar “una bronca” cuando se siente atacada por lo que considera una ofensa a su dignidad.

UN CONCIERTO MEMORABLE
Catita: (CANTANDO) —¡O te lo dito tante volte... que non porta tiore in testa...! ¡As noches!
Animador: —¡Catita...! ¿Se ha venido filarmónico?
—No. Me vine a pies... ¿Sabe ande asistimo anoche...? A un concierto.
—Ah. ¡Celebro que se le esté refinando el gusto! ¿Y qué tal estuvo?
—Mire: sacando la música, que es lo que arruina los conciertos, estuvo regio, porque nunca he visto un concierto con gente mejor vestida. Seré curiosa gusté ha visto conciertos?
—No. No los he visto. Los he oído, tan sólo.
—¡Oya qué inorante...! Y entonces ¿en lo qué se entretenía?
—En deleitarme con la música. Como soy un melómano...
—Ah, si es un melón, se lo aceto (pausa). Nosotros fuimo toda la familia, porque los regalaron un parco.
—¡Quince personas! ¿Y cómo cupieron?
—¿Cómo cabieron?
—(A GRITOS) No es “cabieron”... Es cupieron.
—¡Qué grosero!
—Bueno, ¿cómo se acomodaron en el palco?
—Y, lo má bien: nueve mayores, ensillados.
—Ahá: sentados en sillas.
—Y ocho menores enfardados.
—¿Atados en fardos?
—¡No...! ¡Encima’e las fardas!
—¿Y pudieron aprovechar toda la función?
—¡Cállese, que cuando entramo, ya estaban tocando...! Entonces le pregunto al acomodador: ¿Hace mucho que empezaron? Están en la novena Sinfonía —me dice—. “¡Desgracia humana...! ¡Los perdimos las otras ocho!”.
—Pero cuénteme, Catita. ¿Estuvo lindo?
—Mire: pa lo que cobraran, los decorados eran una rascada... Un triste telón pelado y un piano. El piano, eso sí, bien coludo, porque no era de estos pianos que les cortan la cola, sino un piano con la cola entera.
—Claro, de concierto. ¿Y los concertistas?
—Ah, con colas también.
—Irían de frac, naturalmente.
—A lo primero, salieron cuatro. Se llamaban los hermanos “Cuarteto de cuerdas”. Cada uno con un violín apropiado pa su edá: violincito, violinón, violinazo y violinote... y empezaron a tocar con unos espamentos, que yo me creí que era el Hino. Le doy un codazo a mi amá, y le digo: “Paremolós!”. Y los paramo toda la familia de pies y el Mingo haciendo la venia.
—¡Catita...! ¡Qué papelón...!
—Cuando vi que todos los miraban, pa desimular, me derigí a los artistas y les dije: “As noches, seniores. Mayor gusto en conocerlos. Les viá presentar... pero qué... No me dejaron seguir, porque empezó el público a chistar...
—Y tuvieron que sentarse.
—Ni ma ni medio. Enseguida salió una soplano. No soplaba, pero gritaba con una fuerza, que se descogotaba. Todo lo acababa con: “¡Per me-e-e-e...! ¡Per me-e-ee...! Propiamente una oveja. Miro en el programa, y, en efeto, decía: “Balada”.
—¡Con razón!
—Después de la balada, venía un bolero. Entonces le digo a la Yolanda: “¡Ay! Ojala sea el boleron “No me beses”... que tine una letra...” Escuche: La La-raila la laraila... la laraila... la laraila... una letra divina...!
—Sobre todo muy inspirada.
—¿Vió? Sin embargo se da vuelta el del palco de al lado, y me dice: “¡Chist! Seniorita, estamos en un ato coltural!” “Estará uste —le digo—. Yo estoy en un parco barcón!”
—¿Y al fin, era “No me beses” el bolero que tocaron?
—¡Qué iba a ser...! Salió un melenudo y se puso a aporrear el piano, que yo pensaba: ¡Dale nomá...! Cómo se conoce que el piano no es tuyo... Si te agarra Jacobo Fisher... porque el piano tenía el manograma del duenio: Jacobo Fisher.
—¡La marca del fabricante! Catita! Jacobo Fischer.
—¡Cómo me maltrató ese estrumento...! Al pobre piano le temblaba la cola, como si tendría el mal de San Vítor.
—Porque lo requería la interpretación.
—Después tocó una pieza de inglesia.
—¡Música sacra!
—No religiosa, bah, yo digo que sería religiosa, porque era del Padre Güisky.
—¡De Paderewski!
—Y pa’ rematarla, tocó un escuerzo.
—¡Un scherzo!
—¡Ay! el asco que me dan esos insetos...! Enseguida salió un dúo de dos: tenor y
tenora.
—¿A interpretar algún trozo de ópera?
—Sa. ¡Pero que egoísta el tipo...! Se agarró la ópera por su cuenta, y no le dejó meter una palabra a la tenora. Gracias que de vez en cuando, ella podía zampar un jajajai...por entre los ujeros del canto de él. Pero a la final lo imbromó, porque le cantó encima, que por más que el otro gritó, no la pudo tapar. ¡Tomá!
—¡Qué volumen de voz!
—Armaron tal bochinche, que mi hermanito el de meses se largó a llorar desconsuelado...
—Y la gente, vuelta a chistar.
—¡Seguro...! pero como yo les dije: “Los artista que son unos grandulones, pueden gritar, y un ninio que es un inocente, no?”.
—¿Y qué hicieron con el “ninio”? ¿Lo sacaron?
—No, porque mi amá, pa carmarlo, se puso a alementarlo personalmente. Tuvo que darle el busto a la criatura. ¡Los bustos, porque son dos!
—¿Y se durmió por fin?
—Se dormió él y los dormimos todos, cuando tocaron el noturno.
—Que se durmieran en un nocturno, no me extraña nada.
—Y empezamos a roncar... y el público a chistar... “¡Pero caramba! —grité—, dormidos tamién molestamos?”.
—Dígame, Catita: ¿por qué no se levantaron y se fueron de una vez?
—¡Ja! ¡Ja! ¡No se puede, m’hijo...! ¿No ve que en los conciertos cierran las puertas pa que la gente no se dispare? Y a más que yo quería ver el úrtimo número, que me tenía entrigada...
—¡Pobres chicos...! ¿Y aguantaron todo el programa?
—¡Si! ¡Lo ma bien...! A fuerza de bofetadas, porque estaban tan insoportables que cada vez que la gente apaludía, aprovechábamos pa encajarles unos bifes... que se confundieran con los aplausos. “¡Sosieguensén, mocosos, que ora viene la sospresa!” —les decía—.
—Por el último número que era su ilusión.
—¡Y que no llegaba nunca...! ¡Ay! De los narvios me agarró una picazón por todo el cuerpo humano, que en medio de un valse de Chupin, le digo a la Yolanda: “Rascame la esparda... Rascame con desimulo, por abajo del tapado... ¡No! ¡Ahí no...! ¡Más arriba! ¡Más abajo...! ¡Pa ete lado...! Bueno, se da vuelta el tipo del palco, y los dice: “Perdonen senioritas, pero no puedo oír nada...”. “¿Y qué tiene que oír, curioso, si lo que estamos hablando es herméticamente particular?
—¡Pero él se refería al concierto, Catita...!
—Buá, por suerte, a los cuatro números siguientes los hicieron cantar juntos pa que terminaran más pronto. ¡La ensalada que hicieron...! Eran dos soplanas y dos soplanos... y decía uno: “¡Dos altomóviles!” “Tres altomóviles!”... y los otros, agarraban cada uno por su lado: “Belia filia del amo-ha-re...!”. Y el primero deale: “Cuatro altomóviles, cinco altomóviles!”.
—¡Si la agarra Verdi a usted!
—¿Seré curiosa: quién es Verde?
—El autor de lo que oyó, de “Rigoletto”.
—¿Ah, sa? A ver si ante lo agarro yo al verde ese y lo hago madurar de golpe pa que no escriba pavadas.
—Bueno, Catita: termine de una vez...
—Ay, usté esta empaciente como yo, por el úrtimo número... ¡Ja! La disilusión que se va a llevar...
—¿Por qué?
—Porque el programa decía: “Andante con moto y fuga”... Esto va a ser espetacular!, pensé! ¡Ja! ¿Lo qué? Sale el andante sin la moto, y en vez de dispararse, se pone ¡a tocar la flauta...! Me agarró una indinación, que me paré y les dije: “¡Seniores! ¡Me aguanto tres horas de concierto pa presenciar la fuga de un andante con moto, y sale un tipo sin moto, y no se fuga ni en bicicleta...! ¡Esto es robar la plata...! ¡Vayan a robar a los caminos, tramposos...! Que me se caiga la lengua a pedazos y no los pueda rejuntar si miento, porque juro que no es Catalina Pizzafrola, la que les pisa un concierto más... ¡¡Toma!!

LA MADRE
Conferencia pronunciada por Catita “El Día de la Madre” en el “Sentro Coltural, Poetas y Prosaicos”
—La madre es el ser que los ha dado el ser, y cuida de nuestro ser, como debe ser, a saber: de pequenios, alementándolos personalmente, o sea dándolos el busto, y de adúlteros, dándolos sabios consejos, pa efetuar la másima que dice: “Manzana en córpores sanos”.
La Madre es el ser más anegado que esiste... ¡Y pensar que haiga hijos capaces de maltratarla...! ¡Desgenerados...! Como el chico de enfrente, que se entrena pa fugar al fulbo, pegándole patadas a la madre...Hay varias clases de madre: la madre ligítima, que es la de endevera la madastra, que es la postiza, y la madre putativa (con perdón de la palabra) que es la de emitación.
Esto en el seso humano en el seso animal, hay madre-perlas en el vegetal, hay madreselvas y en el mineral, hay ma dre cincuentas variedade. “Madre hay una sola”... como dijo Napolión. Fetivamente. La acnédota cuenta que un día que liegaron visitas, la madre de Napolión, el gran córcego, le dijo: Nene, abajate al sótano, y traeme dos botelias de vino. Napolion abajó, pero no encontró más que una...entonce subió y esclamó: ¡Madre, hay una sola! Han esistido al mundo, madres enjemplares. Recuerdemos a la madre de los Graco, famosa romana que en un enjemplo de senciliez, en vez de alhajas, usaba a sus hijos, como se lo mostró a una vecina curiosa que le preguntó por sus jolias. Entonces elia, presentándole a sus hijos, esclamó: ¿Queréis ver mis joliais? ¡Aquí las tenéis! Culios hijos se liamaban: uno, Timberio, y el otro, hablano matirialmente... Cayo. Otra madre dina de nombrerse, fue Agripina, la madre de Nerón, tan anegada, que se dejó asesinar por su propio hijo... en un descuido. Dicen que el que mata a su madre, se liama matricida... Eso será en idioma, pero en buen cayetano, es guerfanito. Tamién fue conocida en los tiempos medio ovales, la madre de Solón, que anque no figura a la historia, debemo recordarla, porque produjo al filósofo Solón, que fue el inventor del saludo.
Y otra madre dina de almiración, fue la del juicio de Salamón que dos mujere se disputaban un ninio, diciendo cada cuale, que era su madre y entonces Salamón, que era un sabio, anque fuera un salamón, le dijo: Pa que no se peleen, viá partir a este ninio por el medio y le viá dar la mitá a cada una. ¡No! gritó la madre d’endeveras. ¡O todo o nada...!
Porque si al cortado por la mitá, Dio libre y guarde, se muere, lo que me representa medio cadavre de hijo, viviendo a mi lado toda la vida... ¡Que lo dejen entero, anque se lo dean a otra... Por lo cual Salamón, decidió de entregárselo a elia...Entonce la otra, la falluta, le dijo: ¿Me lo empresta pa despedirme, diga? Pero Salamón, le contestó: ¡No! Lo que Natura non da, Salamón non presta. Y la dejó de araca...¡Tomá!
Una madre muy nombrada, es la madre del Borrego, pero como no me acuerdo quien fue ese prócer, la pasaremos por alto. Otra madre enjemplar, anque no pertenece al seso humano, es la bestia de la madre que crió a Rémulo y Rómulo, los que fundaron a Roma, los cual los adotó una loba caritativa que los crió, cual puede verse en la estuata pedestre, o sea de piedra, ande está la loba, en el ato de darles el busto, mejor dicho los bustos, porque las lobas tienen cuatro. Yo no digo de que no haiga también madres desgeneradas, como ser las cocodrilas, que se comen a los hijos, ¿pero a nosotros qué nos importa, si no tenemos nada que ver con tan repunantes retilas? ¡Aliá elias! Si se comen a los hijos, que con su pan se los coman. En vez, hay animales con un estinto maternal tan desenrollado, como el caso de la elefanta, que encontró un pichoncito de gorrión, helado en el suelo, lo alzó con la trompa, lo lievó al nido, y se le sentó encima pa calentarlo... ¿Y qué me dicen de las canguras? ¡Con sus hijos en la bolsa...! ¡Cuántas mujeres debrian imitarlas...! Y en lugar de andar por la calle con las bolsas lienas de paquetes, que las lievaran lienas de hijos...
Tamién son creticables, las madres cínicas... Sí, las cínicas, las que se pasan la tarde en el cine... Yo tengo una amiga, que todas las tarde se va a cine, y lo deja al chico abandonado, mirando en la tele “El increíble Hul”. Quién es la madre de ese ninio? El increíble Hul es la madre...Pa pagar a nuestras madres el sacrificio que han hecho por nosotro, naciéndolos. Creciéndolos y multiplicándolos debemos se el baculo (con perdon de la palabra) el baculo de su viejez.
Y pa terminar, permitamen que didique unas palabras a mi santa madre que me vió nacer... En verso:
Yo te esclamo, con l’acento muy confuso,
porque me se hace un nudo al canaruzo,
¡Que viva Donia Asunta Langanuzzo,
la madre que a este mundo a mi me puso!


JOVITA DE LAS NIEVES LEIVA PEÑA y OBES

La Niña Jovita alias “Nenúfar bleu” es una solterona que aún conserva el tratamiento de “Niña” usado para las jóvenes en su ¡ay! lejana juventud... Tantos y tantos años desoltería no han apagado el fuego de su corazón, ni le han hecho perder la ilusión de conquistar al hombre que la llevará al altar... ¡Ay, mi Dios...! ¡Cuándo seremos dos...! es el constante ruego, que, con los ojos en blanco, clama al cielo, llena de esperanza.

LA REME SE VA DE VIAJE
Jovita. —¡Ay mi Dios! ¡Cuándo seremos dos!
Animador. —¡Adelante señora!
—¡¡Señorita!...!
—¡Pero qué bien se la ve! ¡Por usted no pasan los siglos!
—Sí. Todavía me defiendo... lo malo es que nadie me ataca. ¡Ah!
—¿Está cansada Niña Jovita?
—¡Muerta! ¡He andado más que cartero en Navidad!
—Entonces, permítame que le ofrezca una silla para que se siente.
— Prefiero que me ofrezca un brazo, para que me apoye.
—Aquí lo tiene apóyese con confianza, como en un bastón.
—¡Santos Apóstoles del Tabernáculo! ¡Mandadme un hombre que sea mi báculo.
—Por favor... no se me recueste con todo el cuerpo, porque pierdo...
—...¿el sentido?
—No: el equilibrio.
—¡Venerado San Fructuoso! ¡Cada día está más buen mozo! ¿Sabe lo que pasa? ¡Es que entre el cansancio y la humedad, tengo los pies desechos...! ¡Ay San Jorge del Caballo! ¡Cómo me duelen los callos!
—¿Y a causa de qué está cansada?
—Del viaje de mi hermana mayor.
—¿Pero tiene una hermana todavía mayor, usted?
—Apenas, un lustro, María de los Remedios se llama. Hoy se ha ausentado al interior y hemos andado en unos trotes...
—¡Me figuro! Compras, diligencias, despedidas...
—¡Un trajín...! Y como Reme es tan corta de oído...
—¿Ah sí?
—Tan sorda está, que antiyer se rezó todo el Rosario, arrodillada encima del gato.
—¡Pero entonces es corta de oído y corta de vista!
—¡De vista es cortísima...! En pleno día, usted le saca los anteojos y ella le dice:
—¡¡Buenas noches!!
—¡Qué pena...! Bueno, usted sabe que hay lentes de contacto.
—Sí, pero no hay telescopios de contacto. Hasta ese punto es chicata.
—¡Con razón le dio tanto que hacer...! ¿Porqué no me avisó, Niña Jovita? Yo le hubiera dado una mano.
—¿Su mano? ¿Qué usted me hubiera dado su mano?
—Digo que la hubiera ayudado, secundado...
—¡Ah! ¡Por qué me ilusionaste San Antonio! ¡Creí que me la daba en matrimonio! Pues sé, como maleta’e loco me ha tenido Reme, desde que el médico le permitió viajar.
—¿Por qué? ¿Sufre de alguna afección que se lo impida?
—Sí, ve un hombre y estornuda. ¡Para ella el hombre es un rapé!
—¿Alergia masculina?
—¡No! ¡Emoción femenina! Y hay que aflojarle el corsé para que no le dé un
pasmo.
—¡Vaya, vaya con Doña Reme!
—¡Doña no! Es Niña, como yo... ¡Ay, San Canuto alabado! ¡Cuándo cambiaré de estado!
—¿Y dice usted que hoy se embarcó?
—En el tren de las 11.30, pero eran las 10, y yo todavía con el equipaje: ¡desde el alba...! ¡Que la manta de viaje... que la bolsa de crocket... que la cesta del almuerzo...!
—¿Por qué? ¿No come en el tren?
—¡No...! Sigue su dieta papilla de zapallo, raspadura de ave, cuajada de burra y puré de pan.
—¡Ah! ¿Sufre molestias en el aparato digestivo?
—No: en el aparato masticatorio... Pero prosigo: el frasco de sales para el soponcio, el extracto de ajo para la presión, la bolsa’e goma para los riñones.
—¿Tiene algún riñón flotante?
—No: tiene los dos sumergidos, gracias a una plancha ortopédica que usa.
—¡Ah! Son riñones a la plancha...
—Le puse los bigudís... La trompetilla. La juanetera. Su novela de Carolina Invernizio...
—Los anteojos verdes para el sol...
—¡¡Azules!! ¡Reme no usa anteojos verdes por razones de moralidad!
—Bueno, y a todo esto, ¿a qué hora llegaron a la estación?
—Veinte minutos antes de la partida, ¡descalabradas por el trote de la victoria, que era una carrindanga...! Tanto, que le digo al cochero: Auriga, ¿no puede ir más rápido usted?
—¡Yo sí —me dice— pero no puedo dejar a los caballos atrás!
—¡Menos mal que llegaron a tiempo!
—Pero jadeando al pie del convoy... ¡Y ahí el trabajo para hacerles subir a Reme los tres escalones...
—Sin grúa ni guinche.
—Subía y se resbalaba, subía y se resbalaba, como sapo en bañadera... y luego a los corcovos por el pasillo... En fin, hasta que no la vi sentada, con su guardapolvo de lustrina, su toca de gasas y sus antiparras de viaje...
—... del lado de la sombra, frente a la máquina y con viento a favor, no se quedó tranquila.
—Y aun así, llamé al guarda y le dije: “Cuídeme a esta niña que va sola en un tren repleto”.
—Niña Jovita... ¡Por Dios!
—¡Pobre Reme...! Toqueteándose con el gentío... ¡Ella que es tan púdica, que ni en las fotografías permite que la retoquen!
—Bueno, en ese sentido, no creo que hubiera peligro.
—¿Que no? ¡En los trenes pasa cada cosa...! A mi, hace poco, yendo a Carhué...
—¿Qué le pasó?
—¡Al volver del comedor, me encuentro con dos jóvenes en mi camarote, a oscuras!
—Algún error, seguramente.
—Se, pero como ya estaban instalados, me preguntaron si se podían quedar.
—¡Qué frescos!
—¡Caballeros! —les dije— soy una niña honesta, conocida y de intachable reputación! ¡Lo lamento pero uno de los dos tendrá que irse!
—¿Y se fue uno de los tipos?
—¡Se fueron los dos! ¡Prendieron la luz, me miraron y salieron disparando!
—¡Mire si llega a caer uno en sus redes!
—¡San Pedro venerado, que fuiste pecador! ¿Por qué no me dejaste en las redes del
amor?
—¡Bueno, con razón cuida tanto a su hermanita...! ¿Y siempre que ella viaja toma todas esas precauciones?
—Reme no viaja a menudo en tren. Desde la inauguración de La Porteña, que tuvo el honor de estrenar, solo ha andado en tranguay, en sulky y en un berlina fúnebre.
—¡Qué notable! ¡Así que este viaje fue todo un acontecimiento!
—¡Por eso fueron a despedida todas sus amiguitas...! Fidelina Palomeque, ex secretaria de Figueroa Alcorta... Francisca de Asisa Núñez, única sobreviviente del cólera en la familia... Salomé Sarrasqueta, la primera aeronauta argentina.
—¿Aviadora?
—No: globera. Fue hasta María Beata Carrascosa que acompañó a Roca en la campaña al desierto. ¡...Y tiene una memoria! ¡Je...! Hay que ver cómo cuenta el incendio de “La ciudad de Londres”.
—Esa gran tienda de principios de siglo.
—Se... Ella estuvo en pleno siniestro... como que se quemó la cola... de un vestido’e baile que se estaba probando...
—¡Qué espanto!
—Se se la apagó un bombero, de un salivazo... (entonces no había mangueras)
—¡Qué me dice!
—Un bombero que la alzó en sus robustos brazos, y anduvo con ella más de dos horas, entre las llamas y el humo. ¡Por qué Divino Maestro...! ¡No estuve yo en el siniestro...!
—Bueno, Niña Jovita, nos hemos alejado del tema... Volvamos a la despedida de María de los Remedios, que reunió en la estación a sus amigos....
—¡Ah, estaba ese andén, que parecía...!
—Un depósito de bagayos...
—¡Qué parecía de fiesta...! ¡Empezó la máquina a jadear, y cien pañuelos a flamear...! (IMITANDO EL PITO DEL TREN) ¡Pi-i-i-i-i...! ¡Pi-i-i-i...! y los adioses, y los encargos... ¡Mandá una postal en cuanto llegués...! ¡No saqués la cabeza por la ventanilla...! ¡Saludos a Misia Tecla...! ¡Escribí y mandá fruta...! (PITANDO) ¡Pi-i-i-i-i-i-i! ¡Pi-i-i-i-i...! ¡Adiós! ¡Adiós...! ¡Hasta que dejamos de ver su pañuelo agitándose en lontananza...!
—Y a todo esto: ¿adónde se dirigía su hermana?
—A Lomas de Zamora... ¡Feliz de ella! ¡Ay, San Papucio de Rodas! ¡Cuándo haré el viaje de bodas...!


GLADYS MINERVA PEDANTONE


Gladys Minerva Pedantone, es una niña sabihonda. Canta, baila, recita, y se jacta de ser la primera del colegio. Observadora y perspicaz, no se le escapa nada de lo que husmea a su alrededor, con estudiado disimulo.

PRESENTACIÓN DE GLADYS MINERVA PEDANTONE
El animador anotando a los niños que intervienen en el certamen.
Animador: —¡Este “Concurso de Valores Precoces”, ya me tiene frito...! ¡Adelante el que sigue!
Gladys: —¡Con su permiso, señor!
—Acércate, nenita ¿Tu nombre?
—Gladys Minerva Pedantone, para servir a usted. Gladys, con y griega y s. Minerva con v labiodental, y Pedantone tal cual se pronuncia. Los tres con mayúscula.
—Ay, qué niña tan modosita... tan compuestita... (Aparte) ¡Tan fruncidita...!
—Sí, señor. Mis padres me educan con esmero, pues una niña malcriada, no es una flor sin perfume es una flor maloliente.
—No digo tanto, pero es un ser desagradable. Dime Gladys, ¿vas al colegio?
—Sí señor, y a más estudio piano, declamación y danzas clásicas, que es lo que quiere mi mami, y luego seguiré arpa, esperanto y filosofía, que es lo que quiere mi papi.
—(Aparte) ¡Pero ésta es una enana disfrazada...! (A ella) ¡Qué aplicación! ¡Cómo ha de quererte tu maestra!
—Mucho, señor, porque yo, además de llevarle flores, le cepillo el traje, le espanto las moscas, y siempre la convido con la medialuna más gorda.
—Eres la “succiona-calcetines”.
—No entiendo esos vocablos, señor ¿Son soeces?
—¡Digo que eres una alumna modelo!
—Y la preferida de la maestra, porque soy también su confidente.
—(Con ironía) ¿Su confidente? ¡Hum...! Y a propósito de eso, ¿tus compañeras te quieren?
—Mi saber despierta envidias y mis confidencias rencor, pero a mí no me importa, porque mi mejor amiga es ¡mi madre!
—¡Ahá! ¿Y es tu madre quien te viste así, tan elegante?
—Sí señor, como a una muñeca.
—(De pie, acercándose) ¡Qué bonito vestido...!
—(Da una vuelta) ¡Tengo otros mas lujosos...! En la boda de ayer, estrené uno, que causó más admiración que el de la novia...
—¡Estarías monísima!
—¡Sí señor preciosa! Y cuando llegaron los brindis, mi papi me paró en una silla, y pronunció el discurso...
—...¿En honor de los recién casados? ¡Lo que te habrán aplaudido!
—¡Tuve que hacer reverencias! Un señor muy fino, mirándome, dijo: “Esta mujer tiene cuarenta años”. Y mi mami se puso orgullosa, pero un hombre vulgar, exclamó: “Esta niña me pudre”, y mi papi se ofendió!
—¡Con razón!
—Y airado le contestó: “Con niños que pudren, como ésta, se ha engrandecido el mundo, señor!”.
—¡Tomá! ¡Y te bajó de la silla!
—No, porque a pedido de mis padres, iba a recitar un verso, cuando una mano envidiosa, empujó la silla y me hundió el rostro en el pastel de boda.
—¡Qué barbaridad! ¿Te habrás echado a llorar?
—¡No señor! ¡No lloré! Desprecié aquella mano criminal, con la frente en alto, la mirada desafiante y la nariz llena de crema, y sacándome un merengue de la oreja, exclamé:
“Las ideas no se matan con un pastel de boda!”.
—Lástima que no te hayas podido lucir con el discurso.
—Pero puedo lucirme ahora con un verso si es gustoso.
— Es que ahora tengo que anotar a los otros…
—Ante tanta insistencia, se lo voy a recitar.

LA MODESTIA
Aunque esté feo que yo lo diga,
soy un modelo de perfección,
para mi madre, gema pulida,
para mi padre ¡el orgullo soy!
Siempre en las fiestas, yo soy la reina,
y en el colegio, soy la mejor,
¡La preferida de mi maestra,
por mi conducta y aplicación!
Limpia y prolija, soy un encanto,
que a todos llena de admiración,
nunca me arrugo, jamás me mancho,
y ando peinada ¡que es un primor!
Sirvan de ejemplo, traviesas niñas,
mis cualidades y condición,
que aunque esté feo que yo lo diga,
¡soy un modelo de perfección!

EL MINGO


Mingo es el hermano menor de Catita, y su consentido, al punto de justificar su atorrantismo y perdonar el aspecto desharrapado, sucio y cochambroso que luce. Se lo pasa vagando, y sólo sirve para molestar, ideando canalladas que fastidian a los vecinos.

EL MINGO NO TIENE ARREGLO
La acción en la radio. El animador quiere llamar al orden al hermano de Catita, que está fastidiando por todas partes.
Animador: —...¡Mingo...! ¡Mingo...! Minguito...! Pero este chico está sordo...!
(A toda orquesta) ¡¡Che, tarado!!
—¡Ufa! ¿Qué hay?
—¿Por qué no contestás?
—¡Porque no oyo!
—Pues te he llamado lo menos diez veces!
—¡Eh...! ¡Qué globero…! ¡Me llamó cinco nada más! (Sorbe).
—Decime ¿que hacías ahí en el balcón?
—Estaba esperando ar santo.
—(Extrañado) ¿A qué santo?
—¡Ar santo botón...! Porque en la sala de ensayos, los artistas me dijieron que afuera a ver si llovía, y fui y no llueve nada... (Sorbe).
—¡Cada día estás más vivo, Dios te guarde...! ¿Y no te congelaste a la intemperie?
—¡Seguro…! ¡Hace un frío que yela! ¿No vio er barómetro del corredor?
—¿Bajó mucho?
—Bajó dos piso... Me se cayó der barcón.
—Jugando con el barómetro ¡grandulón! ¿Vos sabés lo que cuesta? ¡Te va a dar el director cuando se entere...!
—¡Bah…! ¡En cuanto entre al empleo, le compro otro y listo!
—Ah, ¿vas a trabajar, por fin?
—(Sorbe). Dos tipo me ofertaron un empleo, ande me puedo ganar buenos pesos por noche.
—¿Ahá?... ¿Y qué tenés que hacer?
—Quedarme parado en una esquina, y silbar cuando vea aparecer un vigilante.
—¡Brillante oficio...! En ésa vas a terminar, si seguís tan atorra... Decime: ¿leíste los libros que te regalé, para que te instruyeras un poco?
—Mire: agarré uno que decía, qué se yo... de química, lo abrí y leí: Nitrato de plata Nitrato de cobre Nitrato de cinc... y como vi que no trataba de nada, lo volví a cerrar.
—¡Qué bruto...! ¿Y en el de historia, no miraste siquiera “Las cruzadas”?
—¿Las cruzadas? ¿Pa qué? ¿Pa romperme er mate endivinando er significado de cada cuadradito?
—¡Vagoneta...! Apostaría a que tampoco miraste el de aritmética.
—El de arimética ¿pa qué?... Si ya sé contar hasta diez. (Sorbe).
—¿No te da vergüenza? ¿Qué vas a ser en la vida, si no sabés contar más que hasta diez?
—¡Referee de box!
—¡Sos un caso!
—Un caso patológico, dijo el dotor... (Sorbe). Soy un ninio cretino, con taras arcolistas y ediotez progresiva...
—¡Qué barbaridad!
—Y tengo amígalas también... pero si me porto bien, el año que viene me van a operar... Diga. ¿Las aceitunas negras tienen patas?
—¡No! ¡Cómo van a tener patas las aceitunas negras...!
—¡Ay, Dio...! ¡Entonce casi me como una cucaracha...!
—¡Qué fenómeno...! Con la facha que se ha venido. El saco todo mal abotonado.
—¿Y yo que curpa tengo, si de arriba le sobra un botón, y de abajo le sobra un ojal?
—¡El pullover lleno de manchas...!
—¡Ande las manchas...! ¡Ande...! ¡Ay, cierto...! (Sorbe). Ésta es de vino, ésta e de grasa... y ésta de güevo.... ¿Y la de durce ande está? ¿A ver? ¡Ay, en la camiseta...! ¡Con razón me se pegaba...! ¡Je! (Sorbe).
—¿A ver? Date vuelta... ¿Y ese remiendo en el fondillo?
—¿Cuál remiendo?
—Ese de color rosa... ¿Por qué no le decís a tu madre que te ponga ese remiendo del mismo color del pantalón?
—¿Cuál? ¿Este? ¡Éste no es un remiendo...! ¡Este soy yo...! (Sorbe).
—¡Salí, caradura...! Fijate como llevás los botines... Todos abiertos.
— Y, a lo que estuve corriendo, los botines me se cansaron...
—¿Y eso qué tiene que ver?
—¿No ve que por eso están con la lengüeta afuera? (Sorbe).
—¡Sos un fresco...! ¿Decime, esas medias dadas vuelta? ¿Por qué las llevás del revés?
—¡Porque del derecho tienen un ujero! (Sorbe).
—No te falta detalle, ¡atorra...! ¡Los pelos son un nido de caranchos...! ¿Por qué no te cortás esas porras, que te llegan hasta los hombros?
—¡Porque si me las corto, me via tener que lavar las oreja...!
—Y ya se ve que le tenés alergia al agua... ¡Andá, andá...! y no vuelvas por aquí sin darte antes un buen baño!
—¿Que me dea un banio? ¿Pa que me haga peor?
—Qué te va a hacer peor...
—¡Ah, no...! ¡Pa la Navidá me baniaron, y me se aparecieron de nuevo, las marcas de la vacuna de hace diez anio, que ya me se habían borrado!
—Pues si no te bañás y te desinfectás a fondo, no volvés a pisar este salón...
—¿Entonces no vengo más? ¡Qué me importa...! De mejores salones me han echado. ¡Salí... salí... andá a peyiscar paredes! ¡Andá a peinar fideos! ¡Andá a afeitar lumbrices! ¡Piojo de agua!


BELARMINA CUEIO


Belarmina es una chinita norteña, traviesa, pícara y taimada, que trabaja como criada al servicio de la Niña Jovita. Sus obligaciones son: limpiar la casa, hacer los mandados y cuidar al loro, tareas que cumple de muy mala gana, pues no es el trabajo su mayor virtud. La Niña Jovita, la trata con dureza y hasta la castiga con frecuencia, pero ella se venga del maltrato que recibe, inventando mil pillerías, que sacan de quicio a su severa patrona.

UN ENCARGO BIEN CUMPLIDO
Belarmina: —¿Si cuede pasar?
Animador: —Pero si ya estás adentro, Berlarmina... ¿Cómo te va?
—Bien Niño... Güenas Niño... Manda decir mi patrona que a ver como ha amanecido, y quie muchos saludos y quie cómo está su familia... y quie ricuerdos a todos...y quie...
—Basta de retahilas y al grano. Dejá ese paquete sobre la mesa, y decime... ¿por qué venís tan tarde?
—Porquie mi retrasé un poco... porquie enduve dando güeltas y güeltas...
—¿Te perdiste?
—No. Dando güeltas en la calesita e’la esquina...
—¡Ay! ¡ay! ¡ay...! Cuando se entere tu patrona...
—Mi va a cascar ¿ah?
—Decime: la Niña Jovita, ¿te castiga con frecuencia?
—No. Con rebenque... Abajo’e la espalda.
—¡Pobrecita...! ¿Y te lastima?
—¡No...! Si ya tengo caios en el cu... en el cutis... Pero lo quie más mi gusta, es quie mi pegue con la mano...
—Porque a vos te duele menos.
—¡No...! Porquie a ella le duele más... Claro quie no en la misma parte...
—Sino en la mano, claro...
—Siempre me castiga sin razón. Aier me tiró de las orejas, porquie el loro estaba diciendo palabrotas en el balcón.
—¡Qué malhablado!
—¡Yo no le enseño palabrotas al loro...! ¡E él que las aprende de leerlas en las paredes...!
—¡No me digas...!
—¡Dispués la quie tiene la culpa soy yo...! Como antier, quie mi mandó a comprar un kilo’e cirgüelas...
—¿De ciruelas frescas?
—No, de las otras... De esas quie parecen cirguelas afligidas...
—¡Ah, sí...! Orejones de ciruelas. Ciruelas pasas.
—Sí esas negras ¿ah? ¡Güeno y cuando se las traje, las pesó en la balanza y faltaba
como medio kilo, fíjese...!
—¡Tu patrona se habrá puesto fula...!
—¡Julísima...! ¿Y sabe lo que hizo? Agarró y me pesó a mí... ¡Si será disconfiada!
—(Con malicia) ¡Hum...! ¡Y apuesto a que pesabas medio kilo más!
—¡No, Niño...! Un cuarto’e kilo nomás, porquie los carozos no mi los tragué.
—Hum... Bueno, a otra cosa, ¿sabés que estás muy elegante? ¿Y ese vestido?
—Me lo hizo mi patrona... Me lo achicó de uno de ella... Soy la rejunta basuras de todo lo que no usa... Por eso ahora quie se ha comprado una dientadura nueva, tengo miedo quie se haga achicar la vieja, pa encajármela en el ujero de estos dientes quie se me han caído.
—¿Vos creés?
—Una dientadura’e linda se compró, quie cuando la pone arriba’e la repisa, le alegra toda la casa.
—¡No seas indiscreta!
—¡Me arregla con los requechos... con puras sobras...! Como si juera una almóndiga. Este vestido lo estrené pa ir a ver el desfile, que al final no jui, porque me dejaron en penitencia...
—Por portarte mal...
—Bah, yo ya lo vi una vez... pa’ 25’e Mayo... Lo vi toditito, por entre los ujieros quie dejaba la giente, agachada contra el suelo, como perdiz en matorral.
—Te habrán atropellado y pisoteado...
—Y rempujao y machucao y abollao, ¿ah?.. Pero, ¡estuvo de lindo...! ¡Y había de gente...! ¡Parecía un hormiguero’e moscas...!
—Y entonces ¿qué es lo que pudiste ver?
—Todito, ah?.. Primero pasaron piernas verdes, botas marrón, piernas verdes, botas marrón, piernas verde, botas marrón...
—¿Pero qué está diciendo?
—Discué pasaron: piernas azules, polainas blancas, piernas azules, polainas blancas, piernas azules, polainas blancas.
—¿Y adónde estabas, para ver eso?
—Al último, sentada en los talones, mirando por un ujierito...
—Entonces, no viste más que piernas.
—¡No...! A veces veía manos con guantes, puños dorados, manos con guantes, puños dorados, manos con guantes, puños dorados. Discué pasó un perro entero. Discué pasaron patas peludas, con herraduras, patas peludas, con herraduras, patas peludas...
—(Riendo) La caballería. ¿Viste que bien amaestrados los caballos?
—Sí, pero alguno quie maleducado ¿ah?... Suerte quie enseguida pasaron: Una escoba barriendo, una pala juntando, una escoba barriendo, una pala juntando, una esco...
—¡Chist...! Bueno, bueno, dejá esos detalles, y...
—¡No...! Si no eran detalles. Eran... unos montones...
—¡Basta...! ¡No me interesa! Bueno, charlando, charlando, te has olvidado del encargo que me traías... ¿Es ese paquete?... ¿Qué es?
—Ah, es un tarro de dulce’e guayaba que le manda mi patrona. Hecho por ella, pa quie lo coma a su salú.
—¿Dulce de guayaba en almíbar?
—Sí, pues... Sírvase.
—Vamos a desenvolverlo... ¡Me muero por los cascos de guayabas en almíbar!
¿Pero qué es esto?
—Es quie... es quie...
—¡No veo los cascos!
—Es que cundo venía, trompecé con una piedra, se me cayó el tarro... y no pude recoger más quie el almíbar...


DOÑA POLA


Doña Pola es muy buena comerciante. Inteligente y ventajera, se dedica a los negocios con verdadero fervor. “Y no es que le guste la ganancia”, porque como ella dice: “El dinero no es todo en la vida, pero... tranquiliza los nervios”.

DOÑA POLA CASAMENTERA
D. Pola: —(Fatigadísima) ¡Boina! ¡Oy veis mir...!
Animador —¡Buenas...! Adelante...!
—¡Quié cansada stoy...! Me hogo...!
—¿A ver? ¡Respire...! ¡Respire hondo...!
—¡No...! ¡Se me van a gastar los pulmones!
—¡No...! ¡Le va a hacer bien! No ve que al respirar, usted transforma el oxígeno en anhidrído carbónico, y entonces...
—Que transformo oxígeno en anhidrído carbónico... Pero ¿cuánto cuesta oxígeno y cuánto anhídrido carbónico?
—No sé. ¿Por qué?
—Porquie quiero saber si respirando hondo hago un buen negocio, o no.
—¡Siempre pensando en negocios Doña Pola...!
—Justamente, a usted lo andaba buscando para ofrecerle...
—¡No...! ¡Un negocio...! No, no está el horno para bollos.
—¡Momintito! ¡Usted no arriesga nada...! Acabo de poner una agencia de matrimonios. Se llama “La flecha de Cupido”.
—¿“La flecha de Cupido”?.
—¡Es dios de Amor...! A propósito... ¿usted no tiene enterés en casarse?
—¿Así que ahora se ocupa de reclutar infelices?
—¡Al contrario! Semana pasada hice felices a noive personas. Casé cuatro parejas.
—¿Cuatro parejas? (Calculando) Cuatro por dos ocho. Pero entonces habrá hecho felices a ocho personas.
—¡A noive...! La noveina soi yo, quie cobré cuarenta mil pesos de comisión... Mire: si usted se quiere casar, le voy a hacer un precio special.
—¿Yo? ¡Cruz diablo...! ¡Soltero estoy muy a gusto!
—Pero casado va a estar mejor... Así, soltero tiene que ir todos los días a restorant, a comer porquerías... Vuelve a su casa, stá solo, hace frío le gustaría hablar con alguien, pero no tiene con quien...
—Muy bien, pero ¿si la mujer que va a proponerme, no sabe cocinar? ¿Y si no le gusta el calor? ¿Y si es ella la que habla, cuando yo tengo ganas de hablar?
—¡Pero hijo...! ¿Y quién le dice que tiene que estar metido siempre en casa?
—¡No, Doña Pola! ¡No...! A mí déjeme así que “buey solo, bien se lame”.
—¡Pero buey con la vaca al lado, stá mejor...! Mire: Acá tengo anotada una candidata, que es una oportunidad. Va a heredar una casa de 500.000 dólares. ¿Quiere ver la foto?
—¿De la chica?
—¡No, de la casa...! ¿Para quié de la chica?
—Y… porque me gustan las caras bonitas...
—Entonces tengo lo quie usted busca: Paulina Slotskin, quie es preciosa... Tiene una boca quie vale una fortuna...!
—¿Una boca llena de atracción?
—No ¡una boca llena de oro!
—Es inútil. Doña Pola. No pienso casarme, y menos por interés.
—¡No se case por el interés...! ¡Cásese por el capital...! Tengo a Rebeca Blum, con 1 millón de dólares de capital... sólo que tiene pequeño defectito...
—¿Qué defectito?
—Sufrió un desengaño con el novio...
—¡Ah, no, no, no...!
—¡Pero el desengaño ya está grande...! ¡Ya va al colegio...!
—¡No, no...! ¡Mujeres con historia, no!
—¿Y con geografía?
—(Extrañado) ¿Con geografía?
—Sí. Sonia Mirochnik, quie es un mapa de arrugas... ¡Un mapa!
—¡Eh!.. ¡Un vejestorio!
—Pero reúne las cuatro virtudes principales, porque tiene dinero, tiene plata, tiene fortuna y tiene capital.
—Ya le he dicho, que por interés ¡no...! Si algún día me decidiera, solamente me casaría por amor.
—¿Por amor?... ¿Casamiento por amor? ¡También le poido proporcionar!
—¡Vamos Doña Pola! ¿Qué está diciendo?
—Y dígame, ¿viudas no le gustan? Tengo la viuda de García...
—¿De García?... Pero García no es de la colectividad!
—No García no es apellido. Es sigla. Ella enviudó seis veces. Entonces García está compuesto por G de Goldstein, A de Abrahamovich, R de Rosenfeld, C de Cohan, I de Iampolsky y A de Aitskin.
—¿Eh?... ¡Seis maridos difuntos...!
—¡Pero seis seguros de vida...! ¡Y último finado, quie tenía su cuerpo, dejó ocho trajes quie le van a venir justos!
—¡Ay...! ¡Los trajes de un muerto...! ¿De qué murió?
—¡De fiebre amarilla! ¡Bonito color!
—¡No, no...! ¡No insista, Doña Pola...!
—Entonces, ya sé lo que le conviene: Esther Kuminsky, quie es dentista.
—(Despectivo) ¡Dentista!
—¡Pero quié dentista...! Cualquier dentista le hace una dentadura completa, de treinta y dos dientes, por 50.000 pesos... Ella le hace una dentadura más completa, de sesenta y cuatro dientes, por la mitad.
—Sí, pero una esposa dentista...
—¡Mejor, así no tiene que mantenerla, porque ella come con los dientes de los clientes...!
—¡Hum...! Y de físico ¿qué tal es?
—La cara no es muy linda, pero como tiene una nariz muy desarrollada, usted solo le va a ver la mitad de la cara el resto lo tapa la nariz...
—¿Y el cuerpo?
—Boina, es un poco salida de espaldas, un poco entrada de pecho, un poco caída de caderas, y un poco torcida de piernas...
—¡Eh...! ¡Un adefesio!
—Pero dígame: ¿usted qué quiere? ¿Una esposa, o la Venus de Milo?
—¡Yo no quiero una esposa! ¿Me entiende? ¡No quiero casarme!
—¡Stá bien! Pero escúcheme: ¿no le gustaría Sara Feldman, quie le llaman “El girasol de Canning”.
—¿Es muy linda?
—Solo quie tiene una fallita... Es poquito renguita.
—Ah, entonces, no.
—¡Pero no se le ve más que cuando camina!
—Bueno pero una chica que tiene una pierna más cortita que la otra...
—¡Momintito...! ¡Es verdad quie tiene la izquierda más cortita quie la derecha, pero en cambio tiene la derecha, más larguita quie la izquierda!
—No, Doña Pola... Con ese detalle, no me casaría...
—¡Gole tsures! ¡Quié mal comerciante es usted...! Figúrate quie se casa con una mujer quie no está renguita... Un día, a su mujer le ocurre limpiar el vidrio de ventana. Se sube a una escalera, escalera resbala, su mujer se cae, se rompe una pierna... Hay quie llamar doctor, enternarla sanatorio, sacarle radiografías, operarla, enyesarla. Total un millón de pesos por una pierna rota. ¡Cásase con Sara Feldman, que ya tiene la pierna rota, y se ahorra esos pesos! ¡¡Negocio redondo!!

LA BELLA LOLI


La bella Loli”, es una estrella de otros tiempos. Los años han estropeado su físico y su voz, pero ella no se ha enterado del ultraje, y así, gorda, afónica y desafinada, se empeña en seguir actuando, segura de cosechar el frenético aplauso que la acompañó durante su triunfal carrera.

LA LOLI QUIERE ACTUAR
—¡A ver, a ver...! Abran cancha, que ahí viene el monumento al tocino...! Lolita...! Por aquí, por aquí...
—(Fatigada) ¡Hola, chico!
—(Aparte) ¡Olé los tanques...! (Alto) ¡¡Pase la más grande de las triples, perdón, de las tiples!!
—¡Y que lo digas, chico...! ¡Ay!
—¡Pero qué fatigada viene!
—Como que fui al segundo piso, y no m’han dejao subir por el ascensor.
—¿Por qué?
—Porque dicen que los cables no m’aguantan...
—También, Loli, yo no sé por qué no trata de adelgazar aunque más no sea...ochenta kilos.
—¿Qué voy a perder yo mis encantos? ¡Con éste cuerpo, me llevo tó por delante!
—(Aparte) ¡Sí, sí! ¡Hasta un camión...! (Alto) Pero es que eso se usaba en sus tiempos… años ha.
—¡Oye tú...! ¡Que apenas tengo yo veintinueve!
—¿Sí? ¿No habrá sufrido un ataque de amnesia a los setenta?
—¿Y que con estas formas inspiré al poeta más escelso y más melenudo de España...! ¡Al famoso Serapio Joso!
—Aquel que le dedicó un poema titulado...
—“¡¡Olé tu grasa!!”.
—¿“Ole tu grasa”?
—¡Pa que te enteres...! Y que dice así:
La abundancia de tus carnes,
me enloquece hasta el delirio,
las curvas de tus hechuras,
son mi cruz y mi martirio.
tu cuerpo lleno de rollos,
me persigue hasta dormido,
y cuando sueño con vacas,
es que en ti, Loli, me inspiro.
¡Me muero por tus pedazos!
¡Me perezco por tus kilos...!
¡Hazme un collar con tus brazos,
que en ellos morir ansío...!
—¡Muy bien...! Y en qué quedó eso?
—¡Pues en que le di el gusto, y murió estrangulao...! ¡Porque mira tu qué brazos...!
—(Aparte) ¡P’amasar pan!
—¡Y mira tu qué piernas!
—(Aparte) ¡Pa’pisar uvas!
—¡Y mira tu qué torso...!
—(Aparte) ¡Olé el matambre arrollado...!
—¡Y mira tú que escote...!
—¡Olé los globos cautivos...!
—¿Verdá que estoy de buen ver?
—¡Como para exhibirse en una vidriera...! (Aparte)... con una lechuguita en el hocico...
—Recién, al entrar, me gritó un chusco: “¡Eso es carne, y no lo que mi mujer echa al puchero!”.
—¡Ja! ¡ja! ¡ja! .
—¡Los huesos pa’l perro!
—Loli: hablando de tutti-fruti, es verdad esa historia que cuentan de usted y de un torero…
—Un torero famoso, por mirarme recibió una cornada en un ojo... pero no se inmutó, y siguió mirándome por el aujero del ojo vacío... ¡Ay, que torero...! Otra que Manolete...! ¡Donde toreaba Juanete, que Juanete se llamaba, dejaba el tendal de vacas viudas...!
—¡Olé los guapos...! ¿Y qué fue de él?
—Le mató un toro cobarde, que no conforme con correrlo por toa la plaza, quince cornadas le dio por la espalada!
—¡Pobre Juanete!
—Con pala, le recogieron...
—¡Qué pérdida para la tauromaquia!
—¡Y pa’ las letras...! Era torero, ¡y poeta!
—¿Poeta también?
—¡Oye tú, lo que me dijo este Juanete inflamao de pasión cuando me oyó cantar!
¡No me quita lo valiente,
ni me quita lo cortés,
que te ponga, reverente,
de felpudo, cada vez,
que pisotearme quieras,
este Juanete a tus pies!
—¡Quién no se inspiraría escuchando su voz, Lolita...!
—Por eso me indigna que aquí no se me contrate... Tú sabes que en lo lírico domino to’s los géneros... ¿Conoces tú “El barbero de Sevilla?”
—No, yo me afeito solo.
—¡Digo la opera, guasón...! ¿Quieres que te cante un trozo?
—Un trozo, no una tajadita nada más.
—¡Pues en “El barbero de Sevilla” hacía yo unos calderones tan largos, que al propio barbero le crecía la barba!
—¡Vaya pulmones!
—¡Es que tengo dos pulmones, que parecen tres...! ¡Y unas cuerdas vocales tan poderosas que ya no son cuerdas... son sogas de marinero...!
—(Aparte). ¿Por qué no se ahorcará con ellas...? (Alto) ¡Qué extraordinario...!
—Ahora di me tú, ¿por qué no me quieren contratar en la radiofusora?
—Y… no sé... Tienen todos los espacios ocupados...
—Pero ni siquiera un espacio pequeño...
—¿Un espacio pequeño? Es que en un espacio pequeño usted no va a caber, Lolita...
—¡Anda...! ¿Tú también? ¿Sabes lo que te digo? ¡Que no me contratan porque me tienen envidia! ¡Eso! ¡Envidia! ¡Envidia de mi voz! ¡Envidia de mi figura! ¡Porque “dónde hay gordura, hay hermosura”...! Conque... ¡abur!

LUPE

Lupe, es una mexicana del pueblo, pobre y sufrida. Adora a su marido, haragán, borracho y “pelconero”, al punto de disculpar el trato que de él recibe, arguyendo convencida que... “adonde hay palos, hay cariño”.

MARGARITO PRESO
Animador: —¡Viva México...! ¡Adelante Lupe...! ¡Uy! ¡uy! ¡uy...!
Lupe: —¿Qué húbole mi cuate...? ¿Cómo está su merced?
—¡Pero...! ¡Si hubiera sabido que venía hoy, cargaba mi pistola y la recibía a tiros, a la mexicana...!
—¡Purita fama que nomás tenemos...!
—¿Cómo? ¿No lo traducen todo a tiros? ¿No es cierto aquello de... “¿Cuanto mides tú?” “¡Uno ochenta de alto!” ¡Pum! ¡Pum...! “¡De largo!”.
—¡Ándele...!
—Bueno Lupita ¿cómo estuvo tanto tiempo sin dejarse ver?
—Desgracias que nunca faltan... Mi Margarito, que ha caído preso.
—¿Otra vez? ¡Pero su marido no escarmienta...! ¿Y por qué fue?
—Lo pilló la policía cuando salía del mercado, llevándose una vaca.
—¡Una vaca...! ¿Y cómo se atrevió a llevarse una vaca?
—Ya se lo dijo él al juez: “¡Lo que yo quería era llevarme un güesecito pa’l caldo, pero no me fijé que tenía tanta carne alrededor!”.
—¡Qué barbaridad...! ¿Y cuánto tiempo va a estar a la sombra?
—¡Pos no le sé...! ¡Pobre mi Margarito...! ¡Cómo le extraño sus mimos...!
—¿Sus mimos? ¡Si me han contado que la muele a palos...!
—¡Palos de amor no lastiman!
—¡Y que se lo pasa borracho...! ¡Bebiendo alcohol desde que se levanta...!
—¿Qué va? ¡Si no bebe más de diez litros diarios...! Y eso por receta médica.
—¿Por receta médica?
—¡Sí, siñor...! De los diez médicos que ha consultado, cada uno le ha dicho que puede beber un litro por día, con que saque asté la cuenta...
—¡Ay, ay, ay...! ¡Además es un vago! Se lo pasa panza para arriba todo el día.
—¡Todo el día no, siñor! ¡Nomás la mitá...! La otra mitá, ¡panza para abajo...!
—¿No ve? Ahora me explico por qué no aceptó el puesto de jardinero que le ofrecí!
—¿Dejar-dinero?... Pos cómo le iba a aceptar dejar-dinero, si lo que él quiere es ganarlo?
—Lo cierto es que no agarra viaje con ningún trabajo.
—Bueno, el último tuvo que abandonarlo a causa de la vista.
—¿Qué le pasaba en la vista?
—Que veía puras manchas delante de los ojos.
—¿Y en qué trabajaba?
—En una tintorería.
—¡Buena banana es su Margarito!
—¡Y qué buen padre, pa mis ocho chamacos...! ¡Sacreficado...! Mire nomás, cuando tuvimos al mayor tan malo, nos fuimos a la Basílica, allá en Tepeyac, y allí mi marido, postrado de hinojos, llorando le dijo a la Virgen: “Madrecita de Guadalupe: si me salvas al chamaco, te ofrezco lo mejor de mis frijoles, y mi vaca más gorda, y mi puerco más tierno y mi...”.
—¡Qué generoso...! ¡Toda su hacienda a la Virgen!
—Eso le dije: “¡Ya hombre, ya...! ¡Que le vas a dar todo...!” y me dice: “¡Cállate tonta...! ¡Si nomás la estoy elusionando...!”.
—En fin Lupe, allá usted y su Margarito y sus ocho chamacos. Ocho hijos ¿Pero cuánto tiempo llevan de casados?
—Casados... casados... lo que se dice casados, dos meses.
—¡Válgame Dios...!
—Hace dos meses mi Margarito decedió casarse, pa’ no seguir abusando de mi inocencia. ¡Viera asté que emoción...! Yo, toda vestida de blanco y él todo vestido de fraque...
—¿Alquilados?
—¡Pos si! ¡Y Lupita y Mancho, los mayorcitos, llevándonos las colas!
—Pero... ¿sus hijos también asistieron?
—¡Todititos...! ¡Los ocho...! ¿Cómo no los íbamos a envitar?... ¿Sabe asté, lo orgullosos que estaban los niños, de asistir a la boda de sus padres?
—¡Hay que ver...! Así que están en plena luna de miel.
—¡Y me lo meten preso...! ¿No es una enjusticia? Viera asté cómo está... ¡Más flaco que piojo de peluca!
—¡Le servirá de lección!
—¡Y pelón! Me le han rasurado sus bucles!
—¿Rapado? ¡Mejor! ¡Así no se rascará...! ¿Porque mire que es haragán, eh?
—¿Onde haragán? ¡Sepa asté que allá en México trabajó siete años seguidos en las canteras!
—¿Siete años en las canteras?
—Bueno, debían de ser ocho, pero le rebajaron uno por su buen comportamiento.
—¡Ah, ya sé...! Lo condenaron porque despachó a un tipo de una cuchillada en el abdomen, ¿no? ¡¡Qué bárbaro!!
—¡Cómo que bárbaro...! ¡Es que estaba en la cantina, platicando con un amigo, y tenía un cuchillo en la mano, y como en eso entró la polecía, pos en alguna parte lo tenía que esconder...!
—Conque borracho, rapiña, homicida... Me parece que no le falta nada para...
—¡Basta ya! ¡No sea asté insultativo!
—¡Si yo no insulto! Yo...
—¡Cómo que no! ¡Si me lo está asté ofendiendo!
—Yo sólo digo que...
—¡Puras calumnias!
—Digo que me parece que...
—¿Qué?
—Que me parece...
—(Apuntándole y disparando) Pum! Pum...! ¡Te parecía!


MÓNICA

Mónica es la niña bien, orgullosa de su aristocrática estirpe. “Snob”, acepta todo lo extravagante que la moda y las costumbres imponen y critica y desecha lo común, por plebeyo, vulgar y... “mersa”.

NO ME INTERRUMPAS ¡TARÚPIDO!
Animador: —¡¡Mónica Vedoya Hueyo de Picos Pardos Sunsuet Croston!!
Mónica: —¿Qué onda me estás tirando, loco?
—¿Qué tal? ¿Cómo anda?
—Vengo bien... ¿Me permitís el tubo?
—¿El teléfono? Aquí está.
—¡Porque el de casa es la muerte lenta...! ¡Imbancable...! Uno, tres, (marca). No te preocupés. Te la voy a hacer corta... ¡Ah...! ¡Estoy fundida...! ¿Aló? ¿Meneca? Mónica. ¡Mónica, Meneca...! Con depre... ¿Que si fui al Colón? ¡Pero vos estás demente...! ¡Desde que alquilaron el Colón, no pienso pisarlo en mi vida...! ¿Me asumís? ¡Ofendida no...! ¡Herida...! ¡Herida en lo más profundo de mis aristocráticos sentimientos...! Alquilar ese glorioso escenario, donde hace poco me había deleitado con la ópera ésta... la más italiana de las óperas... “I puri tani” ¡Alquilado...! ¡¡Yo me quedé frappé!! ¡Es como si alquilaran una bóveda en la Recoleta, para enterrar a un pizzero...!
—Mónica.
—Cortála… ¡Aló...! Se... Se... Porsu... ¡Ah, escuchá ésta que es mundial...! ¡Maneco de Alzame Unsueco, tiene un stand en la feria artesanal...! ¡Trabaja en cueros...! ¡No! ¡Vestido...! Trabaja artículos de cuero, viste ¡A mí, me pirran! Una belleza...! Vos sabés que Maneco era la haraganería llevada a la vagancia...! ¡Se ha transformado, y es la actividad llevada al vértigo...! Se ve que los cueros lo han motivado, ¿viste?.. ¿Si estudiaba en la facultad? ¡Estudiaba la manera de pasarlo bien...! ¡Jamás pisó una facultad...! ¡Decía que su ambición era convertirse en río, para seguir el curso sin dejar el lecho...! ¿No te parece genial? ¡Y, ya tiene unos cuantos pirulos...! ¿Carrera? ¡qué va! En la carrera de médico, lo único que le interesaba eran las enfermeras... en la de abogacía, las divorciadas y en la de ingeniería... las minas...
—Mónica, por favor...
—Sí, parate, dos minutos nada más... ¡Aló! Sí, sí, porsu! El padre se hartó y lo echó, viste... ¡Se fue a vivir a un cuchitril de San Telmo, que era la miseria llevada a la roña...! Vivía a puro café, ¿y sabés cómo lo hacía? ¡Se ponía el café sobre el bigote, y le echaba agua por encima...! ¿Para filtrarlo sin tomarse el trabajo, te das cuenta?... ¡No...! Ahora se ha instalado en un sótano, sí, pero es un sótano que está debajo de una calle tan distinguida, que por el tragaluz vos ves pasar los pies de los Panchorena, de las Sudaondo, de los Sudatinta, de los Lastra Morfón, de los Alzame Unsueco ¡el desfile pedestre más aristocrático que se pueda pedir...! Así que ¡está chocho...!
—Bueno, Mónica...
—No seas macaco, ¿querés?... ¡Ah! Meneca ¿tenés algún chimento a nivel social? Pe... Pe... Pero ¡qué me contás con quien se fue a casar Pachacha Pacheco! ¡Qué pareja más despareja! ¡Nada que ver...! Bueno, dicen que ella, después de la boda le dijo: “Debo confesarte una cosa que te he ocultado soy daltónica no distingo los colores” Y él le dice:
“No te preocupés yo también tengo algo que confesarte. Soy negro”. ¡Ja! ¡Ja! ¡Qué divertido! La que se casa es Pirula, con Manucho Parque Lezama... son primos, porque él es Parque Lezama y ella Parque Lezica, ¿viste? ¿Pintón? Manucho es un esperpento...Tiene unas orejas, que son dos guardabarros... Abre la boca, y es una caja de sorpresas, porque vos no sabés si lo que tiene son dientes, porotos o teclas... Es tan horrendo, que luchó como voluntario en Francia, y jamás lo condecoraron, porque no encontraron un general francés que lo quisiera besar... ¿No te parte? ¡Y ella, Pirula, es la fealdad llevada al crimen...! ¡Tan espantosa es, que no la sacan a bailar más que en los bailes de caridad…! ¡Podeme, porque es la pura...! ¡Querida, hay caras que merecen calzones...! Figurate lo que van a ser los hijos, ¿te das cuenta? ¿Me asumís? ¡Y… les pasará lo que a los Sarrasqueta, que son tan feos, tan feos, que al primer hijo tuvieron que tirarlo a la basura...! A pesar de lo cual tuvieron ¡siete...! ¡Horrendos todos...! Tanto, que cuando nació el último, el doctor le dijo al padre: “No insista, Sarrasqueta, por qué no se dedica, mejor al ajedrez?”.
—Mónica, que la tarifa...
—¡Sos imbancable...! ¿Borrate, querés? ¡Aló! ¡Aló...! Nada, este secante... Se quedó mosca. Decime, Meneca: vas mañana a la conferencia de Chifladetti... ¡El famoso psicópata! ¡En el Ateneo de Ciencias Abtrusas...! ¡Haceme pata...! ¡Agendátelo...! Sobre “Psiconeurosis en el morbo del ente anormal...! ¡Interesantísimo...! ¡Cientifiquísimo...! ¡Eruditísimo...! ¡Yo no me lo pierdo...! ¡Haceme pata...! ¿Qué te vas a poner? Yo, pantalones y blusón, para despatarrarme a gusto... y anteojos ahumados, para dormir a pata suelta ¿me asumís? Pero pichona... Con la vida activa que llevo: reuniones, canasta, beneficios, golf, boites, no tengo tiempo ni para dormir... Si no me duermo en los conciertos y en las conferencias, ¿dónde querés que duerma? ¿Sabés que Josefina Camambert se operó la nariz? Porque era tan ñata, que para sostener los anteojos, tenía que sacar la lengua... En cambio a la prima, la de Nasolomgo, que tiene una nariz de tapir, se la quiere acortar, pero el médico le ha dicho: “Yo le puedo sacar un pedazo, pero va a tener que alquilar un camión, para que se lleve los escombros...”.
—Mónica...
—¡Sos más pesado que vaca en brazos...! ¡Aló! ¡Aló...! ¿Filomena? ¡Qué va a refinarse, si es bestia de nacimiento...! ¡Mi prima política...! ¡Yo no sé que le vio Cogoyo a Filomena para casarse...! ¡Bueno, te diré que es tan corto de vista, que para leer, acerca y aleja el papel, como si tocara el trombón...! ¡Ah, hacen una pareja… nada que ver...! porque Filomena es un caball... y Cogoyo es chiquitito... un gurrumín... ¡Él, al lado de su mujer, parece el guardián del monumento...! La gente dice que él se casó por interés... Puede ser...Cogoyo tenía grandes esperanzas en la fortuna de un tío que murió, pero resulta que cuando el abogado reunió a los herederos y abrió el testamento les dijo: “Disculpen, pero ésta es la última voluntad del difunto...” ¡Y les hizo un corte de manga...! ¡¡Y les sacó la lengua!!
—¡Pero Mónica...!
—¡Ya, va! ¡Ya va..
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12/01/2010 08:51:25 pm 
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Continuación:
—¡Ya, va! ¡Ya va...! Meneca, voy a cortar, porque aquí me está verdugueando un moscardón para que deje de hablar... ¡By, querida, by! (Corta). Mirá Fulano... yo a vos, no te deseo la muerte, pero leería con placer tu nota necrológica en la sección Fúnebres...porque hay que ser tarúpido, para no apreciar el honor que significa que te use el tubo, una Vedoya Hueyo de Picos Pardos Sunsuet Crostón. Decime, ¿vos no tenés un apellido de campanillas?
—No. De cascabeles apenas.
—¿No tenés nobles entre tus ascendientes?
—No.
—¿Ni próceres? ¿Ni patricios?
—No. Yo no.
—Entonces sos un vulgar... ¡Un plebeyo...! ¡Un chusma! ¡Un pirujo!


DOÑA CATERINA

Doña Caterina es una inmigrante italiana que, a pesar de los setenta años de permanencia en la Argentina, no se ha aclimatado al país. Es una inadaptada, que añora con nostalgia hasta las privaciones que pasaba en su “píccolo paese”.
Animador: —Y esta viejecita que anda dando vueltas por el estudio... A ver... ¿a quién busca, abuela?
—Al signore... non so... quegli che parla. ¿Do ve? Sono stata de sopra, sono stata de sotto, ma non posso trovarlo.
—¿Qué no puede encontrarlo? ¡Pues aquí lo tiene, abuela! ¡Soy yo!
—¿Da vero?... Uno piccolo, rubio co la boca llena de dientes...
—¡El mismo! ¡Soy yo...! Permítame ¿con quién tengo el gusto de hablar?
—¡Con Caterina Gambastorta de Langanuzzo! (SE DAN LA MANO)
—¡La abuela de Catita...! ¡Encantado de conocerla, Doña Catalina!
—¡Caterina! ¡Catalina e amerecano!
—Bueno, claro, y usted es italiana ¿verdad?
—¿E que viá ser? ¿M’ha visto cara de indias osté?
—(RIENDO) Bueno, ¿y para qué me buscaba, Doña Catalina?
—¡Caterina, prego! Io volebba fare la sua conoscenza, perche m’hano detto que lei viaca a l’Italia.
—Todas las semanas, así es.
—Adesso, io volebba sapere se lei a vedutto en Italia, al mio cuggino.
—¿A su cochino, digo, a su primo? ¿Qué si he visto a su primo en Italia?
—Ecco. Al mio cuggino Giuseppe Gambastorta. ¿Non lo a vedutto?
—¿Giuseppe Gambastorta?... Es un poco difícil... ¡Italia está tan poblada! ¿Dónde vive su primo?
— N’una casa.
—Por supuesto, pero ¿en qué parte? ¿En Roma?
—¡No! ¡In Santo Antonio di Parma!
—¿En San Antonio de Parma? ¡Ah no! ¡Por ahí no he andado...! Y usted ¿qué quería? ¿Que yo le llevara algo de su parte?
—Soltanto une parole, perche io non so scríbere, e adesso non posso comunicarme con lui.
—¡Ah...! ¡Como no sabe escribir, no puede comunicarse y quiere que yo le lleve un mensaje!
—¡Ecco! ¡Póvero Giuseppe...! ¡Sono settanta anni che non se vedeno! ¡Pecato...!
—¡Setenta años sin verse...! Entonces hagamos una cosa, Doña Catalina...
—¡Caterina t’ho detto...!
—Usted me da las señas, le grabamos un video cassette y yo se lo llevo.
—¿Cosa vol dire video cassetta?
—Usted hace una grabación, diciendo lo que quiera, mirando la cámara, y él la va a ver y escuchar, como si estuviera con usted... ¿Capice?
—Eh... ¡Settanta anni che non se vedeno!
—Mientras los muchachos preparan la cámara, nosotros vamos a conversar, ¿eh? Siéntese abuela. No se ponga nerviosa. Así que usted es de San... (SENTÁNDOSE)
—¡Santo Antonio di Parma...!
—No lo conozco. ¿Es un pueblito muy chico?
—¡E un paese! ¡Adelantado! ¡Ma que l’América!
—¿Ah, sí? ¿Tiene muchos habitantes?
—Ciento cincuenta, contando lo del cementerio.
—¿Y grandes edificios? ¿Casas de varias plantas?
—Sí la del Comendatore.
—¿Qué tiene? Planta baja, planta alta...
—¡De tuoto! De planta alta, tine manolia, laurele, rosa... e de planta baca, violeta, marguerita, pensamiento...
—Y dígame, Doña Catalina...
—¡Caterina, corno!
—Perdón... Bueno, ¿qué medios de transporte tienen allá?
—Tenimo burros, tenimo vacas... E la traición a sangre...
—¿Vacas? ¿Y las vacas qué transportan?
—¡Traspórtano la leche...! Perche allá, la leche, de la vaca a la taza... Niente de desinfeccione, ni de patoruzado, perche la vacas allá, sono sana, sensa peste... ¡Hay cada animal sin despreciar a nadie...!
—¡Gracias!
—¡La vaca te dan una leche...! ¡Lo chancho te dan uno chorizo...! ¡Lo caballo te dan una patada...!
—(IMITÁNDOLA) ¡La gallina te dan uno güevo...!
—¡Ecco...! ¡Uno güevos así! ¡Como saran de grandes, que en una docena, non entran mas que siete güevos...!
—¿Y los adelantos? ¿Cuentan con buenos servicios públicos allá?
—No, allá non hay servicio público... Cada casa tiene en el fondo... la let...
—No, no (Cortante). ¡Me refiero a las aguas corrientes! ¿Tienen aguas corrientes?
—¡Uh...! ¡Cuando piove, cuando llueve, corre l’agua que te spaventa...!
—¿Y hospitales?
—A Santo Antonio di Parma, non hay hospedale, perche non hay enfermos.
—¿Tan sana es la gente allí?
—¡Sana e forte come bestias...! ¡Non se mueren nunca...! ¡Pa poder inaugurare el cementerio, tuvieron que matar a un turista!
—Y en ese “adelantado” San Antonio ¿hay muchas escuelas?
—¿Pa que precisamo scuola?
—Para aprender a leer, a escribir...
—¡No te hace falta...! Io non leggo ne scribo, tengo ottanta nueve anni, e guarda come stoy. Me máncano lo diente, nada mas.
—¡Ah! ¿Le faltan los dientes? Pues si hubiera ido a la escuela, habría aprendido a
cuidárselos y ahora los tendría!
—¿Pa qué? Pa mangiarse la pasta asciutta, non t’hace farta lo diente!
—¿Pero para la carne? Un buen bifecito de ternera...
—¡Ma che ternera...! ¡Io non te como animale ma grande que yo!
—Pero entonces ¿de que se alimenta, abuela? De “pulenta con pacaritos”?
—¡Aquí non hay pacaritos! ¡Sono todo pacarones...!
—En fin, nada le gusta de América a usted... Y sin embargo tiene ¿cuántos nietos americanos?
—Treinta e cinque...
—¿Nacidos aquí? ¡Pues es para estar agradecida!
—¿De qué? Si hubieran nacido en Italia, seríano settanta, perche allá la quente non pierde el tiempo, ¿sabé?
—Y cómo es que siendo tan prolíficos, en su pueblo no hay más que ciento
cincuenta habitantes... ¿por qué tan pocos?... ¿No se casa la gente allá?
—No. Non se casa.
—Con razón la población no aumenta.
—No. Non aumenta: sempre e lo stesso número: cento cincuenta... perche cada vez que nace un chico, alguno se va del pueblo.
—Bueno abuela. Dicen los muchachos que ya está lista para hacer la grabación. Puede enviar el mensaje a su primo Giuseppe.
—¡Ay...! Sono nervosa de parlare col mio cuggino... Sento na cosa quí, n’el cuore...(suspira)
—¿Se ha emocionado?...
—Da pensare que vado parlare col mio cuggino que esta n’Italia... (llorando). Sono settanta anni che non se vedemo...
—Bueno, cálmese abuela... Piense en la alegría que le va a dar... Mire por aquí.
—(conteniendo el llanto) ¿Al ojero?
—Sí, y haga de cuenta que lo está viendo... La dejo (SE VA)
—¡Ei! ¡Giuseppe…! Sono Caterina, la tua cuggina chi parla (en transición violenta y a gritos). ¡Senti quello che voglio dirte! Pietro Fioritti, e venuto d’Italia, e m’a detto che tu stai parlando peste di me...! ¡Caluñandome davanti a tutto il popolo...! ¡Che sono na vechia meledetta, una amarrete, che o fatto l’América, che stoy podrida en plata, e me son dimenticato de mi pariente de Santo Antonio, e non o enviato un po de denaro, ne un centavos alla familia! ¿Qui t’ha detto che sono miglionaria? ¡Bugiardo! ¡Menteroso! ¡Cretino...! ¡Avette la lingua lunga...! ¡Chiachierone...! ¡Avette la lingua lunga! ¡Taccere la bocca, se non volette che te haga tragare la lingua...! ¡Schifoso...! ¡Senzavergogna...! ¡Parco...! ¡Ranfañoso...! ¡Eh!
—(VOLVIENDO ALARMADO) Pero ¿qué pasa, abuela? ¿Qué pasa?
—Grazie... Ya tengo el peso fuera... ora sono tranquila.

Textos extraídos del libro Mis Memorias de Niní Marshall


12/01/2010 09:22:31 pm 
           2                           
Una genia total!!!
Yo particularmente tengo varias de sus películas y hasta subtitulé algunas para hipoacúsicos y las subí a SubDivx.
Hoy no hay nadie que le llegue a los talones.



12/01/2010 10:46:07 pm 
           0                           
Anónimo


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Absolutamente genial . De vez en cuando Volver ha hecho ciclos con ellas incluyendo Y se nos fue de repente.
Acá dejo un fragmento radial junto a Juan Carlos Thorry




Y en este canal: Planetanuestro
se puede ver Y se nos fue...completo
Dejo la primera parte:





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